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Lunes, 23 de junio de 2003

EL YERBATERO GONZALEZ SE CEBO EN LA VICTORIA DE TALLERES

Tres amargos para Boca

Notable triunfo del equipo de Pastoriza en su mejor partido del año. Liquidó a Boca en media hora y después lo controló. Un espectacular Yerbatero González y La Paglia fueron las figuras. El Boca “muletto” no hizo nunca pie y Bianchi –a cuatro puntos de River y con seis en juego– se quedó demasiado lejos en la lucha por el título.

Cuando se jugaban 47 minutos del segundo, en el descuento y con la tribuna encendida de azul y blanco, el Yerbatero Claudio González recibió en territorio de Boca por izquierda, cansado, agotado de tanto picar y gambetear y, a tres o cuatro metros del borde del área miró el arco. Entonces vio a Caballero adelantado, le tiró sin dudar –no dudó en toda la tarde– y la puso allá, justísima, bombeada sobre el segundo palo. La pelota voló y dio en el travesaño cuando el manotazo del maltratado arquerito de Boca no había llegado. No entró, claro: era el moño para poder ponerle 10 al delantero, figura excepcional del partido y partícipe en todos los goles. Con esa imagen –aunque se jugó un ratito más– se cerró el partido, se cerró el campeonato para Boca y se abrió la esperanza de la supervivencia en Primera del equipo conducido por Pastoriza.
Ayer, por tercera vez en pocas semanas –primero ante River, después ante Arsenal–, Boca quedó rápidamente abajo en el marcador por dos goles de diferencia en el primer tiempo y después de esa desventaja se planteó, sobre todo en las expectativas de sus hinchas, la posibilidad heroica de la remontada. En los dos primeros casos le había servido para empatar. Ayer, en Córdoba, donde perdió gran parte por no decir todas las posibilidades de aspirar al título del Clausura, no le alcanzó ni para el amague. No llegó ni a asustar a los inspirados cordobeses que, además de una notable disposición anímica e inteligente planteo táctico, tuvieron para desequilibrar la figura notable del Yerbatero Claudio González, el dueño de la pelota y del partido.
Nada mejor o más claro que contar los goles para demostrarlo. A los cinco, bien echado a la derecha, se le escapó (ya a esa altura) una vez más a Calvo y compañía –Boca perdió siempre por allí, obligando a Schiavi a cruzar– y puso el exactísimo centro paralelo al ras para la llegada libre de Perrone que hizo lo posible para errarlo: pateó débil y al medio; llegó Caballero que volvía y el delantero, en segunda instancia, pudo hacerlo: 1-0. A los once, el Yerbatero se vino otra vez con pelota dominada, entró al área por derecha y, por afuera, se le fue a Schiavi, que lo bajó. Pateó el penal La Paglia con jerarquía: palo izquierdo y adentro: 2-0. A los 22 fue al revés, porque el Leche metió un caño finísimo antes de colocar una cortada-puñalada en el costado vulnerable deCésar “El Otro” González, para que el Yerbatero la cruzara bien cruzada adentro: 3-0. Y con eso ya se podía ir; pero se quedó y siguió regalando fútbol hasta el final.
¿Por qué perdió Boca tan feo? Porque Bianchi puso un equipo “con fútbol” –Caneo, Ezequiel González, Estévez– que no funcionó: ni Equi ni el Narigón gravitaron; además, Pinto y Silvestre fracasaron en la contención del medio y los del fondo fueron un horror. No hubo arreglo al sumar “más fútbol” con Ibarra –dejar tres atrás– y el interesantísimo Cángele. Y además porque enfrente estaba Talleres en su mejor partido del año: La Paglia, Rimoldi, Devallis y los del fondo (Islas y Gandolfi, sobre todo) jugaron de Primera. Talleres no se va...

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Se van Pinto, Caneo, Estévez y el resto de los boquenses al término del primer tiempo.
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