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Domingo, 8 de marzo de 2015

VANDALISMO ESTÉTICO

ARTE CALLEJERO Estudió con Oscar Smoje y trabajó en agencias de publicidad, pero en un momento el artista que sólo se conoce como RRAA en acción decidió dedicarse sólo a intervenciones urbanas. Primero fueron los rostros en publicidades callejeras, intervenidos con colores plenos, rosa y celeste, una especie de igualación. Siguieron viajes, galerías y máscaras. Pero RRAA sigue trabajando en la calle y su proyecto, dice, va en contra del bombardeo y el abuso publicitario, es una forma artística de distracción.

 Por Walter Lezcano

Las que vivimos son épocas de estimulación constante donde los medios y los soportes parecen atrapados en redes de comercialización que no dejan lugar a la sensibilidad ni a lo racional. Sin embargo, mientras todos los espacios físicos y virtuales son ganados por la imposición del consumo, hay artistas que tratan de demostrar que los territorios son de aquellos que pueden resignificar la idea de lo que se exhibe como mercancía. Es decir, donde hay público siempre hay posibilidades de atrapar miradas y trastrocar los lugares comunes. Y no hay espacio más público que la calle. Ahí es donde trabaja un artista urbano que no se deja fotografiar, no firma sus obras, aunque son reconocidas, y que responde al nombre de RRAA.

Mucho antes de convertirse en un artista urbano, RRAA era un niño a quien sus padres llevaban a distintos talleres: dibujo, escultura y pintura. “Era una cuestión de estímulo. No tenía pensado ser artista ni nada parecido: las disfrutaba, pero eran un hobby”, dice RRAA. Después siguió por su cuenta de manera autodidacta. Se compraba todos los materiales y pintaba en su casa. Una vez que terminó la secundaria se cruzó en su camino Oscar “el Oso” Smoje, el actual director del Palais de Glace. Cuenta RRAA: “Fui a su taller y con él hice principalmente dibujo y trabajábamos mucho en las líneas. Pintura hacía en mi casa y le llevaba los trabajos para que los viera. Con Oscar lo que aprendí, principalmente, fue que una línea era mucho más poderosa de lo que yo pensaba”. A pesar de esto, todavía RRAA, que por ese entonces admiraba y estudiaba las obras de Andy Warhol, Jorge De la Vega y Marcel Duchamp, no estaba muy seguro de querer dedicarse al arte. Por eso se formó en publicidad y fotografía para tener un modo de ganarse la vida. Pero algo salió mal: “Trabajé mucho tiempo en agencias. En un momento me saturé de la publicidad. Es un mundo muy demandante, muy esclavizante, muy engañoso. Tenía roces internos con los ejecutivos de cuenta y me di cuenta de que podía usar la creatividad en otras cosas”.

Lo que RRAA venía pensando hacía tiempo era producir algo que fuera contra el sentido de la publicidad. Esto no quiere decir que planeaba boicotear ni atacar la publicidad: “Lo que quería era abordarla de un modo alternativo”, dice. Y ahí apareció la calle.

Lo primero que se le ocurrió fue intervenir un rostro: “Fue una noche de verano, paseando con mi perro, y vi un afiche, igual que cualquier otro. No sé por qué me detuve en ése. Me lo quedé mirando. Y en un momento me bajó la imagen de la cara intervenida. Volví a mi casa, agarré una lata de pintura amarilla y un pincel. Fui, pinté la cara, le saqué una foto y regresé a mi casa”. Era finales del 2011.

La intervención de rostros en publicidades callejeras, que se pasó al rosa y al celeste sin que por esto tuviera connotaciones de género, comenzó a llamar la atención: primero en su barrio y luego en algunos medios de comunicación. Y empezaron a surgir las interpretaciones: era punk, era antisistema, era antiglobalización. El tiene la suya: “Me di cuenta de que las caras que aparecen en los afiches, cuando son aspiracionales más que nada, parecen que son intocables, inalcanzables. Y en realidad esa cara puede ser reemplazada por cualquier otra. De alguna manera somos todos humanos, y tenemos experiencias comunes. Me parecía interesante borrar los rasgos de la cara, dejarla en un pleno y que pueda ser reemplazada por otra. De alguna manera me resonaba, sin ser religioso, la frase que dice: ante los ojos de Dios somos todos iguales. De alguna manera borrar o desenmascarar ese rostro que aparecía en la vía pública era poner en el mismo lugar a la obra y al que veía el afiche”.

Con un trabajo que había adquirido cierta visibilidad y reconocimiento público, RRAA, que ya había dejado la pintura tradicional, se dio cuenta de que no podía quedarse en los rostros. Así que decidió darles vida. “A partir de una muestra en un evento logré que los rostros salieran de los afiches y se convirtieran en máscaras. De alguna forma le di vida a eso que estaba en un plano 2D y pasó a estar con el público. Después me fui a Nueva York y me sacaba fotos con las máscaras, lo que significaba que estos personajes no sólo habían cobrado vida sino que también viajaban.”

Después aparecieron las frases desperdigadas en distintos barrios de Capital Federal en espacios vacíos destinados a afiches publicitarios. Algo que estaba muy ligado a los rostros porque es su discurso, su mensaje. Era un arte muy efímero porque la frase era cubierta muy rápidamente por una publicidad. Pero RRAA no se detuvo porque quería que su trabajo, que puede relacionarse con el de Banksy, Shepard Fairey y el argentino Diego Roa, se propagara: “Para que el trabajo pueda viajar, digamos, y llegar a más lugares intervine los billetes: pesos y dólares. Es otro soporte para propagar la obra”.

El arte urbano de RRAA ya recorrió varias galerías de Argentina, incluyendo una muestra en el Arte BA, y del exterior. No se quedó sólo en la calle. Aunque ahí sigue, donde empezó todo.

Alguien le dijo alguna vez que lo que él hacía era vandalismo estético. Le causó mucha gracia y a la vez le pareció un concepto brillante. Así que, cuando le preguntan qué hace, el responde eso: hago vandalismo estético. Pero no se queda sólo con esa explicación; RRAA, con un concepto claro de su obra, sabe que sus intervenciones trabajan en varios niveles: “Lo que me gusta es tocar fibras sensibles. Y encuentro que la comunicación tiene mucho de eso. Y la comunicación aplicada a la vía pública tiene más todavía. Siendo algo tan sencillo, hasta lo puede hacer un nene de cinco años, se pueden tocar muchas fibras sensibles. Y para mí tiene un grado de cuestión artística pero otro lado de cuestión social. Digamos que ahí es donde hace más sentido mi trabajo. No voy en contra de las marcas ni la globalización, sí en contra del bombardeo y el abuso publicitario. La intervención de los rostros empezó por ahí. Generar una distracción frente a tanta publicidad. Que el que ve mi laburo se corra del eje de atención del mensaje imperativo.”

Para ver el trabajo de RRAA: facebook.com/untalrraa instagram.com/untalrraa

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