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Domingo, 7 de abril de 2013

VALE DECIR

Y la muerta siguió hablando

Zeng Jia es una estudiante oriental que, para disfrutar la vida, no tuvo mejor idea que simular su propia muerte. O, en honor a la exactitud y con fines espirituales (ninguna estafa al sistema), su funeral. Con el objetivo de poner sus asuntos en perspectiva, la joven de 22 años decidió morir (de mentira) y, en un acto teatral de introspección, organizar su propio velatorio en Wuhan, Hubei, en el centro de China.

Frente a un sentido grupo de allegados que le rindieron su pésame, la ceremonia se realizó el 30 de marzo pasado y, poco después de los llantos, Zeng expresó al China Daily que se sentía muy bien “tras haber salido del ataúd”. Literalmente. “De repente comprendí que la gente invierte mucho tiempo y esfuerzo en los muertos; pero los muertos no pueden apreciarlo”, ofreció la señorita que se inspiró para tamaña (y tenebrosa) idea en el reciente entierro de su abuelo. En ese contexto, se disparó la epifanía.

Según el Daily Express, Jia no escatimó en detalles: contrató a un equipo de artistas cosméticos para que perfeccionaran su mirada muerta (pero viva) y, una vez puesta en el ataúd, pasó una hora quieta mientras los dolientes pagaban sus tributos y rendían su sentido pésame. Si sabían o no que el seudofuneral era una puesta en escena, difícil saberlo; lo único certero es que para el final de las honras no quedaba ninguna duda. Porque, como gesto de autohomenaje total, Zeng abrió los ojos, salió despedida del cajón y pronunció un discurso. Introspectivo, claro.

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