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Domingo, 18 de diciembre de 2005

MALELE PENCHASKY: HISTORIAS DE SOBREMESA

Cuchillo y tenedor

Malele Penchasky ideó un tratado culinario donde el placer exacerbado se da la mano con el exotismo de recetas e historias de la historia.

 Por Cecilia Sosa

Historias de sobremesa
Malele Penchasky
Editorial Marea
155 páginas

La lectura de Historias de sobremesa (Crónicas gourmet con una inquietante filosofía de señoras, tal su extenso subtítulo) amerita un pequeño test previo. Considera que: 1. La sobremesa –cuando corre el buen vino– es una especie de zona liberada que propicia una suerte de delirio cósmico. 2. Sólo comiendo y bebiendo los hombres (en sentido genérico) pueden expresarse sin represiones sobre la vida, el amor y el sexo. 3. La naturaleza femenina trae consigo los beneficios del pensar erótico. Si hay acuerdo, salte ya a la primera página. Si no, desista a tiempo: la combinación de placeres gastronómico-filosóficos puede ser contagiosa.

El libro de Malele Penchasky, chaqueña, graduada en Letras y asidua columnista de revistas femeninas varias, está lleno de tentaciones, relatos míticos, fábulas tan inciertas como apócrifas, mucha música, gracias varias e inquietantes recetas de cocina. Un burbujeante compilado de crónicas, con más de una pizca de feminismo y la temeridad suficiente para pasearse sin empacho entre Heidegger, Cleopatra, Apollinaire y el perro Jazmín (sí, el de Susana).

Sobremesas sólo un poco menos clasistas y bastante más femeninas que las platónicas, pero que trancurren en playas o jardines igualmente envidiables, invitan a oscilar con gusto entre Eva, la primera mujer cartesiana y precursora de la rúcula, y los consejos de la india Malinche que, entregada a Cortés como trofeo de guerra, desafió su sino empuñando dos aguacates maduros (un maravilloso aceite de palta de notables cualidades afrodisíacas).

El pequeño librito también invita a degustar unas exquisitas empanadas de manduré (unos pescaditos que al parecer sabían a gloria), a escuchar con oído atento la jerga soez de los marineros, y a ensayar algo rebuscadas reflexiones sobre fetuccines que van de la mitología griega a la inclinaciones culinarias del futurista Marinetti. No falta un jabalí con salsa de frambuesas y un chocolate al modo de la sexagenaria Mariquita Sánchez de Thompson capaz de sacar de las casillas al más jovenzuelo Padre del Aula Argentino.

El apartado dedicado a Lou Andreas-Salomé no tiene desperdicio. Iluminadamente descripta por la autora como la primera grouppie de la historia, la amante de Rainer Maria Rilke, Friedrich Nietzsche y tantos otros (exceptuando a su marido, el discreto profesor Friedrich Carl Andreas, al que nunca tocó), revela su mayor secreto: pata de cordero cocinada con mucho estragón. La receta viene de regalo al final del capítulo.

¿La sensualidad a prueba de siglos de Cleopatra sostenida por una rosca de alcauciles? Pruebe la “pascualina de alcauciles a la manera de Alejandrina” y vea si su Marco Antonio se le resiste.

Propenso a la asociación libre (a veces a un punto exasperante) y hedonista al extremo, Historias de sobremesa viene bien acompañado por ilustraciones de Pablo Temes, recetas de la propia autora y abundantes sugerencias etílico-musicales. En conjunto, una invitación veraniega a descubrir algunos viejos secretitos del amor y la cocina.

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