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Domingo, 8 de junio de 2003

RESEñA

Semiología de la nada

Macedonio
Retórica y política de los
discursos paradójicos
Ana Camblong

Eudeba
Buenos Aires, 2003
468 págs.

POR JORGE PINEDO

Tan criolla como exquisita, la factura de mil hojas macedoniana refunda –bajo la advocación del chiste, la paradoja y cierta metafísica– una literatura argentina que había sido erigida en el cruce realista de un grafitti en francés sobre la roca cordillerana (Facundo) con la saga de un iconoclasta gay (El Matadero). Maquinaria que se incrusta en el oficio de la lengua castellana al situar, a partir de allí, mojones del relieve de Raúl Scalabrini Ortiz, Ramón Gómez de la Serna, Leopoldo Marechal y Jorge Luis Borges.
Su epicentro, Macedonio Fernández (1874-1952), tan explorado como desconocido, pone en crisis los sentidos unívocos desatados por los monstruos de la Razón de Occidente, “cuyas tradiciones discursivas resguardan como un tesoro la coherencia consigo mismo, la congruencia de los decires y la continuidad del curriculum vitae”. Virtudes de discurso funerario que, a criterio de la semióloga Ana Camblong, quedan arrasados por el nombre de autor –”macedoniano”– que se torna política materialista al situar la potencia del “ser” por fuera de la conciencia. Destrabar los resquebrajamientos del lenguaje, la heteróclita discursividad, el estallido de los géneros (filosóficos, psicológicos, en fin: literarios) exige ensayar la “retórica y política de los discursos paradójicos”, promesa inscripta en el subtítulo que la autora cumple con las generosas filigranas desenvueltas en su voluminoso Macedonio.
De ninguna otra manera que con la economía de la desmesura puede desintrincarse un legado que subvierte el tiempo, instala “las respuestas antes que las preguntas, la fuente después de las filiaciones, los epígonos convertidos en vanguardia”, troquelando la lengua, afianzándose en tropos arcaicos, generando neologismos. Por ello, el ensayo de Camblong cruza el torrente haciendo pie en el sólido basamento conceptual provisto por Peirce, Deleuze, Germán García, Sarlo, Adorno, Grüner, Bajtin, Barthes, Nicolás Rosa, Derrida, Perelman, Piglia, Saer (entre tantos).
Proveniente del medio académico, la autora intenta por todos los medios zafar de los anémicos cánones donde quedan varados los parámetros del ensayo. Entonces hace de la semiología y la retórica un cuaderno de bitácora jalonado de citas y referencias que otorgan una indispensable densidad a esa porosa estratigrafía donde se arremolina hasta el torbellino el pensar-escribiendo con el que Macedonio sigue apedreando esa entelequia a la que le dicen realidad.
A fin de desmontar semejante maquinaria, Camblong divide la faena en nueve escalas, todas encabezadas por un “Catálogo”; sucesión referencial de recortes tomados de un autor que operan al modo de prisma que colorea la “Visita Guiada” que le continúa. Cuerpo presente que late, tal visita compone la anatomía de cada aparato macedoniano (work-in-progress, metafísica, ficción, humor, poesía, polis) hasta una salida de emergencia, Exit, que procura dejar abierto el círculo.
Texto poco apto para incautos y lectores deportivos de la prolífica literalia de Macedonio Fernández, el libro de Camblong requiere de un dominio más que básico de semiología, retórica (nueva y clásica), para empezar. De otro modo, algunos párrafos pueden llegar a borronearse al estilo de una provocación de Sokal (“nuestra investigación toma las duplas estipuladas por los sistemas binarios y las incorpora a la complejidad de los procesos de la semiosis infinita”), a lo que colabora la superposición de resaltados en cursiva de la cita original y de la autora. Efectosestéticos capaces de dificultar pero nunca de quitar hondura a un paisaje submarino donde las letras brillan cuando se abren los ojos.

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