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Domingo, 7 de febrero de 2016

VALE DECIR

LA EDAD DE LA INOCENCIA

Zapatos con GPS que brillan indicando la dirección al hogar; paraguas con sitio para ubicar distintas plantas, amén de regarlas bajo la lluvia; artilugios para practicar darse la mano antes de darse, en efecto, la mano; un tacho que es, además, un xilofón; un colchón con forma de persona echada; un auto íntegramente cubierto de vitrales… En fin, solo algunas de las creaciones del artista e inventor inglés Dominic Wilcox, cuyas piezas suelen oscilar entre el diseño utilitario, la reimaginación de lo cotidiano y, básicamente, el absurdo más ridículo. “Hay que trabajar las ideas sin inhibiciones. Como adultos, estamos cohibidos por el conocimiento de lo que es o no es técnicamente posible. Eso ahoga la imaginación”, esgrime el varón que, para su más reciente proyecto, fue directamente a la fuente del desprejuicio: los infantes. Específicamente, 450 niños de Sunderland y South Tyneside, con entre 4 y 12 años, a quienes impartió talleres con una propuesta rectora: pensar qué querrían mejorar de su día a día, y esgrimir una posible solución para lograrlo. “Puede ser práctico o descabellado”, alentó el buen señor. ¿El resultado? 600 dibujos de invenciones con sus correspondientes explicaciones, de los que Wilcox seleccionó 60 para presentarlos a fabricantes locales, esperando que pudieran ayudarlo a darles forma real. Exponiendo los diseños, dicho sea de paso, con la asistencia de sus propios (y pequeñísimos) creadores, que presentaron, por citar unos pocos casos: un tenedor con ventilador incorporado (para enfriar la comida); una soga que da vueltas sola, para saltarla sin tener que hacer fuerza; un gancho para levantar las papas fritas que se venden en tubos, evitando sumergir el brazo hasta el codo; anteojos que permiten ver hacia atrás; una cámara activada por gritos; una patineta familiar (para pasear en grupo); una maceta con autorriego; un recoge-hojas de jardín; una mano automática que choca los cinco a pedido; entre otras curiosidades. Curiosidades que los mentados fabricantes accedieron a construir, y cuyos prototipos Wilcox recientemente ha expuesto en la exhibición Inventors!, en su Sunderland natal. Una pena que no se comercialicen (al menos, de momento). Después de todo, ¿quién no quisiera comprar una sombrilla para vaquitas de San Antonio? Pocos bichos merecen más sombra y descanso…

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