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Viernes, 18 de mayo de 2012

“Yo quiero un beso, quiero un beso...”

 Por Maria Laura Pardo *

Es lo que según DJ Memo le decía la nena de 13 años en la famosa Trafic de los llamados Wachiturros. Así lo narraba en el programa Pasión de Sábado, que, en apoyo del joven, pidió prudencia y acusó a ciertos sectores de la sociedad por “poner la lupa sobre la movida tropical cuando ocurre un hecho de estas características”. También se sostuvo en ese envío televisivo: “Esta música suele ser el único camino para dejar atrás la marginalidad y la desesperanza de chicos y chicas que sueñan con triunfar”.

Es cierto que muchos grupos musicales o cierta música como la cumbia o la llamada “movida tropical” son muchas veces estigmatizadas, pero un caso no implica una generalidad.

Por otra parte, Nazarena Vélez aportaba otros comentarios prejuiciosos. Entrevistada por Jorge Rial y Luis Ventura, aseguraba que a su ex marido Daniel Agostini una nena de 10 años le escribió una carta en la que le decía que quería perder la virginidad con él. Y añade: “Las nenas son tremendas. Le sacan el boxer para ver qué boxer usa. Quiero ser muy cautelosa con las palabras. Las nenas se regalan”.

Bueno, si quería ser cuidadosa, no lo fue precisamente... Es que en el imaginario social los jóvenes ligados a la cumbia son delincuentes y las menores son mujeres que están ávidas de sexo desenfrenado. Además, ya no parecen niñas: físicamente son muy desarrolladas, se visten provocativamente. Estas afirmaciones aparecen expresadas en los comentarios de los videos de YouTube, en los de los diarios, en los decires de quienes son entrevistados. Lo que no se entiende, lo que parece no comprenderse es que una menor es una menor, más allá de su vestimenta, de su cuerpo, de sus acciones. Una nena no es responsable de sus actos. No importan las palabras, ni las explicaciones, ni las opiniones. Si pasó, esto es un delito grave.

Preguntarse por la responsabilidad de los padres es válido, pero de igual modo habría que preguntarse por los padres de DJ Memo cuando era menor y por qué robó. En ambos casos, pareciera haber una ausencia de lo que implica el rol de padres. Algo que recorre demasiadas veces las escenas de estos y otros episodios.

El se preocupa por cómo quedará su apellido ahora mientras es consciente de que está bajo lo que se denomina probation. Pero por ser famoso, también goza de ciertos beneficios. Así como dedicarse a la cumbia lo perjudica, su fama parece garantizarla un amor incondicional por parte de algunas de sus fans. Muchachas que, en lugar de colocarse del lado de la presunta víctima, desestiman todo hecho en favor de su ídolo.

Su novia, Jeanette Galker, de 20 años, actúa de forma similar y afirma: “¡Siempre lo voy a cuidar! Sé que es una hermosa persona, incapaz de abusar de alguien. No existió ni siquiera el intento de abuso. Y su causa anterior ya la cumplió, y hoy es un hombre con todas las letras”.

Por qué los menores necesitan de ídolos o líderes es algo que se ha discutido demasiadas veces. Sabemos que en la pre y en la adolescencia necesitan de referentes externos a la familia con quienes poder identificarse. Por qué estas figuras admiradas suelen ser, casi exclusivamente, miembros del mundo del espectáculo o el deporte, en lugar de científicos, escritores, artistas, habla mucho de nosotros como sociedad. Sin embargo, la música es también un buen espacio para mirarse. Estos nuevos géneros y estos nuevos cantantes reflejan realidades con las que ciertos sectores se sienten muy identificados, porque sus canciones relatan vivencias de una marginalidad con la que conviven diariamente. Y esto no es malo en sí mismo, es malo que ésta sea la realidad que hay que narrar, porque nadie debe ser marginado.

De igual manera, una nena, más allá de su entorno, de sus preferencias, no deja de ser una nena. Y un mayor debe siempre cuidar al menor, incluso si para ello debe ir en contra de los deseos del menor. No hay escapatoria, no hay duda, si pasó, esto es un abuso.

*Profesora de Análisis de los Lenguajes de los medios de comunicación (UBA).

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