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Viernes, 8 de enero de 2016

La maestra de ballet

 Por Patricia Baca Urquiza*

Las maestras de ballet como Aurora no solo enseñan a bailar, sino que dan herramientas muy valiosas para la vida. La conocí en Varna, Bulgaria, y tomando sus clases cada mañana me cautivó. Charlábamos y ella me contaba de sus grandes giras, primeras figuras y escenarios llenos de aplausos. Declaraciones de amor, dolores de rodillas, operaciones, clases y ensayos.

Aurora es una joya del Ballet Cubano, así la llaman allá, y un gran referente en el mundo. Pero además de ser un artista inolvidable, es una mujer con un corazón de oro. Jamás critica a una colega. Mira a los alumnxs con amor y exigencia. Corrige según la contextura física de cada unx. Así, todxs tenemos lugar en la danza.

No es la primera vez que me encuentro con esta gran maestra y me deja pensando. Se casó con su gran amor, todavía habla de él, el amor de toda la vida.

Tiene una manera muy dulce de explicar en sus clases. Enseña a cuidar el cuerpo, a precalentarlo, a estar atentxs, a no exigir sobre el dolor. Enseña a escucharlo porque es nuestro único instrumento para bailar.

Despliega la disciplina de la danza en cada acto que realiza. Llega antes a las clases, planifica su agenda y consulta por posibles cambios de horarios. Sin embargo, cuando algo se cambia a último momento, ella con su sonrisa y flexibilidad admirable, admite modificaciones.

Nunca grita, siempre utiliza palabras respetuosas para corregir y lo puede hacer en varios idiomas. Su autoridad se planta apenas la vemos. Así es Aurora Bosch, la gran Joya Cubana.

Cuando estábamos por estrenar nuestra obra Quereme así… piantao, junto con Maximiliano Guerra y el Ballet del Mercosur, la invitamos a ver un ensayo para saber su opinión, teniendo en cuenta que es un homenaje a Horacio Ferrer, a quien ella no conocía. Terminó el ensayo, y la vimos lagrimear debajo de sus grandes anteojos. Algo la movilizó mucho. Cuando me acerqué a preguntarle me dijo: “Patricia, qué hermosa obra, ustedes hablan del amor, de Lulú y Horacio. Y pienso en mí, y en mi marido.” El amor en la edad adulta es algo muy tierno. Quiso saber más sobre Ferrer, investigó, estudió, y otra vez me maravilló su alma inquieta y curiosa. ¡Qué hermoso seguir buscando, seguir aprendiendo! Cuando tenía que armar un personaje, el Cisne negro por ejemplo, pedía ayuda a una directora teatral. Esa humildad y apertura para pedir ayuda y consultar es un gran ejemplo.

En otra ocasión hablamos de su niñez, de su amor por la danza, que despertó muy temprano. Se sumergía en el mundo del ballet para no sufrir el mundo real. Solo pensaba en bailar, me decía.

Aurora es una mujer que puede estar dando clases a cien personas en Bulgaria y también puede estar en tu living tomando un café con el mismo carisma y la misma calma que la caracteriza. Escucha con atención, piensa antes de contestar, no es atolondrada. Es paciente y sabia. Me puedo pasar horas charlando con ella de ballet, de su querida Cuba, de las giras, del amor, de Alicia Alonso. Aurora es una mujer con una riqueza interior inmensa. Es una gran mujer que todavía me enseña, en la sala de ensayo y tomando un café.

* Bailarina.

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AURORA EN EL ESCENARIO JUNTO A LAS “CUATRO JOYAS” DEL BALLET CUBANO
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