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Viernes, 7 de octubre de 2005

INUTILíSIMO

Geishas o sirenas de sedosas cabelleras

Hubo una época, durante la era Heian (749-1185), en que las mujeres japonesas llevaban el cabello largo hasta el suelo, luciente como hebras de seda gracias a sustancias naturales hoy lamentablemente relegadas. Así lo afirma el manual Secrete Orientali, Bellezza & Salute, edición italiana supervisada por Marilena Malinverni. El negro pelo de las damas era lavado con algas, aceite de camelia, huevo, salvado de arroz, polvo de fideos y otras sustancias tan nutritivas para su ingesta como para cuidar las femeninas melenas. Luego del último enjuague se procedía a un masaje con cremas y extractos de plantas. Estos elementos, según parece, conciliaban a la perfección las funciones de purificación y protección, previniendo la debilidad y caída de las largas crenchas.

En general, el masaje debe durar unos cinco minutos y se realiza efectuando suficiente presión con los pulgares y haciendo pequeños movimientos circulares: mucho ojo, hay que mover el cuero cabelludo, ¡no los dedos!

He aquí algunos tratamientos curativos para aplicar en caso de excesiva fragilidad o pérdida de cabellos: los jugos del ajo y la cebolla deben emplearse cotidianamente durante dos o tres meses, si se quieren apreciar resultados palpables. Se recomienda calentar primero el cuero cabelludo con el secador eléctrico para abrir los poros y así aumentar la eficacia del tratamiento, antes de aplicar los olorosos jugos. Los aceites de sésamo y camelia, de fragancias más suaves, se aconsejan también para este tipo de cura. El aceite de ricino, de óptimas consecuencias asimismo, se puede mezclar con Shoku, típica bebida destilada japonesa, reemplazable por vodka.

Pero seguramente el champú que más interesará a nuestras lectoras es el que, según la leyenda, usaban las sirenas para mantener en forma sus exuberantes pelambres (que, a falta de corpiño, tapaban sus pechos). Esta mezcla se prepara con un puñado de algas violetas secas que se colocan en una olla enlozada con tres tazas de agua mineral. Llevar el mejunje al fuego hasta que rompa el hervor. Dejar enfriar y filtrar. Aplicar sobre el pelo húmedo y masajear hasta las puntas, dejar actuar veinte minutos. Después de enjuagar cuidadosamente, echar sobre el cabello un cuarto litro de agua mineral batida con una cucharada de aceite de arroz para así eliminar el olor de mar. El cabello tratado de esta guisa quedará resplandeciente, satinado al tacto y dócil al peine. Y no abriguen temores de ninguna especie porque de la cintura para abajo nada ha de cambiar en vuestros cuerpos, ni una escama ha de brotarles, mucho menos una cola de pescado como la de las hijas del dios de río Aqueloo. Sólo vuestra cabellera será de auténtica sirena y con ella podréis encantar a vuestros legítimos Ulises. Lo de cantar o no para hechizarlos va por cuenta y riesgo de cada una.

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