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Domingo, 18 de marzo de 2012

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Gastado con encanto

 Por  Cecilia Boullosa

Los pisos tienen más de 100 años. La barra con mármoles de cuatro colores, también. Incluso un cliente dormitando en un rincón, con la cara orientada al sol que entra por el ventanal, podría no estar tan lejos de esa cifra. La Embajada es uno de esos bares gastadísimos pero encantadores que resisten en Buenos Aires.

Una breve genealogía debería consignar que desde 1907, cuando se inauguró el edificio que lo alberga, en Santiago del Estero 88, siempre hubo despacho de alimentos y bebidas. En 1963 un inmigrante asturiano de apellido García compró el local y lo gerenció por 35 años. Hoy es su hijo Jorge quien lo sucede. “Me ofrecieron comprármelo varias veces, pero no se concretó. Un poco por tradición, un poco porque el negocio funciona; lo cierto es que me fui quedando”, dice ubicado tras el estaño, que como detalle antiquísimo tiene unos grifos de cerveza con boca de cisne que hoy ya no funcionan.

A la hora del almuerzo, La Embajada se llena de empleados de la zona. Hombres que entran comentando el partido del día anterior, portafolio y sobretodo en mano, que llaman al mozo por su nombre y que piden su botellita de vino con soda. Son pocas las mujeres que se animan a traspasar las puertas de este bar y quebrar ese entramado de conversaciones al paso que se va armando entre los clientes y quienes atienden.

La especialidad de la casa son los sándwiches de jamón crudo ($14) servidos en baguettes que se hornean en el local, los de milanesa ($15) y las tortillas. Todos los días, además, hay cuatro platos especiales y después de Semana Santa, como es tradición, regresan los clásicos de olla: fabadas asturianas, lentejas, mondongo, puchero. También hay ensaladas (tres gustos, $14) y las minutas básicas. Los precios son muy competitivos: por menos de lo que sale un combo en un fast-food cualquiera se puede conseguir un excelente almuerzo. Por la tarde, cuando empiezan a apagarse las luces de las oficinas circundantes, llega la hora del jerez, las cañas y el fernet (la medida, $6).

Rey de la cuadra desde hace más de 100 años, en enero a La Embajada le surgió un rival de peso y acento extranjero: un flamante Starbucks abrió a su lado, con entrada sobre Avenida de Mayo. García no se inmuta ni se asusta con la posible lucha entre frapuccinos y cortaditos porteños o entre bagels y tostados: aunque no tenga las de ganar, sabe que sus clientes son fieles y que mientras siga ofreciendo buenos platos a buenos precios, todos los mediodías, a eso de la 1, esos mismos clientes van a seguir apareciendo por la puerta, comentando el partido del día anterior y saludando por el nombre a los mozos de siempre.

La Embajada está en Santiago del Estero 88, Monserrat. Teléfono: 4381-1520. Horario de atención: lunes a viernes de 8.30 a 20.

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La Embajada: aires asturianos
Imagen: PABLO MEHANNA
 
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