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Lunes, 12 de abril de 2004

FúTBOL › DERROTO 3-0 A CHICAGO EN MATADEROS

Vélez ganó el clásico y se mete en la pelea del título

Con la victoria, el equipo de Liniers suma 17 puntos y quedó a sólo tres unidades de Talleres y Boca. Sin haber producido un fútbol de alto vuelo, se las ingenió para golpear en los momentos clave. Hubo agresiones de plateístas de Chicago a periodistas que siguen la campaña velezana.

Por Daniel Guiñazu

Vélez le aplicó a Chicago tres golpes dolorosos. Mucho se hará sentir este 0-3 por Mataderos porque era un clásico lo que estaba en juego, porque la cancha fue un volcán de sentimientos y porque una victoria hubiera sido un estimulante esencial en la lucha de los verdinegros para quedarse en Primera. Pero no. Todo le salió al revés. Y al ardor que produjo la derrota como local se sumó una preocupación más que lógica: jugando así, Chicago no tiene destino de domingo.
Lo más grave de todo para Chicago fue que Vélez le sacó tres goles de diferencia sin haber producido nunca un fútbol de gran escala. Los merecimientos del equipo de Ischia resultaron sencillos: orden, un trato más armónico de la pelota y oportunismo para convertir en los momentos clave: se puso 1-0 con el primer corner de la tarde (cabeceó Valdemarín, falló De Olivera y Fuentes, también de cabeza, la mandó a la red) y 2-0 (Zárate, desde afuera del área, lo tomó adelantado al arquero) cuando peor estaba haciendo las cosas y más empujaba Chicago en busca del empate. El 3-0 (centro de Bravo desde la izquierda y cabezazo de Gracián entrando solo) llegó como bonus-track mientras algunos (pocos) plateístas verdinegros se sacaban la frustración de encima agrediendo a los periodistas de programas partidarios de Vélez que hacían su trabajo al aire libre.
¿Qué hizo de mal Chicago? Para algunos, los jugadores no tuvieron actitud ganadora, entrega, coraje. Pero lo que verdaderamente faltó fue lo que de Passarella en adelante se ha dado en llamar “volumen de juego”. Madelón puso cuatro volantes en línea, dos para recuperar (Serrano y Cavallo) y otros dos (Elvio Martínez y Kmet) para darle salida al equipo por los costados. Y éstos fracasaron siempre: no se metieron en el clima del partido, estuvieron imprecisos en los pases y no abastecieron a Tilger y a Mandra como lo necesitaban para abrir a Vélez en el fondo. En el segundo tiempo, entró Carranza por Martínez para jugar indistintamente como enganche o como tercer delantero por la derecha, Testa y Jara subieron lo más que pudieron por sus laterales, pero no hubo arreglo: Chicago casi que no lo pudo rozar a Peratta.
En cambio, Vélez tuvo casi siempre todo bajo control. A diferencia de Chicago, funcionó como un equipo y no como un cúmulo de voluntades dispersas. De Souza, Fuentes y Pellegrino alcanzaron para que Mandra y Tilger no inquietaran, Ladino, Somoza, Bustos y Jonás Gutiérrez fueron más que suficientes para trabar a Chicago en el medio y para tener la pelota, y Batalla estuvo astuto para meterse atrás de Serrano y Cavallo y hacer jugar a Zárate y Valdemarín. Hubo un rato, allá por el segundo tiempo, en que el equipo quedó largo en la cancha, partido y los volantes, perdidos. Pero Ischia solucionó todo poniéndolos a Bravo y a Gracián. Con el gol de Zárate, ya no hubo forma de que el resultado se le escapase a Vélez. El de Gracián sólo subrayó una superioridad serena mientras la tarde de Chicago se llenaba de negros presagios.

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Todo Vélez celebra con Fabricio Fuentes, autor del primer gol.
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