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Domingo, 22 de marzo de 2015

PAPELES TUCUMANOS

PINTURA La nueva, breve y contundente muestra de María Ferrari, Fósil salvaje, deja clara su formación en la escuela de pintura sin lujos de Tucumán, pero también presenta un estilo muy introspectivo y reconcentrado, con obras terminadas in situ que incluso exceden la tela para invadir la pared.

 Por Claudio Iglesias

Hay dos pinturas enfrentadas, clavadas en la pared. Y a simple vista hay de todo lo que cabe en el cuadro de una pintora argentina de nuestro tiempo: color de pomo desparramado por todos lados, algunas capas más lavadas, dos protagonistas (el ocre, el cian), salpicaduras; en definitiva, una tenida larga frente a la imagen, llena de arremetidas y dudas. Pinturas terminadas in situ, dejando manchas en la pared. ¿Un ejercicio de expresión corporal frente al cuadro? ¿Abstracción aeróbica, para ser catalogada con otras tantas dinámicas de brazo, cadera y espalda, como la reeducación postural y los pilates? Se ve el ida y vuelta (corto, vuelvo, sigo) y el clásico problema escolar de cuándo terminar un cuadro abstracto. (Casi siempre, cuando el profe dice, tomando a la alumna de la cintura: “Ya está, lo dejamos así”),

Pero al mirar más de cerca, o más de lejos, en las dos obras que presenta Mariana Ferrari aparecen pequeños indicios pareidólicos, fragmentos de figuras resueltas, patas, orejas, pelos de araña. El brazo y la musculatura escapular de la pintora le ceden el rol principal a la mano o, mejor todavía, al ojo engañador. Se llegan a ver un perrito, un chancho, un caballo. Finalmente, se incorporan dos figuras de pie, cerca de un río. Toda esta literatura oculta en la abstracción gestual, y más específicamente en la variante aeróbica de la abstracción gestual, es linda de sonsacar y es coherente con la obra previa de Ferrari. Por material (papel más que tela, específicamente papel Kraft tucumano, rudimentario, fuerte y opaco) y por escuela: Ferrari se formó en Tucumán, en la escuela de una pintura sin lujos, con una inclinación por la animalada salvaje y la narración buscadamente simplota. (La escuela tiene, a la fecha, su líder indiscutido en Máximo Pedraza.) La variante del expresionismo aeróbico, en cambio, tiene cabida más que nada en Buenos Aires, como ciertas heladerías, de avenida Rivadavia hacia el norte. Los parecidos duran poco: pasados unos minutos, estamos frente a dos escenas bien discernibles: Lavanderas en el río (3,40 x 2,60 m.) y Madre e hijo (2,50 x 2,70). Los títulos tienen que venir al final, como pasaba en algunas de las partituras, también pareidólicas, de los músicos impresionistas y simbolistas.

Pasa en estos cuadros grandes algo inverso a lo que ocurría en los cuadros que Ferrari presentó en arteBA, en 2009, o en su muestra en el Centro Cultural Recoleta, en 2011. El aguerrido papel tucumano ya funcionaba como soporte de un color fuerte, muchas veces saturado y parco; así es que Ferrari podía pintar un perro amarillo o un caballo verde con pocos golpes decididos. Es que Ferrari es eficaz para dibujar con el pincel en marcha, con una energía que dejaría fuera del ring a sus hermanas del expresionismo aeróbico (si se le animaran a un visteo). El pulso y el color noqueador venían siempre después, con una figura bien literal que empezaba a desacoplarse en el trazo. En estos trabajos recientes, en cambio, uno primero accede a la mancha y al deporte fricativo de la materia; el árbol, los retratos, el río y lo que podría ser una quebrada tardan en llegar y necesitan que el espectador les abra la tranquera.

Pinchar, entonces, el cuadro sobre la pared y mancharla desbordando el papel es casi un desvío distractivo en una pintura muy introspectiva y reconcentrada, donde nada excede la imagen. El término que ocasionalmente usó Ferrari para referirse a su trabajo es “desviacionismo”, de prosapia soviética. Aunque otro concepto de la Diamat podría ser más útil al caso, al pasar: “el fenómeno es resultado de la lucha práctica”.

Fósil salvaje, de Mariana Ferrari, se puede visitar en Big Sur, Carlos Calvo 637, de miércoles a domingo de 16.30 a 20.

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LAS LAVANDERAS EN EL RIO, TÈCNICA MIXTA SOBRE PAPEL, 2.85X 2.60
 
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