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Viernes, 18 de octubre de 2002

TALK SHOW

Destino: La Argentina

 Por Moira Soto

Eran más de cien familias judías las que llegaron de Rusia en agosto de 1889, sustrayéndose así a la creciente persecución del régimen zarista de Alejandro III. Llegaron después de un largo viaje en vapor, durante el cual las esperanzas de afincarse en una tierra más indulgente seguramente no calmaban la pesadumbre, el sentimiento de desarraigo y desposesión de grandes y chicos. Más de cien familias llegaban, entonces, a esa Argentina que algunas décadas después seria llamada “crisol de razas” en la escuela, donde nos hacían creer que habíamos recibido con los brazos abiertos a todos los inmigrantes de buena voluntad, como si aquí jamás hubiese existido hacia ellos ni una sombra de prejuicio... Por no decir racismo, con todas las letras: en esta tierra de generosa acogida que nos pintaban manuales y maestras/os, dos años después de la llegada de ese primer contingente de judías/os, Julián Martel daba a conocer su novela La Bolsa –editada por La Nación– e inspirada en la crisis de fines de los ‘80. En ese relato –que abrevaba en La France Juive (1886), de Edouard de Drummond, crónica contra los banqueros de origen judío–, Martel adjudica el crac bursátil a los emisarios de los Rotschild, dispuestos a perjudicar a la Argentina haciendo quebrar la Bolsa y, desde luego, quedándose con el oro... Si bien, en general, nuestro país era menos discriminador que la Rusia que venían de dejar los pasajeros del vapor “Wasser”, y ciertamente no escaseaban habitantes francamente tolerantes, existía un flagrante antisemitismo en la clase alta y en representantes de la Iglesia.
Esas familias que llegaron a esta presunta tierra de promisión son recordadas con delicadeza y emoción en el documental Legado, escrito y dirigido por Vivian Imar y Marcelo Trotta, quienes trabajaron con materiales de archivo (entre los cuales figura la clásica foto de la inmigrante con su hato de mínimas pertenencias y su expresión de absoluta orfandad, que ilustra la columna), evocadoras imágenes creadas especialmente y el testimonio de antiguos colonos. El film tiene una narradora, la abuela de Esther, la mujer joven que toma la palabra en los últimos tramos. Aquella chica que subió al barco después de despedirse de su casa, de sus cosas, acaso para siempre, percibiendo la zozobra de su madre y su padre. A bordo, una suma de congojas que los chicos con sus juegos intentaban soslayar. Sin idealizaciones y sin demagogia, Legado logra hasta cierto punto ponernos en la piel de esas/os inmigrantes a su pesar que después de una tensa travesía llegaron a comarcas desconocidas, fueron a parar durante interminables días al hotel correspondiente cuando se enteraron de que los supuestos terrenos que les habían vendido ya no estaban disponibles... Finalmente, los mandan a buscar y una caravana de carros parte lentamente hacia el interior, hasta llegar a un paisaje decepcionante, sin casas ni animales.
Los primeros tiempos son durísimos, los inmigrantes apenas cobijados en vagones de tren piden limosna y deben hacer frente a una epidemia que les quita la vida a más de 60 chicos, entre ellos el hermanito de la narradora, al que le colocan una lata vacía de querosén como lápida... Con la aparición de un tal Wilhem Lowentahl, las dificultades se van amainando, los grupos familiares son trasladados a pueblos cercanos, luego comienzan a fundarse las colonias, a brotar los sembrados, a llegar las vacas, a recolectarse las cosechas superando sequías, inundaciones, mangas de langostas... Así lo relatan las/os entrevistadas/os. Se organizan las poblaciones con sus sinagogas, escuelas, hospitales, cementerios, almacenes, baños rituales... Vera Zajaroff, Olga Kiper, Fanny Trumper,Palmira Stein, le sacan brillo a sus recuerdos, a la memoria de sus perseverantes padres, a la idea de preservar una cultura y a la vez adaptarse y volverse –algunos– gauchos judíos... Cada lugar tiene también su biblioteca, sus grupos teatrales, se recibe la visita de intelectuales y artistas como Samuel Eichelbaum, César Tiempo, Berta Singerman. Memorias desgranadas por estas/os pioneras/os con sencillez y sentimiento, eficazmente reflejados por Imar y Trotta en este merecidísimo homenaje.

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