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Lunes, 9 de julio de 2007

TENIS

SONIDOS, COLORES, SUEÑOS

La Catedral del tenis vibró con una de las mejores finales de los últimos años en la que se pudo “oír” una vez más el impresionante silencio de la cancha central mezclado con gritos de apoyo a Nadal, como un atronador “I love you Rafa”. Con puntualidad británica, a las dos de la tarde según el Meridiano de Greenwich (nunca mejor empleado), salían los dos primeros tenistas del mundo a la catedral.

Primero Nadal, en pantalones cortos y camiseta blanca, como marca la tradición en Wimbledon, y con su raqueta como aliada. Unos pasos después le seguía el que luego se convertiría cinco veces en campeón de Wimbledon enfundado en el traje con el que ha dejado sensaciones en el torneo. El suizo, sin raqueta.

Dos formas muy diferentes de salir a la cancha central. Dos jugadores dispares. El número uno de la ATP contra el número uno en la Carrera de Campeones. Al helvético no hay quien le discuta su poderío en el tenis desde hace cinco años. Y sin embargo el mallorquín dominaba hasta ayer 8-4 en sus enfrentamientos individuales. Federer ha recortado distancias y lo ha dejado en ocho a cinco.

El de Basilea ganó el primer punto fuera de la cancha: se llevó el sorteo y sacó primero. Tras eso, sirvió el primero de sus veinticuatro “aces” del partido. Un año más, y van 121 ediciones –las dos guerras mundiales impidieron disputar el torneo en diez ocasiones–, la Catedral del tenis guarda un silencio reverencial el domingo de la final. Saca Nadal y lo único que se oye es una ráfaga lejana de algún fotógrafo.

El mallorquín comienza con más ojo que el suizo para los “Hawk-Eye”. Cuando pide que el Ojo de Halcón le rearbitre una pelota complicada es por algo. En el desempate del primer set el suizo ya se sentaba después de que el árbitro diera por mala una bola de Nadal. A Rafa le parecía buena. Y lo era. La pena es que el set al final fue para el helvético.

Los gritos de apoyo al mallorquín fueron constantes. El “I love you Rafa” sonó un par de veces cuando el español ganaba. Cuando Nadal tuvo que ser atendido, mientras mostraba un cara de preocupación que lo decía todo, el griterío se quejaba de su mala suerte. “Poor boy, it’s so unfair” (“pobre chico, es tan injusto”).

Incluso cuando el partido estaba a punto de concluir alguien en inglés le pidió un último esfuerzo: “¡Seguí luchando, Rafa!”. El día en que Federer igualó la marca de Bjorn Borg y conquistó cinco Wimbledon consecutivos, la tribuna londinense estaba con el de Manacor. Incluso la famosa ex tenista y presentadora Sue Baker, antes de que el mallorquín hablara ante los trece mil espectadores que abarrotaban el court central, comentó a Nadal: “¿Sabés que algún día vas a ganar aquí, ¿no?”

El tricampeón de Roland Garros y dos veces subcampeón de Wimbledon, con la humildad que le caracteriza, simplemente se lo agradeció: “Gracias”. Y añadía: “Espero volver el año que viene y hacerlo mejor”.

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