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Domingo, 26 de octubre de 2014

CINE. SE ESTRENO ANNABELLE, LA PELICULA SOBRE LA MUñECA MALDITA DE EL CONJURO

JUGUETES PERDIDOS

 Por Mariano Kairuz

“Desde los comienzos de la civilización, las muñecas han sido amadas por los niños, codiciadas por los coleccionistas y utilizadas por grupos obsesionados por lo oculto como conductos para el Bien y el Mal.” Esto reza, más o menos (la cita es de memoria), una placa al comienzo de Annabelle, la película de la muñeca maldita con cuya historia-testimonio arrancaba El conjuro, el mayor éxito del cine de terror del año pasado, para sumergirnos a continuación en un argumento que recicla sin sutilezas de ningún tipo cuestiones ya vistas en muchos films clásicos de terror, logrando al menos un par de escenas efectivamente espeluznantes. Ambientada en 1969, hay referencias directas al clan Manson, un embarazo (y luego un bebé) amenazado por fuerzas diabólicas, un edificio con sótano aterrador: es decir, todo va entre el afano y el homenaje a El bebé de Rosemary. Homenaje, digamos: los recién casados protagonistas se llaman John y Mia (como Cassavetes y Farrow, ¿se entiende?). Aunque también hay elementos y conceptos tomados sin mucho disimulo de El exorcista, en especial en el personaje del párroco local, claro, pero también en la librera que interpreta Alfre Woodard. Aunque su particularidad, que es esa muñeca de porcelana que le da título a la película, y que antes de estar poseída ya inspira bastante miedo (por su mirada fija, un detalle que hace que muchos bebés de plástico presuntamente tiernos y destinados a los chicos suelan ser igual de inquietantes; por su color pálido, por esa sonrisa a medias, la mueca de unos labios pintados de carmín oscuro), también pertenece a una tradición narrativa con varios avatares cinematográficos famosos. Acá van los cinco –y yapa– más interesantes para revisitar o iniciarse.

1 Chucky. El muñeco pelirrojo del jardinero y la remera a rayas es el protagonista de la saga moderna de juguetes poseídos más exitosa. La creación del guionista Don Mancini arrancó su carrera criminal en 1988 con Child’s Play (Chucky, el muñeco diabólico, 1988), más específicamente con la escena en la que el estrangulador serial Charles Lee Ray (el gran Brad Dourif, actor de Argento y Herzog) es abatido por la policía en una juguetería y, justo antes de expirar, utiliza sus conocimientos de vudú para transferir su alma putrefacta a un nene de goma inspirado en los famosos y rechonchos Cabbage Patch Kids. El bebote embrujado se convierte en el regalo que una madre le hace a su pequeño, desatando, cómo no, el desastre. Las primeras tres películas eran muy serias a pesar de la limitada credibilidad de todo el asunto y causaron cierta controversia, acusadas de promover la violencia infantil. A partir de La novia de Chucky (1998), la serie adquirió un giro paródico y autoconsciente, que amplió su público y lo convirtió en un producto de culto que ya lleva seis films en total, con El hijo de Chucky y Curse of Chucky. Ahora, Mancini ha dicho que le gustaría filmar un encuentro entre Annabelle y el pelirrojo de goma. Se ha formado una pareja.

2 Dead of Night. Uno de los antecedentes más célebres de este tipo de argumentos corresponde a esta película inglesa de 1945, estrenado por acá como Al caer la noche, y que suele figurar en las listas de mejores films de terror de todos los tiempos. Un arquitecto (Mervyn Johns) narra a un grupo de invitados reunido en su casa una serie de historias sobrenaturales que se le aparecieron en sueños premonitorios, dando forma al relato de antología que dirigieron Alberto Cavalcanti, Charles Crichton, Basil Dearden y Robert Hamer. La última de estas historias –dirigida por Cavalcanti– es la que protagoniza un ventrílocuo desequilibrado (Michael Redgrave), convencido de que su inmoral muñeco parlante está vivo de verdad.

3 Fats. Y hablando de muñecos de ventrílocuo, si hay un subtipo particularmente inquietante dentro del género “muñecos asesinos” es justamente ése, y no sólo porque los chirolitas de madera suelen ofrecer una mezcla perturbadora de ilusión de vida y juguete inerte sino porque siempre sospechamos un poco de esos Mr. Chasman que han elegido transferir parte de sus personalidades a sus compañeros de madera. Dirigida por Richard Attenborough sobre una novela de William Goldman adaptada por su propio autor, Magia (Magic, 1978) explotó esta patología con mucha efectividad, el asunto de quién-está-manipulando-realmente-a-quién. El ventrílocuo era un joven Anthony Hopkins; Ann-Margret, su interés romántico; y obviamente el que tiraba de los piolines era el muñecote malhablado y violentamente celoso Fats. Magic tenía un antecedente: la inglesa Devil Doll (Lindsay Shonteff, 1964), sobre un hipnotizador que vuelca en su muñeco Hugo el alma de su asistente asesinado por él mismo.

4 Amelia. A mediados de los ’70, Dan Curtis, el creador del inolvidable Kolchak, dirigió un telefilm titulado Trilogy of Terror, con guión de dos grandes escritores de literatura y cine fantástico: William F. Nolan y Richard Matheson. Karen Black interpreta en él a cuatro personajes en tres historias, la última de las cuales –y la que nos convoca– es “Amelia”, sobre una muñeca Zuni, suerte de esculturita de guerrero aborigen, con dientes afilados y lanza, que contiene en su interior el espíritu de un auténtico cazador de esa tribu, contenido únicamente por una cadena dorada. La cadena se cae, por supuesto, y el coso se libera, cobra vida, se roba un cuchillo, ataca a Amelia (Black) y la posee. Nolan y Curtis hicieron una segunda trilogía en 1996 y volvieron a adaptar el mismo cuento de Matheson (“Prey”, de 1969). Hubo muchos otros muñecos malditos televisivos, y en una lista de esenciales no deberían faltar ni el film Lights Out, del ’72, ni los episodios “Living Doll” (“Muñeca viviente”) y “The Dummy” (sobre un muñeco de ventrílocuo que busca venganza cuando lo reemplazan), ambos de la temporada 1959 de La dimensión desconocida; ni su parodia en Los Simpson, donde un pequeño payasito Krusty intenta matar a Homero. ¡Ouch!

5 Puppet Master y la clase B de video. Probablemente nadie explotó la fantasía del muñeco maldito como la productora Full Moon Video en los ’80. En Dolls (1987), de Stuart Gordon, un grupo de personas atrapadas en una mansión durante una noche tormentosa se las tienen que ver con dos jugueteros mágicos y su colección de muñecas encantadas. Pero la saga más importante de la compañía es sin duda Puppet Master, con sus marionetas animadas por un maleficio egipcio, que debutó en el mercado del video en 1989, y dio nueve secuelas y cruces con otra serie de la misma gente: Demonic Toys. En la misma vena varicosa hay otros títulos como Doll Graveyard (Cementerio de muñecas, de Charles Band, 2005), Black Devil Doll (2007), la coreana The Doll Master (2004), Dolly Dearest (1991, sobre una familia que muda su fábrica de muñecas a México, en el terreno de un antiguo cementerio, con las consecuencias esperables), y La venganza de Pinocho (1996). Puro trash, indigno de la refinada, nacarada y espantosa Annabelle.

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