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Domingo, 10 de septiembre de 2006

FAN

Para la libertad

Una actriz elige su película favorita: Camila Toker y Easy Rider (1969), de Dennis Hooper

 Por Camila Toker

Easy Rider es una película que me gustó siempre; una road movie con toda esa sensación de viaje que cuando coincide en un buen film es alucinante. También tiene algo de western; dos tipos solitarios lanzados a la aventura que van en sus Harleys recorriendo territorios inmensos con esa ilusión de libertad y juventud mostrada en la simbología outsider del que tira el reloj antes de empezar el viaje.

Pero Easy Rider también me encanta porque abre toda una veta del cine independiente norteamericano, un cine hecho con muy pocos recursos y por fuera de todo sistema, que prioriza la frescura de los diálogos y de los personajes a la estructura ortodoxa de una narración tradicional. Hay muchos grandes autores como Almodóvar (en sus primeras películas) o Cassavetes que han trabajado así, pero Easy Rider es una de las primeras. Además, está hecha por un grupo increíble de jóvenes que quisieron contar su historia más allá de los recursos. También hay intercambio de roles: Dennis Hopper actúa y dirige, Peter Fonda produce y actúa, y entre los dos y un par más lograron hacer algo que resulta tan potente como esos dos cowboys montados en sus Harleys súper cromadas. Casi un musical sin guión a puro rock and roll.

De todas, la escena que más me gusta es la del carnaval. Son imágenes “robadas” de un verdadero carnaval callejero. Es un momento clave de la película, justo después de la muerte de uno de los personajes que han conocido. Es el clic posterior del duelo, con toda la explosión de vida, de baile en la calle, de festejo. Con esa escena empieza el fin de la aventura y de la utopía de libertad, es casi el final del viaje. Y esa sensación de duelo, sin parlamentos ni nada, decidieron contarla con pura acción documental.

Vi Easy Rider por primera vez en la adolescencia, después de la secundaria y antes de empezar la Universidad del Cine. Fue una de esas películas– hitos que me llevó a hacer lo que hago, una película que llegó en un momento clave y que quedó pegada a la ilusión de hacer. Hay otras películas grandísimas hechas por genios, producciones perfectas, con actores maravillosos que son como la meca. Pero Easy Rider tiene algo tangible: un grupo de amigos que se puso a hacer una película porque lo necesitaba y que no tuvo ganas de esperar a que nadie les diera el ok. Me gustan su imperfección, sus apuestas y arbitrariedades totales, eso de pararse y filmar sólo porque el lugar era hermoso y justo encontraron ese atardecer. Me gusta esa actitud un poco punk.

Cuanto más te metés en la cocina del cine más te das cuenta de que es una tarea pesada, cara, difícil y enorme, donde hay muchísimo dinero y gente implicados y donde siempre están la falta de recursos y “noes” en todos lados. Ahora estoy codirigiendo (con Tamae Garateguy y Santiago Giralt) Una película argentina que es un proyecto donde me reencontré con esa idea de hacer más allá de los recursos. También es una película filmada sin guión previo, pautando la improvisación, con roles intercambiados y bajo la figura del Manifesto Grupo Acción, que apuesta a un modo de realización posible que prioriza la acción. Tal vez por eso Easy Rider está tan presente para mí ahora.

Easy Rider es una película que siempre me gustó como fan pero ahora la recupero desde la ilusión de hacer cine. Es pura inspiración.

Considerada como una de las películas emblemáticas del renacimiento del cine norteamericano en los años ‘70 y un film genuinamente hippie (aunque financiado por Columbia), Busco mi destino (Easy Rider, 1969), irrumpió en las salas en una época en la que Hollywood estaba retrayéndose frente a la competencia brutal de la televisión; los viejos autores de los estudios se consideraban ya perdidos. La crítica Pauline Kael escribió en su reseña de Easy Rider que la “paranoia sentimental de la película obviamente les resultaba real a muchos espectadores jóvenes, porque a fines de los ‘60 era cool sentir que uno no podía ganar, que no había esperanza”.

La película está protagonizada por Peter Fonda como el Capitán América, Dennis Hopper como Billy, dos motociclistas que aprovechan un pequeño negocio con drogas en Los Angeles para financiarse un viaje hasta el festival de Mardi Grass; tiene un cameo de Phil Spector como un dealer y cuenta con una trivia mítica e inagotable:

Que originalmente se iba a llamar The Loners.

Que Fonda y Hopper se inspiraron en Il Sorpasso, el film de Dino Risi con Vittorio Gassman.

Que no hubo guión (a pesar de que el argumento está firmado por Hopper, Fonda y Terry Southern, guionista de Dr. Insólito) sino que se fue escribiendo sobre la marcha, y que no hubo un verdadero equipo de rodaje sino que usaban a amigos y drogones de las comunidades hippies que iban encontrando a su paso.

Que Rip Torn iba a hacer originalmente el personaje de George Hanson, que finalmente interpretó Jack Nicholson, y que el papel le valió a éste una nominación al Oscar y su salto definitivo a la fama.

Que los porros que fuman los personajes fueron de marihuana verdadera en el rodaje, pero que los polvos blancos que no son llamados por su nombre eran en realidad azúcar.

Que el viaje-en-ácido en el cementerio se hizo el último día de rodaje y que Hopper le pidió entonces a Fonda que le hablara a la estatua de la Madonna como si fuera su verdadera madre, preguntándole por qué lo había abandonado (la madre de Fonda se había suicidado).

Que tanto Fonda como Hopper se adjudican actualmente la autoría de la película, y que Hopper —que estaba pensando en retirarse de la actuación cuando Fonda le llevó la idea— aceptó participar cuando le prometieron que podría dirigirla.

La legendaria banda de sonido contaba con varias canciones grabadas previamente. La más conocida de todas era “Born to be Wild”, de Mars Bonfire e interpretada por Steppenwolf. Además, se sabe que Dennis Hopper le encargó a Stephen Stills una canción para la escena final. Este tema, “Find the Cost of Freedom” no fue usado finalmente, pero se incluyó como lado B del simple “Ohio”, de Crosby, Stills, Nash and Young.

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