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Domingo, 26 de julio de 2015

MUSICA ROISIN MURPHY

RITMO DE LA NOCHE

En los años noventa fue una reina de la pista de baile como la voz de Moloko, la banda de pop electrónico que lideró durante una década. Ahora Róisín Murphy tiene su carrera solista y, después de una larga pausa, acaba de lanzar su tercer y sofisticado disco, Hairless Toys, que propone climas más contemplativos y experimentales, incluso oscuros, en un cambio bastante sorpresivo.

 Por Andrea Guzmán

“Empecé a hacer música casi por accidente”, cuenta Róisín Murphy al teléfono, algo extrañada al rememorar su primera banda hace exactas dos décadas. A pesar de que ya es una cantante consagrada y referente del pop electrónico que brilla por si sola, se planta con un aire pensativo y pausado cuando habla sobre su historia en Moloko, el dúo que encabezó junto a Mark Brydon durante diez años. “Es raro para mí siquiera recordar esa etapa por su intensidad, la banda nació también de una relación amorosa larga. No fue sencillo al principio, yo no había incursionado nunca en la música, pero fue muy natural hacerlo”, cuenta Murphy desde su casa en Inglaterra, donde, al contrario de lo que se puede pensar por su glamoroso perfil, lleva una vida bien familiera y se encuentra pasando el verano previo a una extensa gira europea. La diva de la pista de baile de los años ’90 acaba de lanzar el ambicioso Hairless Toys, su tercer disco de larga duración como solista, un trabajo que se distingue de los anteriores y se arriesga con una propuesta de digestión más compleja. Atrás quedó la inagotable pista de baile que proponía con Moloko, esa mezcla indecisa y astuta que se encaminaba en el trip hop con matices funkeros y el pop al servicio de inventivas canciones bailables. Propuesta que había encontrado cierta continuación en sus dos anteriores discos solistas Ruby Blue (2005) y Overpowered (2007) y que ahora con una orientación más dada a canciones inquietantes e introspectivas y en completo control de la estética e impronta audiovisual de la obra, se posicionó como un elogiado regreso del año. “En mi carrera solista tengo más responsabilidades y mucho trabajo que hacer, puedo permitirme ser multidisciplinaria y eso me parece fascinante.”

La historia es conocida por los fans; en una fiesta a mediados de los noventa, una impetuosa y jovencísima Murphy se le acercó a Mark Brydon –que ya venía trabajando como productor musical– con una frase bien directa: “¿Te gusta mi sweater ajustado? ¿Te gusta cómo se adapta a mi cuerpo?”. Esa fue la frase que se convirtió en el título del primero de sus cuatro discos de estudio, en el gen de su relación amorosa y en el inicio de una carrera que ya ha formado a Murphy como cantante versátil y de despliegue interpretativo admirable. Hits como “Fun for Me” y “Sing it back” que tanto moldearon la escena de la música dance noventera, letras divertidas e ingeniosas y el excentricismo de su propuesta visual y sonora catapultaron a la banda al éxito. Y luego de su separación a principios de los 2000, con Róisín convertida en un verdadero ícono fashion y experimentada compositora, era hora de iniciar una aventura propia: dos celebrados álbumes de estudio, un curioso EP –muy a su estilo– de reversiones de clásicos italianos y el nacimiento de dos hijos. “Eso puede demandarte un montón de tiempo”, se disculpa riendo del otro lado de la línea, cuando su voz se apaga por la de unos nenes jugando a los gritos junto al teléfono. Y por eso también explica la cantidad de tiempo que pasó desde el lanzamiento de su último disco en el 2007. Tiempo en el que se concentró en su vida familiar, estuvo en colaboraciones con gente como David Byrne y Fat Boy Slim, y se replanteó ciertos aspectos de su carrera. “Me encanta hacer música pero realmente amaría hacer películas”, se entusiasma.

El sofisticado Hairless Toys es el primer disco larga duración que Murphy lanza en 8 años y con él regresa convertida en una auténtica diva sombría y perspicaz. Quizá la obra punta de su carrera en solitario y también la que se anima a explorar territorios más crípticos y complejos, fue producida de la mano de Eddie Stevens, viejo amigo y compañero de algunas producciones de Moloko –también ligado a los trabajos de Sia Furler y Zero 7– que resulta una de las verdaderas revelaciones de este trabajo. La unión consigue un disco sugestivo y de ambientes que elige dar un paso bien lejos de la electrónica orientada a la pista de baile y se sumerge en su corriente más contemplativa y experimental. “Es la primera vez que hago un disco completo con Eddie pero trabajamos juntos haciendo música hace 20 años, por lo que el proceso fue de mucha intimidad y se nota en el resultado. Es un tipo muy virtuoso y muy profundo. Me gusta la música bailable pero Eddie hace cosas más oscuras, intenté ir a la par escribiendo letras que acompañaran estas canciones tan sombrías y reflexivas”, dice Murphy. Se trata de un disco inteligente que resiste muchas escuchas encontrando elementos nuevos cada vez. Con una impronta de sintetizadores bien oníricos y existencialistas que invitan más a la introspección que al hit bailable de discoteca –algunos de los temas duran casi diez minutos– por momentos inaccesibles pero realmente cautivadores. De una diosa del espectáculo que se pregunta “¿Quién está explotando a quién?” en el single “Exploitation”, a una canción inspirada en el documental Paris Is Burning –sobre la subcultura drag de la comunidad negra y latina en la Nueva York de los ’80– en “Gone Fishing”, transita el universo decididamente visual y meditativo que propone Murphy para su Hairless Toys.

Los videos de ambos singles cuentan con una propuesta plástica bien definida y fueron protagonizados y dirigidos por Murphy –que ante todo se considera una artista visual– y que por primera vez se animó a incursionar en la realización de imágenes propias para sus canciones. Ya sea en el kitsch “Evil Eyes” con referencias a Persona de Ingmar Bergman, donde una prístina ama de casa de suburbio va perdiéndose lenta e inquietantemente en la demencia, o como una diva en “Explotaition”, que a la manera de la Gena Rowlands de Opening Night se ve sumida en ciertas brutalidades de la industria y del amor, ambos videos reflexionan sobre las complejidades femeninas, las exigencias del proceso artístico y la violencia en ambas situaciones. “Me parece un poco shockeante pensarlo”, dice Murphy. “Creo que es absolutamente cierto, no lo había pensado pero ambos son profundamente femeninos, sin embargo no quisiera atascarme sólo en eso. Ambas son historias sobre temas en los que pensado últimamente y fue muy natural para mi hacerlo y poder dirigir y pensar yo misma los videos. Es muy bueno estar de vuelta.”

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