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Domingo, 26 de septiembre de 2010

VALE DECIR

En el nombre del padre, del hijo y de los siete tentáculos

Guy Consolmagno tiene como profesión un curioso oxímoron: es un científico del Vaticano, uno de los astrónomos del Papa, según dice The Guardian. Las vueltas de la vida: donde antes los tiraban en la hoguera por decir que la Tierra gira, ahora los emplean.

Este hombre se interesó en la ciencia tras haber leído una cantidad suficiente de ciencia ficción. Es el curador de la colección de meteoritos del Papa, además de astrónomo y planetólogo en el observatorio de la Santa Sede. Y desprecia las teorías de diseño inteligente, la versión seudocientífica del creacionismo: “Es mala teología, ya que vuelve a convertir a Dios en el dios pagano del trueno y el rayo”.

Consolmagno dice que le encantaría que hubiera vida inteligente entre las estrellas. “Cualquier entidad, sin importar los tentáculos que tenga, tiene un alma”, declaró. Esto fue durante una charla en una universidad y cuando le preguntaron si bautizaría a un extraterrestre, él dijo que sí, claro, pero “sólo si lo pide”.

¿De dónde habrá salido lo de los tentáculos? ¿Qué sabe el Vaticano que no comparte? Si el día de mañana aterriza una nave espacial y bajan unos pulpos galácticos, quizá sean ellos los que compartan a los humanos a su propia religión; o si no, simplemente exterminarán a la raza humana, confiados en que su propio dios tentacular los acogerá en su cielo.

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