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Lunes, 17 de marzo de 2003

OPINION

Los que mandan, los que juegan

 Por Diego Fischerman

Terminado el soporífero primer tiempo que por la liga española jugaban Alavés y Barcelona, y tras soportar además el glosario de tonterías estadísticas y tacticistas del comentarista de ESPN, todo estaba listo para que en Buenos Aires jugaran, para uno de los codificados del domingo, San Lorenzo y Boca.
Y a uno le reaparecen cosas. Algunas que tienen que ver con la histórica cuestión del fútbol ofensivo, habida cuenta de que en el equipo catalán jugaban juntos por lo menos cuatro de los que, para el fútbol que nos gusta a la gente, siempre reclamamos. Estaban en el mismo equipo, y al mismo tiempo, Riquelme, Overmars, Kluivert y Saviola. Y sin embargo, casi nada. Otras cuestiones tienen que ver con lo que hasta no hace demasiado parecía cosa juzgada: si había partidos oficiales de la AFA, fuesen éstos televisados o no, no se podían emitir por televisión partidos de otras ligas.
Pero como la consigna era San Lorenzo-Boca, se daba la posibilidad de ilusionarse con algo menos malo que lo de España. El espejismo duró a lo sumo un cuarto de hora a partir de un mejor comienzo de San Lorenzo con Romagnoli como máximo protagonista, aunque no en absoluta soledad, ya que la pelota le llegaba desde el fondo, mejor jugada que lo habitual. Miraba, pensaba, encaraba, volvía a mirar, pensar y resolver, y llegó la posibilidad para terminar con el 0-0 cuando pasada la media hora una exquisitez suya obligó al penal que Abbondanzieri le hizo a Frutos y que Saja tiró afuera.
Volvieron del entretiempo sin cambios como para que todo siguiera igual, pero, por lo menos en intenciones, el partido presagiaba algo mejor. Desde Ibarra, Ezequiel González y el Mellizo Guillermo, lo de Boca era diferente, y aunque San Lorenzo seguía siendo más peligroso, Villarreal puso el 1-0 a los seis.
Después del cuarto de hora empezaron los cambios y el que más gravitó en el partido fue el de Luna por Zurita. Porque Luna le dio frescura al fútbol de San Lorenzo y compañía a los intentos de Romagnoli. Pero cuando se equivocó Gonzalo Rodríguez, su homónimo Clemente aumentó para Boca.
Poco a poco, aunque llegando más, San Lorenzo se desacomodaba atrás. A diez del final llegó el descuento cuando Luna se encontró solo con el arco vacío después de un centro de Cordone que pegó en el travesaño. Acababa de entrar Tevez por González, pero poco más de diez minutos no le alcanzaron al volante de Boca –ni a Bianchi– para explicar por qué no estuvo desde el principio. Los que mandan son los de afuera, aunque jueguen los de adentro...

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