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Viernes, 6 de octubre de 2006

ABRAN CANCHA

La venta en los ojos

 Por Luciana Peker

La nena es una nena. Una nena linda. Más que linda, traviesa. Tiene pelo largo de protestar por el tirón del cepillo y divertirse enredándose con el viento y dejándose enredar. Tiene pelo barrilete y sonrisa de picardía. Tiene cara de vida, esa nena.

Es raro ver una nena así en una propaganda. Pero mucho más raro es ver una nena en movimiento. Pero mucho más raro es ver una nena al lado de una pelota de fútbol. No viendo fútbol por la tele. Jugando, jugando al fútbol.

Es raro. Y más raro es que esa nena no esté –ni la publicidad diga que debe estar– blanca impoluta desde el delantal hasta la planta de los pies, sino que, por el contrario, la publicidad proponga que se tiene que embarrar, manchar, tirar, jugar. Jugarse. Que para limpiar están los jabones en polvo. Y para ensuciarse, para ensuciarse, están las nenas.

Desde el año pasado que –en sintonía con estudios pediátricos a favor de espantar la sobredosis de aseo– Ala desbarrancó el mito de que para vender limpieza hay que proponer limpieza. En una jugada distinta, la marca se convirtió en impulsora de que los pibes y pibas vuelvan a embarrarse, enchastrarse, arrastrarse, enmarañarse, a vivir sin el formol de la sociedad que los convierte en fashion victims de ropa canchera que hay que cuidar más que a la infancia.

Sin embargo, es más fácil mostrar a un chico que vuelve sucio y con mal olor –algo que se evidencia por la nariz fruncida de la mamá– para ayudar a un gato o que salva a una nena trepando por piedras (con el lema de que la suciedad enseña a cuidar a los demás) que mostrar a una nena demoliendo el mito rosa de las flores y los volados. El año pasado, la campaña sucia del jabón en polvo ya había puesto a una protagonista en sus avisos: una niña que se caía de la bicicleta para terror de la mamá que, a pesar del miedo a que su hijita se lastime, finalmente comprendía que de las caídas también se aprende. Pero, hasta ahí, nada demasiado nuevo en el arte de colgar los trapitos al sol.

En cambio, la generación 2006 de avisos de Ala –enfocada en promover que los chicos/as transpiren la camiseta a través del deporte– hace un salto que –esta vez– sí es innovador a través de una campaña donde una nena pregunta: “¿entrenas conmigo?”

La promoción al deporte infantil femenino ya es fuera de lo común. Pero, además, corre el mito de que todas somos leonas y no apela –no sólo– a los palos de hockey o la pelota de voley o la gimnasia con cintas o el nado sincronizado, sino que muestra a una nena al lado de una pelota de fútbol. Por una vez, un gol publicitario para que las nenas tengan más cancha para jugar, entrenar, divertirse, transpirar y pelotear.

Por una vez, la publicidad hizo un gol para que la igualdad empiece de abajo.

Ahí, justo ahí, donde la argentinidad se hace poder: a los pies de la pelota.

Una nena y una pelota.

Linda, la nena. Linda, la pelota

¡Pasala!

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