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Lunes, 17 de noviembre de 2008

NOVAK DJOKOVIC, GANADOR DEL MASTERS DE SHANGHAI

La tercera posición

El mundo del tenis ya no es sólo Nadal o Federer. Por apenas diez puntos, el serbio no le arrebató el segundo lugar del ranking al suizo. “Tengo la calidad para ser el número 1 del mundo”, opina.

 Por Daniel García Marco

Desde Shanghai

El serbio Novak Djokovic es la tercera vía del tenis actual, la alternativa más firme en un circuito que vivía polarizado por la rivalidad dual entre el español Rafael Nadal y el suizo Roger Federer. Con su título en el Masters de Shanghai, tras vencer 6-1, 7-5 al ruso Nikolai Davydenko en una hora y 42 minutos, demostró que es algo más que el número tres del mundo por segundo año consecutivo. Por apenas diez puntos no terminará delante de Federer en el ranking.

El serbio cierra la temporada como la empezó, con un gran título, el undécimo de su carrera. Ganó su primer Grand Slam en enero, en Australia, agregó Indian Wells y Roma y, seis meses después del trofeo en Italia, volvió a levantar una copa. “Por el nivel de los jugadores yo situaría el Masters a la altura de un Grand Slam”, señaló.

Ya venció al suizo en las semifinales del Abierto de Australia para celebrar su primer Grand Slam. Ya superó en cuatro ocasiones a Nadal, número uno del mundo. “Puedo ser número uno, pero la temporada es larga, con muchos jugadores peleando por el mismo puesto. Hay muchos jugadores, ya no es cosa de dos –dijo el serbio de 21 años–. Tengo la calidad para serlo y es el objetivo en los próximos años, pero sé que prestar demasiada atención a los rankings no es lo mejor. Quiero mejorar mi juego y hay espacio para la mejora. Quiero que mi nombre esté al mayor nivel posible”, señaló sin esconder esa ambición a veces tan mal vista.

Pero Djokovic también es la alternativa en otros aspectos. Ante dos hombres de distinto y complementario carisma como Federer y Nadal, el serbio ha encontrado su nicho. A la frescura del español y la elegancia cercana a la perfección del suizo, él opone un carácter controvertido, locuaz, directo, vanidoso, un atractivo que se ha dejado sentir en Shanghai, donde fue el jugador más popular y el que ha despertado más pasiones entre las jóvenes, las mayores consumidoras de tenis en el mundo.

“No había vivido nunca nada semejante como lo de cada noche cuando llegaba al hotel. Había fans que esperaban 20 horas para verme y darme regalos”, agradeció ayer. Después del título, lanzó las raquetas al público, la muñequera, y su camiseta ante una enfervorizada hinchada.

En la ceremonia hizo tocar la bocina del coche que recibió de regalo y cantó “Thank you, Thank you” (gracias, gracias) al mismo ritmo que fanáticos con banderas serbias le aclamaban “Nole, Nole”, su apodo. Y es que Djokovic se siente ante el micrófono tan cómodo como con una raqueta en la mano.

En un circuito hiperprofesionalizado en el que pocos se salen del guión, Djokovic es la figura más parecida a leyendas que atrayeron más allá de la cancha, como John McEnroe o Jimmy Connors. No rehúye ningún tema, atiende con educación y da respuestas incisivas. Su imagen es el resultado de una campaña de relaciones públicas casi perfecta. Al terminar la final lució el logotipo de la línea de ropa propia que estrenará en 2009 con ayuda de la firma que lo viste.

Por otro lado, sus imitaciones y sus lesiones –fingidas para muchos– le granjearon enemigos entre sus compañeros.

En su box en Shanghai estuvo su novia, a la que definió como “Miss Universo”, zanjando así los rumores que lo han vinculado incluso con la tenista rusa Maria Sharapova.

Y es que “Nole” demostró ya carácter desde pequeño. Se rebeló ante su padre y prefirió la raqueta a los esquíes pese a que su progenitor, ex esquiador profesional, lo quiso orientar hacia la nieve o el fútbol.

Pero su pasión se impuso y guió también a sus hermanos Djordjie y Marko a optar por el tenis. Empezó a jugar a los cuatro años y ya no lo dejó. El gurú croata Niki Pilic lo pulió en M’nich, adonde llegó con 14 años. A los 16 hizo su debut profesional.

Una desviación en el tabique nasal hizo retrasar su eclosión. Se operó, dejó de respirar por la boca y de ahogarse en los puntos largos y los resultados no tardaron en llegar.

Es el detonante, junto a Jelena Jankovic, Ana Ivanovic y Nenad Zimonjic –número uno del mundo en dobles, tras ganar ayer el Masters con su compañero, el canadiense Daniel Nestor–, de un “boom” del tenis en Serbia, donde es un dios y el artífice de que Belgrado tenga el próximo año un torneo ATP. Ya nadie recuerda los coqueteos británicos para darle un pasaporte para que jugara la Copa Davis con la bandera de la Union Jack.

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