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Domingo, 10 de abril de 2016

FAN › UN DIRECTOR DE CINE ELIGE SU PELíCULA FAVORITA: NICANOR LORETI Y OPERACIóN CACERíA DE JOHN WOO

UNA CONSPIRACIÓN DE AMIGOS

 Por Nicanor Loreti

Desde chico, iba mucho al cine con mi viejo y es una costumbre que aún hoy solemos repetir. Él me llevó a ver El regreso del Jedi, la primera película que recuerdo haber visto en una pantalla grande, y clásicos como Los 39 escalones, aunque en realidad era la remake con Robert Powell. Films que me hicieron comenzar a amar el cine.

A cambio, cuando yo ya era un adolescente comencé a elegir pelis para ver juntos.

Fue entonces cuando lo instruí en un camino del que no se vuelve: los dobles programas. Y en muchos casos de Steven Seagal.

Lo primero que vimos en una de esas jornadas dobles en el cine Electric fue un combo conformado por Marcado para la Muerte de Dwight H. Little –justamente con Seagal contra unos jamaiquinos que hacían vudú– y Operación Cacería de John Woo, con Van Damme y ese mega actor que es Lance Henriksen.

Eran tiempos en que la cinefilia local recién comenzaba a conocer a Woo, y tener una película de él con más plata que The Killer y producida por Sam Raimi –en aquellos tiempos el Dios del cine para mí- era un lujo que no podía dejar pasar.

Woo era todo y estaba en su mejor momento. Su mezcla de puestas estilo Sam Peckinpah –uso de planos en cámara lenta editados con otros en 24 fotogramas por segundo, y múltiples puestas de cámara– con toques personales me rompió la cabeza.

Aún hoy es así.

Operación… está filmada como los dioses –el corte del director, que se consigue en Blu Ray, lo demuestra más aún- y hay varias escenas que se destacan. Pero la que más me gusta rever es una de las primeras: la protagonista (Yancy Butler) entra a un bar y al pagar se nota que anda dulce. Un grupo de matones quiere robarle la cartera cuando se está subiendo al auto y Jean Claude aparece y los faja a todos.

Uno saca una navaja y Van Damme le dice: “Agarrá tu palito y a tu novio y busquen un micro para tomarse”. Poesía.

Simple.

Bah, simple de guión.

Porque la puesta de cámara es magistral. También el montaje, de Bob Murawski, editor de Raimi que años después ganaría el Oscar. Y la música, una mezcla de blues cajun con rock que acompaña muchos de los cortes.

Cada plano está pensado en relación al siguiente, nada está librado al azar, hay lujos por todas partes y la cámara lenta nunca es caprichosa sino que está en pos de la acción. Hay carros, planos detalle estilo western y un homenaje al cine todo en una sola secuencia. Me obsesioné tanto que estudié el montaje hasta el hartazgo, llegando a conseguirme un VHS-rip del primer armado que hizo Murawski, con música de otras películas y planos de animales en la selva insertados en medio de las escenas de acción. Un delirio que jamás iba a llegar a ver la luz del día (es demencial, van a ver si lo consiguen) pero que es hermoso de ver para comprender la libertad que se respira en esta película.

¡Imagínense que hay una escena donde Chance (Van D.) va en moto, se para arriba del asiento soltando el manubrio, le dispara a la camioneta que viene enfrente, mata al conductor, salta por arriba del techo de la camioneta, da una vuelta en el aire, cae detrás (apenas trastabillando), gira y le dispara a la moto para hacerla explotar!

¿Leerlo te deja sin aliento? Hay que tenerlos bien puestos para filmar ese delirio y tomártelo en serio.

Años después, al entrevistar a Lance Henriksen para la revista La Cosa, le pregunté sobre Operación Cacería y cómo había sido trabajar con Woo. Me contó que esa película le cambió su concepción del cine en muchos aspectos. Y hablamos de un tipo que trabajó con todos: Spielberg, Cameron, Fincher, Gordon, Lumet y más.

El primer día, Woo los juntó a él y a Van Damme y les dijo “Hacer una película es una conspiración de amigos. Tenemos que hacer un plan, como si fuera un robo, y ejecutarlo a la perfección”.

Concuerdo plenamente con aquella frase.

El film me influyó tanto que me hizo ver todo Woo y todo Peckinpah –de quien también me hice fan– y hasta homenajear escenas en mis propias películas: desde el tiroteo de Diablo hasta la escena de la moto de Kryptonita tienen cositas de Operación…

Al día de hoy Woo insiste en que Scorsese es su máxima referencia, pero viendo las películas (ésta, Hard Boiled o The Killer, sobre todo) es clarísimo que lo que hizo fue perfeccionar el estilo del viejo Sam.

Sin embargo, aquel no fue un día clave solamente para mí: en la película de Seagal, que daban segunda, el chabón terminaba tirando al malo por el pozo de un ascensor y las tripas se enroscaban en un resorte gigante que había en el fondo. A mi viejo en aquel momento no le gustaba el cine tan violento, y cuando salimos se tomó un whisky.

Hoy en día es fan de Steven Seagal. Las mira todas, hasta las más berretas, con una sonrisa adolescente.

Es algo de lo que me siento orgulloso.

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