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Domingo, 10 de abril de 2005

LA GUERRA COMO UN FENóMENO PERMANENTE DE LA HISTORIA Y NO COMO INCIDENTE O ESCARAMUZA, ES EL OBJETO CENTRAL DE UN NOTABLE ESTUDIO SOBRE VON CLAUSEWITZ Y SU FAMOSA FRASE REPETIDA HASTA EL HARTAZGO.

La guerra es la continuación

Las guerras de la política.
Von Clausewitz, de Maquiavelo a Perón
José Fernández Vega
Edhasa
376 páginas

 Por Claudio Uriarte

“La guerra es la continuación de la política por otros medios.” Esta frase medular del clásico tratado de Karl von Clausewitz, De la guerra, repetida y fatigada hasta su total banalización, constituye el núcleo de lo que este estudio singularmente profundo de José Fernández Vega elucida con claridad y distinción: la guerra como un fenómeno permanente de la praxis histórica, y no como una aberración incidental que pueda ser corregida o evitada por piadosas declaraciones de buenos propósitos o fulminantes condenas moralistas a la movilización forzada y al derramamiento de sangre. En otras palabras, la guerra es solamente un punto extremo de confrontaciones y contradicciones que ocurren todos los días en la coexistencia entre los Estados; desde este punto de vista, no hay tanto períodos de paz como largas instancias de tregua y armisticio en un mundo donde los Estados han vivido siempre en una situación hobbesiana de guerra de todos contra todos.

Este es un libro sumamente inusual para la Argentina, un país bajamente politizado, donde todo se interpreta según la etiqueta política que lo anteceda, y donde un sospechoso remedo del imperativo ético sustituye al pensamiento crítico-analítico del objeto en cuestión. Pero en este caso –el de la guerra, tan contaminado por emociones fáciles y efusiones románticas– el esfuerzo requiere un particular coraje. Fernández Vega toma De la guerra como una especie de esfera teórica central espacio-temporal donde todos los conflictos y todos los pensadores de los conflictos se reflejan y vuelven así de manera enriquecida: de este modo, Maquiavelo, Kant, Fichte, Hegel, Hobbes, Tocqueville, Montesquieu, Leopold von Ranke, Benedetto Croce, Von Moltke, Lenin, Stalin, Hitler, Carl Schmitt, Lidell Hart, John Keegan, Mao Tse Tung, Henry Kissinger, Raymond Aron y el general Perón, para no hablar de importantes exegetas de Von Clausewitz mismo como Peter Paret y Bernard Brodie (responsables de la excelente edición en lengua inglesa de la obra), así como el propio Von Clausewitz son presentados en un movimiento de ida y vuelta teórico y práctico profundamente inserto en la interrogación y el desciframiento de las condiciones y confrontaciones sociales y políticas de cada una de sus épocas. En otras palabras, si la guerra es la continuación de la política por otros medios, conviene interrogar la naturaleza de lo político y del Estado en cada momento para entender la guerra de ese momento (como la brillantemente analizada transición de la guerra aristocrática y de maniobras a la guerra popular y napoleónica, de movilizaciones masivas y confrontación agresiva) sin lo cual la guerra se vuelve el puro disparate sanguinolento que rutinariamente denuncian los apologistas de la paz, cuya prédica se parece a la prescripción médica de una mera anestesia para una grave enfermedad cuyo origen y naturaleza se evitan de ser investigados, mucho menos diagnosticados. Por esta razón, el trabajo del analista de la guerra debe ser necesariamente amoral, y esta palabra debe restituirse a su significado de neutralidad judicativa: no se trata de condenar ni de exaltar; no hay guerras justas ni injustas, sólo el desenvolvimiento exasperado de un conflicto permanentemente latente, con sus características singulares que influyen en su despliegue.

Igualmente crucial en este estudio, Fernández Vega se ocupa de desmontar meticulosamente el mito que asocia a Von Clausewitz con el militarismo prusiano (y, luego, a la “movilización total” de Jünger o a la guerra total de Hitler) como una interpretación que hace menos servicio al teórico de la guerra que a dos de sus más cerrados oponentes teóricos, así como también –y paradójicamente– al campo del pacifismo irreflexivo. En este sentido, el trabajo de Fernández Vega se parece al de un restaurador de cuadros, que se ocupa de quitar a la obra original toda la suciedad y distorsión teóricas acumuladas en casi dos siglos de circulación entre las bibliotecas y los campos de batalla, entre el pensamiento y la práctica, restituyendo De la guerra al espacio de reflexión estratégica y filosófica de donde no debió haber salido nunca.

Este libro es especialmente importante en esta época, en que la guerra y las guerras han vuelto al centro de la escena política internacional, así como de la atención pública, y luego de un período de ensoñación opiácea en que se creía que el desplome del bloque soviético inauguraría una era de paz universal y democracias de mercado. Ocurrió lo contrario: estallada la bipolaridad, con su siempre latente amenaza de destrucción universal, volaron también por los aires todos los controles y resortes que evitaban una multiplicidad de conflictos susceptibles de escalar al nivel del intercambio nuclear. Esto, a su vez, inaugura un nuevo tipo de guerra, de acuerdo a un nuevo tipo de sociedad y de política, desde el modelo de “cero baja” de la ex Yugoslavia hasta la guerra revolucionaria de George W. Bush.

El libro concluye con el examen de la influencia de Von Clausewitz en la Argentina, de Perón al general Benjamin Rattembach, y una provocativa reflexión sobre la declinación de Von Clausewitz durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional. Es como una suerte de “bonus track” para lo que merece considerarse, sencillamente, como una temprana obra maestra.

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