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Domingo, 17 de enero de 2010

FAN › UN ARTISTA ELIGE SU OBRA FAVORITA: MARTíN BONADEO Y THE GATES, DE CHRISTO Y JEANNE-CLAUDE

El camino de los sueños

 Por Martín Bonadeo

En 2004, mientras vivía en Estados Unidos, visitamos con Laura, mi mujer, el Metropolitan de Nueva York para ver una muestra de Christo y Jeanne-Claude, previa a la intervención The Gates en el Central Park. Hasta ese momento, Christo –yo creía que trabajaba solo– existía en mi imaginario como ese artista de land art que “envuelve” cosas. Siempre me llamó la atención la evolución de su trabajo; cómo comenzó envolviendo pequeños objetos y fue aumentando la escala. Hay un hecho biográfico que me conmueve: en 1958, Christo y Jeanne-Claude se conocen en París y recién ahí amplían su universo de posibilidades, comenzando a cubrir con tela espacios de mayores dimensiones como vidrieras de negocios y edificios, museos, puentes y hasta islas enteras (éstas rodeadas, no envueltas). Sus intervenciones incluyen proyectos de dimensiones y presupuestos astronómicos llevados a cabo por ambos. Y acá subrayo y destaco el ambos, porque creo que una pareja es muy necesaria para lograr este tipo de objetivos. Alguien que te confirme que no estás loco y que es posible cumplir esos sueños. Para mí es el enorme lugar que ocupa tener una pareja que apoye mis proyectos y me ayude a concretarlos. Y esto se comprueba en muchos artistas amigos; algo como el famoso “detrás de cada gran hombre hay una gran mujer” o una versión más generosa: “Al lado de cada gran artista hay una gran persona”. De hecho, la que estaba al lado mío viendo los bocetos de Christo y Jeanne-Claude era una vez más Laura, bancándome.

Lo que más me impresionó de la muestra del Met fue lo meticuloso del proceso. Estaban exhibidos desde los primeros bocetos de 1979 hasta los últimos de 2003. Se podía ver la evolución de una idea completa y todos sus estadíos de producción. Las decisiones de cada elemento, cada material y la ubicación de cada puerta respondían a un estudio de años. En esta muestra aprendí muchas cosas: que un proyecto de 16 días de duración puede tomar casi treinta años en concretarse, y que un artista puede trabajar sin galerías, sponsors ni donaciones, sólo vendiendo su obra para producir más obra. También aprendí que se puede trabajar en el espacio público en esos enormes tamaños; y sobre todo descubrí el importantísimo lugar que ocupa una pareja para ser artista. Los resultados que produjeron en mí fueron casi inmediatos: ese mismo año viajé a San Francisco (con Laura) y desarrollé una primera intervención urbana en una pared de 20 metros de alto, una escala impensada para mí en ese momento.

Unos meses luego de la muestra en el Met, y con el dinero recaudado por las ventas, se concretó el proyecto The Gates: 7503 portales, de casi 5 metros de alto cada uno, fueron ubicados a lo largo de 37 kilómetros de senderos internos del Central Park. En cada uno de estos arcos, y suspendida desde su parte superior, colgaba una gran tela color azafrán que se movía con el viento. Los puntos de vista para esta obra eran múltiples y los más interesantes se daban desde las alturas, abundantes en Nueva York. Desde los rascacielos se podía ver cómo las telas cubrían un gran porcentaje de los caminos internos del parque, pintándolos de un color intenso.

Sin dudas, poder ver la muestra previa a The Gates fue uno de los principales propulsores para animarme a pensar proyectos de mayores escalas, algunos casi utópicos, imposibles hoy, pero tal vez realizables dentro de 30 años.

A los 74 años –los dos nacieron el mismo día–, estos artistas siguen desarrollando proyectos semifaraónicos. De hecho, uno de ellos es una mastaba de barriles de petróleo más voluminosa que la pirámide de Keops.

Hace poco vi una entrevista en la tele en la que una periodista bastante superficial les preguntó si no era hora de que se jubilaran. Jeanne-Claude la miró con cara complaciente y dijo: “Los artistas no nos jubilamos; un día nos morimos y ahí recién dejamos de trabajar”.

Lamentablemente, Jeanne-Claude dejó de trabajar a los pocos días que terminé de escribir esta nota.

Martín Bonadeo inaugura el 22 de enero Alba Mágica MMX en Woodstreet Galleries, en Pittsburgh, EE.UU., una retrospectiva de sus últimos diez años de trabajo.

Christo y Jean-Claude nacieron el 13 de junio de 1935, él en Bulgaria y ella en Marruecos. El destino los unió en 1958 en París, cuando Christo fue contratado para retratar a la madre de Jean-Claude. Desde entonces estuvieron unidos sentimental y profesionalmente. Interesados en el arte de grandes escalas, comenzaron a realizar instalaciones temporales en espacios naturales o urbanos. Muchos los han vinculado con el land art, aunque no todas sus obras se pueden agrupar en esa línea. Se caracterizan, principalmente, por utilizar telas para cubrir gigantescos edificios o cubrir extensas áreas públicas, como por ejemplo el Reichstag en Berlín o el Pont Neuf en París. Sus proyectos siempre se caracterizaron por demandar mucho trabajo burocrático (para conseguir permisos, ya que en general trabajan en lugares públicos), grandes sumas de dinero y años de preparación y organización para cada proyecto. Entre los trabajos más destacados hay que mencionar The Gates, instalado en el Central Park de Nueva York; The Umbrellas, en Japón; y Wrapped Coast, proyecto en el que envolvieron la costa de Little Bay en Sydney, Australia.

Jean-Claude falleció repentinamente en noviembre del año pasado. Christo prometió continuar con los proyectos en los que seguían trabajando juntos: Over the River –que consistiría en la suspensión de más de 10 km de tela reflectante traslúcida, afirmada por cables de acero anclados a la orilla del río Arkansas, en el estado de Colorado– y The Mastaba, a realizarse en los Emiratos Arabes Unidos.

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