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Domingo, 14 de febrero de 2010

VALE DECIR

Vale decir

Fichines expresionistas

Brock Davis es un músico y artista oriundo de Marietta, Georgia, en Estados Unidos. Cuenta en su website que desde que aprendió a sostener sus crayones no dejó de dibujar; que veía los avisos en la tele y les decía a sus padres que podrían ser más divertidos; y que terminó dedicándose a la publicidad, como director creativo de la agencia Carmichael Lynch.

En 2009, en el sitio web de fotos Flickr, desarrolló un proyecto llamado Make Something Cool Every Day (“Hacer algo cool cada día”) y lo llevó a cabo desde el primer día del año hasta el último. En ese periplo reinventó los clásicos juegos de video Donkey Kong, Missile Command y Dig Dug, para mostrarlos como obras de arte. En los originales se podían ver los píxeles en la pantalla; aquí no se distingue ni uno.

Takeshi Kuwabara se enamoró casi sin darse cuenta. La conoció a Rie Isohata entre las góndolas de un supermercado, en Tokio, y le preguntó si sabía dónde conseguir una buena cheesecake. Al poco tiempo eran amantes. El marido de ella consiguió una fotografía de la pareja entrando a un hotel alojamiento y eso provocó el divorcio, en noviembre de 2007. Pero Takeshi y Rie ya estaban enamorados; él guardaba celosamente su terrible secreto.

Según el periódico Times Online, los japoneses odian las confrontaciones directas, a tal punto que dieron lugar a una insólita profesión: Takeshi Kuwabara no era más que un wakaresaseya, algo que literalmente significa “alguien que rompe una relación”.

El señor Isohata –el marido de Rie– quería divorciarse de ella, pero evitándose los detalles desagradables. Entonces contrató a una agencia de entre las centenares que existen en Internet y consiguió alguien que enamorara a su mujer. Por eso supo con exactitud cuándo enviar un fotógrafo a la puerta del hotel: Takeshi le había dado todos los detalles.

A veces son los padres los que emplean estas agencias, para alejar a un pretendiente indeseable de sus hijos. Otras veces se usa como práctica de negocio, para obtener una forma de chantaje y asegurarse que un empleado renuncie sin más complicaciones. Incluso lo utilizan las mujeres cuyo marido es infiel; contratan una wakaresaseya que enamore a su competencia y las aleje de su esposo.

En abril del año pasado, la verdad salió a la luz y Rie supo quién era Takeshi. El no pudo convencerla de que no hizo más que encerrar una mentira dentro de otra hasta que no tuvo dónde esconderse, pero que la única verdad era que la amaba. Ella quiso dejarlo y entonces Takeshi, en un momento de terrible locura, la estranguló.

Fue condenado a 17 años de prisión, en un juicio que sacó a la luz esta industria de “rompehogares” y que hace que, de golpe, todos estén acordándose de la ética.

Los hombres, según parece, son el objetivo más fácil. Contó uno de estos cupidos al revés: “Nunca se dan cuenta de que hay algo raro cuando, a pesar de que ya son gente grande, una mujer hermosa de veinte años enloquece por ellos”.

Los suizos no inventaron nada

En Cambridge, Gran Bretaña, en el Museo Fitzwilliam, hay una nueva exhibición de antigüedades romanas y griegas. Uno de los objetos que se pueden ver es un cortaplumas multiuso, como los que hacen los suizos (pero que data del año 200 después de Cristo).

Los expertos dicen que el artefacto debe haber pertenecido a un viajero de buen pasar, que seguramente lo mandó hacer para él. “No sabemos nada acerca del dueño de este ingenioso cuchillo –declaró al Daily Mail un vocero de la muestra–. Pero quizá fue uno de los que se beneficiaron con la expansión de Roma.” El experto luego agregó que “se han encontrado otros cuchillos plegables, menos elaborados, hechos en bronce, pero la complejidad de éste, y el hecho de que esté forjado en plata, lo convierten en un artículo de lujo”.

Excavada hace veinte años en el Medi-terráneo, esta navaja-suiza-pero-hecha-por-los-romanos tiene, además de una cuchilla de acero, una cuchara, un tenedor, una estaca retráctil, una espátula y un pequeño escarbadientes.

Tuvieron que pasar muchos años hasta que, en 1897, Karl Elsener creara los cortaplumas suizos con múltiples utensilios. En realidad ya estaba hecho: las cosas se reinventan una y otra vez después de que caen bajo el olvido, y quedan sepultadas bajo el peso de la historia.

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