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Viernes, 6 de octubre de 2006

INUTILíSIMO

Mucho ojo a las cejas

Entre los temas fundamentales de belleza (física, naturalmente), que las mujeres no debemos tratar a la ligera bajo ningún concepto, está el de las cejas, porque “si los ojos son el espejo del alma y la luz de la cara”, esas líneas sobresalientes de pelitos “pueden realzar o amortiguar la hermosura de los ojos, subrayar o alterar la expresión”. Para saber a ciencia cierta cómo proceder con esa parte de nuestro rostro, seguimos apelando a la colección Femirama de los años ‘60, fuente de toda sabiduría para resolver la acuciante problemática estética de la feminidad. Así nos enteramos, por caso, de que este rasgo no cumple únicamente una función decorativa, puesto que “las cejas protegen los ojos de la transpiración de la frente”.

He aquí el sistema ideal para cuidar las cejas: en primer término, tener a mano un espejo con aumento, un cepillito, vaselina o una gota de aceite de ricino y un lápiz muy blando. Apoyar el espejo a la altura necesaria, tomar el lápiz y trazar, a partir del ángulo interior del ojo, una línea perpendicular a la ceja: “El punto de encuentro entre ésta y la raya indica con exactitud dónde debe comenzar la ceja para ser perfecta”. Con ese dato, es posible empezar a modelar el arco de esta guisa: extender un poco de materia grasa sobre el cepillo y peinar las cejas siguiendo la dirección natural. Luego hacerlo a contrapelo, y a continuación hacia arriba. Cuando la mayoría de los pelos se vuelven a colocar por sí mismos siguiendo una línea armoniosa, deslizar la punta del cepillito por el margen superior de la ceja, determinando una línea ideal. Llegó el momento de comenzar la “operación pinzas”, es decir, extirpar los pelos superfluos, los rebeldes que no volvieron a su cauce.

Para depilar la zona interna, el procedimiento es idéntico al anterior, aunque conviene dibujar con el lápiz el arco en la zona inferior. De nuevo arrancar todos los pelillos que estén fuera de la línea de demarcación, tirando enérgicamente de abajo hacia arriba. Cuando se concluye, las cejas están listan para ser maquilladas con lápiz marrón o gris para las rubias, más oscuro para las morochas y castañas. Trazar pequeñas señales para llenar los espacios vacíos y alargar la parte terminal. Luego difuminar las señales para que se confundan con los pelillos auténticos.

Femirama nos enseña también lo que no hay que hacer jamás con las cejas: afeitarlas, aunque nos parezca una solución rápida y efectiva en primera instancia; tampoco conviene depilarlas en demasía porque, si quedan muy finas, “envejecen, endurecen la mirada, dan un aire apergaminado y artificial, empequeñecen los ojos”; hay que evitar las cejas en línea recta o inclinadas hacia abajo “porque dan una expresión poco inteligente”, pero tampoco hay que portar cejas excesivamente gruesas ni muy marcadas por el lápiz, ya que “confieren un aire ceñudo que no inspira ninguna simpatía”. Para tener las cejas soñadas, nos encamina Femirama, “hemos de probar, hacer experiencias y educar nuestro gusto, hasta el punto de saber elegir inmediatamente y con toda seguridad el arreglo que más nos conviene”. Entonces, sólo entonces, en nuestro fuero interno nos podremos considerar doctoradas en arreglo facial.

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