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Domingo, 7 de abril de 2013

SALí

A comer en Zona Oeste

 Por Sandra Martínez

Tradición con un toque de vanguardia

Barunzit: novedad en Ramos Mejía

La cuadra donde se encuentra Barunzit es la típica postal de las zonas más bonitas de Ramos Mejía: chalets generosos de una planta con frentes de piedra Mar del Plata, árboles añosos y parques muy cuidados. Allí, el restaurante se camufla discretamente, con una obra que respetó a rajatabla la estructura externa de la casona elegida. El porche se extendió en un deck donde se acomodan algunas mesas y, desde el ventanal semicircular del frente, se puede espiar un living que todavía podría pertenecer a una casa de familia, y que hoy funciona como recepción de los clientes. Al ingresar, en cambio, cada rincón habla de diseño moderno, minimalista y cálido.

De alguna manera, esa arquitectura se replica en el concepto de la carta ideada por Sergio Baronzini, dueño y chef del lugar. El joven cocinero egresado de la escuela del Gato Dumas se identifica por igual con la cocina mediterránea y las vanguardias gastronómicas. Decidido a instalarse en Ramos Mejía, su barrio, con una propuesta del mismo nivel que los polos gastronómicos, desarrolló un menú de platos tradicionales, de sensación familiar como la antigua casa, pero con toques atrevidos, como su diseño interior. Entre las entradas se puede elegir para compartir unos rolls de masa filo con relleno de queso de cabra fundente. Los principales cuentan con variedad de pescados, arroces y pastas, entre los que resultan tentadores el mero con infusión de vainilla al vacío, selección de hojas verdes y polvo de lima; y el risotto con pulpo español, queso brie, crocante de parmesano y aire de azafrán. Para los amantes de las carnes, brilla la entraña con salteado de champignones sobre papa rosti y polvo de panceta ($ 85). A la hora de los postres, las texturas de chocolate es el más representativo del estilo de Baronzini: bajo una primera materia arenosa, que simula tierra, se esconde una untuosa mousse y, en el centro, un bizcocho húmedo y tibio de chocolate blanco ($ 70). Una y otra vez: lo clásico con lo moderno, unidos en un mismo paladar. La carta de vinos es variada y en la cava refrigerada los comensales pueden investigar las etiquetas disponibles.

Las mesas del jardín, entre los macizos de lavandas, son ideales para un almuerzo o un té con pastelería o ricos sándwiches al calor del sol de otoño. Al atardecer, el happy hour de tragos de 17 a 21 invita a pedir alguna de las tablas de quesos y fiambres con frutos secos salados, aceitunas griegas y pan de campo (desde $ 65). Así, Barunzit se ofrece como espacio para disfrutar durante todo el día.

Barunzit queda en Alvarado 550, Ramos Mejía.Teléfono: 4654-8788. Horario de atención: miércoles a domingo de 12 a 16 y de 20 al cierre.


Como en el quincho del club

Los Talas del Entrerriano: el clásico de J. L. Suárez.

Es imposible organizar las numerosas parrillas de Buenos Aires en un ranking que les haga justicia. Pero en la lista mental de muchos, Los Talas del Entrerriano ocupa siempre uno de los primeros puestos. No es la ambientación lo que atrae a su público: el salón es un gran tinglado de madera dividido con toldos transparentes, lleno de mesas de pino y poco atractivas sillas de caño. Lo que seduce son las buenas carnes a las brasas. Y, en eso, el lugar cumple, con creces. El entrerriano en cuestión es don Oscar, que en los años ochenta comenzó a vender choripanes a la vera de la Ruta 4, protegido por la sombra de los árboles, unos talas que completaron el nombre del emprendimiento. De a poco fue extendiendo su dominio, primero con algunas mesas compartidas bajo techo y, ya en los noventa, comprando el terreno lindero para ampliar el lugar, que sigue mejorando hasta el día de hoy.

