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Domingo, 11 de abril de 2004

EZLN

La historia oficial

En 1997, la periodista mexicana Gloria Muñoz Ramírez abandonó su familia y su trabajo en el diario azteca La Jornada para vivir durante 7 años entre las comunidades indígenas zapatistas. Hoy, a veinte años de la fundación del EZLN y diez de la declaración de guerra al Estado de México, publica 20 y 10, el fuego y la palabra (revista Rebeldía). Con un prólogo del subcomandante Marcos, que le da un aire de biografía autorizada del movimiento, Muñoz Ramírez escribe la crónica de una lucha a partir de los testimonios de sus protagonistas y de su propia experiencia de vida. Recién llegada de una Atenas tapizada con la tapa de la versión griega de su libro, conversó en París con Radarlibros.

Por Alejo Schapire, Desde París

¿Qué es lo que ha cambiado en veinte años de lucha en Chiapas? –Están en el momento más creativo de su organización interna. Después de veinte años de lucha y de diez del levantamiento en las comunidades zapatistas se vive un proceso de autonomía importantísimo que tiene que ver con la organización de proyectos autogestivos de educación, salud, comercio alternativo, de medios de comunicación alternativos y, sobre todo, con una forma de gobierno autónoma. Están las Juntas de Buen Gobierno que tienen, entre muchas funciones, la de mantener un contacto directo con la sociedad civil nacional e internacional, de gobierno autónomo a sociedad; tienen también las funciones de resolver los conflictos intracomunitarios con comunidades no zapatistas, de equilibrar el desarrollo entre los municipios autónomos que conforman el territorio rebelde. En resumen, de hacer en la práctica la consigna zapatista del “mandar obedeciendo” que, en términos generales, significa una nueva relación entre gobernados y gobernantes.
¿Cómo se traduce este cambio en la vida cotidiana de los indígenas?
–Se traduce en que una niña y un niño zapatistas ya van a la escuela; se traduce en que las mujeres ya cuentan con micro-clínicas para atenderse; se traduce en que hay cooperativas de café que están exportando a Italia, España y Francia; se traduce en que existen cinco radios rebeldes que se escuchan todos los días en las cinco regiones zapatistas; se traduce en que hay cinco programas diferentes de educación. ¿Qué quiere decir esto? Es muy importante, porque la autonomía empieza dentro de las comunidades, y no pueden tener un mismo sistema educativo una región y otra que pertenecen a diferentes culturas. Entonces, el derecho a la identidad, el derecho a la diferencia desde dentro del territorio son cosas muy concretas que se llevan en este momento a cabo en las comunidades. No es una organización perfecta, claro, pero es una organización que se hace con todo en contra, que
se organiza en medio de la paramilitarización, de la militarización, del hostigamiento policíaco o de las embestidas
políticas.
En sus comunicados destinados a la población civil, los zapatistas insisten de manera recurrente en la defensa de la condición de la mujer y de la situación de homosexuales y lesbianas. ¿Existe una política sexual zapatista?
–No, lo que ha habido con respecto al movimiento homosexual ha sido una identificación de lucha. Se identifican con las minorías, con dos sectores minoritarios que comparten la discriminación, la marginación, una serie de agravios muchas veces por parte de los gobiernos y de la sociedad misma en contra de ellos. Esta es la identificación del movimiento zapatista con el movimiento homosexual. Concretamente con los movimientos homosexuales y de lesbianas, lo que ellos han hecho es hermanar sus luchas. Los zapatistas envían mensajes a las marchas por las reivindicaciones homosexuales; a su vez los homosexuales están pendientes de lo que pasa en las comunidades indígenas.
Con respecto a la mujer, ese es un asunto aparte. Partimos primero de la situación de la mujer indígena en general y no nada más de la indígena zapatista. La mujer indígena sufre tres marginaciones: ser mujer, por género; ser pobre, por condición social, y ser indígena, por usos y costumbres. Contra las dos primeras luchan con una organización que las respalda, pero contra la tercera, contra la ser indígena luchan contra sus propios usos y costumbres, contra su propia comunidad. La diferencia de una mujer indígena y de una mujer indígena zapatista rebelde es que ésta se está abriendo cada vez más espacio dentro de su comunidad y dentro de su organización. No es fácil, luchan constantemente por abrirse estos espacios, es la lucha dentro de la lucha, la revolución dentro de larevolución. Si usted me dijera dónde hay un real cambio: en las reivindicaciones de las mujeres.
¿Qué derechos adquirieron?
–Ir a la escuela. Una niña indígena, por usos y costumbres, en muchas comunidades no asistía a la escuela. Arrebatarles ayuda a la madre para mandar a esa niña a la escuela es un cambio de 180 grados. ¿Un cambio más? Están organizadas en cooperativas en la que ellas mismas administran sus propios recursos, cosa que antes no pasaba: ellas trabajaban y los hombres administraban. Otro cambio: ahora están metidas en el Comité Clandestino Revolucionario Indígena, es decir un buen porcentaje de comandantas, que forman parte de la principal estructura del EZLN. Hace diez años todo esto no existía.
Carlos Monsiváis trató de definir el
zapatismo como “el síntoma de algo”,
y el hecho de que este libro sea traducido al persa, entre otras lenguas, parece confirmarlo. Más allá de la realidad
que viven los indígenas de Chiapas,
¿cómo interpreta el interés planetario
en el zapatismo?
–Es el síntoma de la rebeldía. El síntoma de que hay rebeldías a lo largo y lo ancho del planeta, que se sienten identificadas por un movimiento que en el sur de un país que se llama México está realizando una práctica muy concreta de lucha contra el poder. Es decir: si se puede luchar en las condiciones que lo hacen los zapatistas, pueden luchar en cualquier lado. No son un ejemplo a seguir, sino un referente importante. Considero que los zapatistas tienen mucha influencia en muchos movimientos de resistencia en diferentes partes del mundo porque tienen una práctica real, con todos los obstáculos y deficiencias del mundo, pero que todos los días se construye. Eso a los movimientos de diferentes lugares les interesa. Además tienen un lenguaje diferente del de los movimientos de izquierda tradicionales.

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