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Domingo, 19 de mayo de 2013

FAN › UN MUSICO ELIGE SU CANCION FAVORITA: RUDIE MARTINEZ Y “ATOMIC”, DE BLONDIE

COMO APRENDI A AMAR LA BOMBA

 Por Rudie Martínez

“Atomic”, de Blondie es la canción que me hizo músico. Me remonta al año 1980. Yo era un chico de los suburbios de La Plata, con muy pocos recursos. Tenía once años, iba al primario, a una escuela pública y ahí la música prácticamente no existía. Vivía en 7 y 80 y, en esa época, por esa esquina pasaban los carros. Los vinilos nuevos eran importados. Ahora todo está al alcance de la mano, pero entonces conseguir un disco era una odisea. Mi única comunicación con lo que pasaba era a través de la revista Pelo. ¡Y sólo veía las fotos!

Así los conocí: en un número de Pelo salió una nota que decía que se venía la new wave. Había fotos de The Police, de The Jam. Y también una de Blondie: unos chicos guapos, bien vestidos, con una chica al frente que era realmente una bomba. Yo pensaba: “¿Qué será esto? ¿Cómo sonará?”. El corte de pelo que me hacía mi hermana para ahorrar la peluquería era bastante parecido al de la foto, así que ya estaba un poco en la onda.

Había un programa en Canal 7, Música prohibida para mayores, lo pasaban a las seis de la tarde. Y un día pusieron un video de Blondie, justo el de “Atomic”. Esa canción fabulosa que empieza con una escala ascendente, que parece una marcha militar. Sonaba y yo me preguntaba: “¿Adónde van éstos?”. Hasta que eso para, y se escuchan las mejores cuatro notas que hace la guitarra. Y ahí se lanza ese ritmo disco afrodisíaco.

Quedé hipnotizado; para toda la vida. Fue algo increíble. Era la primera vez que escuchaba a Blondie. La primera vez que veía su imagen en movimiento. En el video aparecían rodeados de gente, con todas esas luces, en una discoteca, un lugar al cual yo nunca había ido. Me dejó impresionado.

Tenía un primo un par de años mayor, Dante, que me asesoraba musicalmente. El ya iba al secundario, tenía más contacto con lo que pasaba. Yo escuchaba lo que él me dejaba grabado en unos cassettes, cosas como Queen o Seru Giran. Recuerdo que estaba escuchando algo en ese momento, en mi cuarto. Y él entra y me dice: “Sacá esa porquería”. Y entonces extrae de una de esas funditas de disquería Eat to the Beat, un álbum glorioso de Blondie. En mi casa no teníamos un equipo de audio, sino una especie de electrodoméstico, algo que se parecía más a una heladera y que sonaba un poco bajo. Teníamos que acercarnos mucho para oír algo.

Pusimos la cara A, que es espectacular. Pero cuando llegó la cara B, ¡ahí estaba “Atomic”! Fue revolucionaria para mí, en muchos aspectos. Primero, porque tiene todo lo que considero infaltable en una buena canción: es bailable, es rockera, es punk, es atrevida. La lírica es hermosa y, sobre todo, lo que canta Debbie Harry: “Oh your hair is beautiful”. Nunca había escuchado una canción tan celestial arriba de una base bailable.

Estaban esas cuatro notas increíbles de la guitarra. Y, la mejor parte, el solo del bajo. ¡En el medio! Había escuchado solos de bajo de Deep Purple, que eran cualquier cosa: unos estruendos. Pero esto tenía un ritmo funk, algo que no conocía mucho. Y después, cuando entran las secuencias, fue un orgasmo. Un baterista estaba tocando arriba de una secuencia: nunca había escuchado algo así. Todo eso me definió como músico: sentí algo muy fuerte. Y fue lo que hice después con todos mis discos. Si alguien los revisa, va a reconocer muchísimo la influencia de Blondie.

Fue como empezar a hacer música para mí. Yo no tocaba ni el timbre. No tenía ni idea. Ni siquiera estudiaba un instrumento. Era melómano, más que músico. Pero a partir de ese momento empecé a tomar las primeras clases de guitarra, con “Zamba de mi esperanza” y todas esas cosas. Blondie en particular y el punk rock en general hicieron que quisiera tocar “Zamba de mi esperanza”: algo raro.

En los ‘90, cuando empecé a hacer discos electrónicos, veía que afuera todo el mundo tenía su estudio de grabación y le ponía nombres locos. Entonces se me ocurrió ponerle al mío Atomic Boom, en homenaje a ese tema. En realidad, era un pequeño cuarto en un departamento de la calle Malabia: un multitrack, un secuenciador viejo y un sampler, que usaba en los tiempos de San Martín Vampire.

“Atomic” es una canción hermosa y, sobre todo, actual. No pasa de moda. Cuando la vuelvo a escuchar, me encanta: es perfecta. A veces, cuando estoy pasando como disc jockey algo muy electrónico, la pongo para que vean que mucho de eso sale de ahí. Y la gente se copa. Obviamente, para mi cumpleaños me regalaron la reedición de Eat to the Beat con el DVD. Tengo todo: el vinilo nacional y el importado, el CD. Son varios objetos que me recuerdan a esa época de la infancia.

Cuando vino Blondie a Argentina, tuve que vencer mi agorafobia y soportar a toda esa gente alrededor. No me gustan los recitales: sufro mucho el encierro. Entonces termino en el último lugar, al fondo, viendo poco y escuchando nada. Pero ese día quería estar adelante de todo, aunque fuera cuando entraban. Encima era un festival y antes tocó Gustavo Cerati. Y cuando terminó, dijo: “Chau, ahora viene Blondie, está muy bueno”. Y ahí me emocioné. Dije: “Esto va a pasar realmente”.

Apenas salieron, nos dimos cuenta de que no eran los chicos guapos de los videos que veíamos en los ‘80. Pero era la misma música. Y tocaban tan bien y sonaba tan genial que pensé: “Bueno, tarea cumplida, cerró mi etapa con esta canción”. En realidad, ya habían tocado “Die Young, Stay Pretty”, “Call Me”... Una avalancha de sensaciones hermosas. Escuchar “Atomic” en vivo fue como la frutilla del postre.


Rudie Martínez presenta El arte de esquivar puñales, el disco debut de Maldonado, el proyecto que comparte junto a sus ex compañeros de Adicta y el cantante Federico Hoffmann,el viernes 24 de mayo a las 21 en ND Ateneo (Paraguay 918).

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