Una de las características de Los Talas son sus porciones gigantes, pensadas para compartir, que lo convierten en un lugar propicio para ir en grupo. En el caso de ir solo o en pareja, lo más recomendable es elegir la barra de mármol frente a la parrilla, donde se puede pedir un sandwich de matambre increíblemente tierno ($ 56) o un choripán ($ 16). Pero la especialidad de la casa, que tiene seguidores fieles y que vale por sí sola la visita a Suárez, es el lechón al asador con leña seca ($ 99 la porción para dos), que también se puede pedir para llevar ($ 115 el kilo). No se quedan atrás en las recomendaciones el matambre ($ 119) y la rueda ($ 29), una achura poco común en otros lugares. También están, por supuesto, los cortes infaltables de toda parrilla que se precie, como asado, vacío y bondiola (desde $ 109), que se suman al pollo y otras carnes como cordero y conejo, todo de su propia cabaña. Para acompañar, ensaladas (desde $ 26) con vegetales frescos de quinta propia, papas fritas ($ 29), cervezas, gaseosas de litro y una carta de vinos muy clásica. El personal es como un gran ballet en permanente movimiento, atendiendo, limpiando, asesorando correctamente, trayendo los pedidos en apenas unos minutos.

Lo mejor de Los Talas es que se mantiene fiel a sus orígenes y, aunque en el estacionamiento improvisado en la vereda muchas veces se encuentren autos de altísima gama junto a otros más populares, tanto a la hora de hacer la fila –que los fines de semana puede llevar una hora– como al cruzar la tranquera de la entrada, las diferencias desaparecen y todos disfrutan de una buena comida en un espacio bullicioso y familiero. Como si se estuviese en el quincho de un club.

Los Talas del Entrerriano queda en Brigadier Juan Manuel de Rosas 1397, José León Suarez. Teléfono 4729-8527. Horario de atención: lunes a domingo de 11 a 16.30. Viernes y sábados de 20 a 0.30. Sólo efectivo.


En el living de la abuela

Herminia, calidez hogareña en Castelar

“Un lugar donde el tiempo se suspende”, se autodefine Herminia, cita obligada para la gente de Zona Oeste, que desde hace tiempo comenzó a atraer también a otros amantes de las cosas ricas y los lugares bellos. Con nombre de abuela, esta coqueta casa de té busca recrear un mundo íntimo y cálido, donde se mezclan estampas de rayas y flores, obras de artistas que van rotando y decenas de teteras antiguas, todas diferentes, que viajan desde los estantes hasta las mesas cargadas con infusiones reparadoras. Aunque la ambientación tiende a lo femenino, el público es variado: hay mesas de amigas y de madres e hijas, pero también parejas y familias completas que aprovechan los días lindos para sentarse al aire libre.

Herminia tiene dos ofertas fuertes. Uno es su Sunday Brunch, por el cual los domingos por la mañana es complicado conseguir lugar (es conveniente realizar previamente la reserva). Es un desayuno bien tardío: se sirve hasta las 15 y está compuesto por dos infusiones, ensalada de frutas, canasta con medialunas tibias, pastelería del día, yogurt con cereales, huevos revueltos y ensalada Caesar con pollo ($ 165 para dos personas). Otro favorito, que se puede pedir cualquier tarde desde las 15, es el High Tea, perfecto para probar las diferentes tortas en una degustación que se suma a los mini-sándwiches y las tostadas con dulces caseros, entre otras delicias. Para beber, se puede elegir de una completa carta de tés creados por la tea blender Mery Kramer (todo a $ 156 para dos). Para una merienda más medida, las opciones pasan por una sencilla taza de té ($ 16) con una porción de las tortas de la casa, como la Renoir, con base de vainilla, compota de naranjas y esponjoso de té Pu Erh ($ 35), o una selección de scones, biscottis y cookies (desde $ 6 cada uno). Los que prefieren lo salado tienen bruschettas, ensaladas, sándwiches y tartines (desde $ 45).

Al salir de la confitería, todavía queda un ritual antes de despedirse: pasar por Herminia Market. En este local se pueden encontrar los mismos detalles que dan color al espíritu de Herminia: hay velas perfumadas, repasadores con volados, muebles, pastelería. El corazón es el tea shop, donde se consiguen juegos de té artesanales, infusores y todos los blends de la carta en diferentes presentaciones, desde unos frasquitos de vidrio hasta una caja con una degustación completa, pasando por latas con diseños exclusivos. Algunos recomendados: el Taj Mahal y el China Spring. También el Pu Erh Fresh, que funciona excelente para ser bebido bien frío en un día caluroso. Para llevar a casa y repetir el momento placentero.

Herminia queda en Av. Santa Rosa 1727, Castelar. Teléfono: 4458-2097. Horario de atención: lunes de 15 a 20.30; martes a viernes de 8 a 20.30; sábados y domingos de 9 a 20.30.


Fotos: Pablo Mehanna

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