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Domingo, 30 de agosto de 2015

FAN > “COME AS YOU ARE”

COMPAÑERO DE ADOLESCENCIA OSCURA

FAN Un músico elige su canción favorita: Sol Marianela y “Come as You Are”, de Nirvana

 Por Sol Marianela

Durante mi vida escuché mucha música. Mi educación musical fue a base de cassettes copiados que heredé de un ex padrastro genio que tuve y de otros tantos que me pasaban mis amigos. Hasta que en 2006 más o menos, el grabadorcito que me había regalado mi novio de aquel entonces me enganchó una cinta pirata de Nirvana. Ese grabador era lo único que tenía para escuchar música, aparte de un combinado y sólo dos vinilos. Me enfurecí. Muchos no conocen mi lado oscuro, pero como buena escorpiana, lo tengo. Agarré una masa que había adentro del hogar –que funcionaba también como guarda cosas– y lo molí a golpes. El grabador estuvo expuesto en una esquina del living junto a la escoba un par de días; me gustaba contarles a mis amigos la anécdota de cómo había defendido mi cassette favorito.

Por aquellos años escuchaba muchísimo Nirvana.

Resulta que yo soy de Villa Gesell. Para el que no conozca o no haya visitado en invierno, le cuento. Villa Gesell es un pueblo de la costa atlántica, no tan fashion como Pinamar, ni tan movido como Mar del Plata. Es más bien hippie, musical, introvertido. Eso me gusta, pero en invierno también se vuelve oscuro e intimidante.

En mi casa no hay gas natural, así que por las mañanas iba a juntar piñas, ramitas... Incluso en una época trabajaba fabricando botones de madera en el bosque, y al terminar con mi amigo Facu agarrábamos la sierra y cortábamos acacia seca para llevarnos a casa. Si queríamos calefacción nos la teníamos que auto proporcionar.

Una de esas tardes volvía en el colectivo 504 –el único que hay en Gesell– con mi mochila de campamento llena de leña, y en el mismo bondi viajaban otras chicas como de mi edad pero con una vida muy distinta. Uniformes de colegio privado, pelo hermoso y perfumito. Yo con olor a humo porque siempre cortábamos el trabajo a la hora del almuerzo y hacíamos un fuego en el bosque para cocinar. Mi ropa con aserrín, el pelo corto y secundario incompleto a fuerza de tanta mudanza. La verdad me sentía horrible y muy diferente; algunas de esas chicas habían sido mis compañeras del jardín de infantes, cuando todavía no se vislumbraba lo diferentes que iban a ser nuestras vidas.

¿Vamos entendiendo el porqué de mi afinidad con Nirvana?

Kurt Cobain era de Abeerden, un pueblo de Seattle. Pequeña ciudad de leñadores, madera, bosque y aburrimiento. Donde si querías tocar o armarte una banda estabas perdido. Igual que en Villa Gesell. Y él siempre se sintió sapo de otro pozo. Flaco, feo y avergonzado de sí mismo. Encontré en Kurt un compañero. El ya estaba muerto, pero yo sentía que me acompañaba todo el tiempo en mi soledad e incomprensión. Por eso fue tan jodido para mí cuando el grabador me enganchó la cinta, la escuchaba todos los días.

No tengo idea cómo pasó pero en algún momento se ve que conseguí algo más moderno para reproducir música y me empecé a comprar CD. Para un cumpleaños me regalaron In Utero y Nevermind, dos personas diferentes que no eran amigas entre sí y no me habían preguntado qué quería –bastante evidente cuál era mi banda favorita–. Y el año pasado, de viaje por Barcelona (al final mi vida mejoró un poco), me topé con Bleach en vinilo y me lo compré sin pensarlo dos veces. Ahora lo escucho en MP3 porque el disco me vino con descarga digital gratuita. ¡Cómo cambian los tiempos!

Hoy por hoy mi canción favorita de Nirvana es “Come as You Are”. En verdad es muy difícil elegir una sola. Pero “Come as You Are” es especial en muchos sentidos. Por empezar, es la primera canción que recuerdo haber escuchado de Nirvana, y además es el primer riff que debemos haber tocado muchos en guitarra o bajo. Es gracioso porque, según se dice, fue “tomado” de una canción que nunca había escuchado hasta hoy que la intriga me hizo llegar a YouTube. Es una banda que se llama Killing Joke. Y bueno, sí, el riff es parecido.

Pero lo importante es todo lo que viene después para sumarse a la guitarra cargada de chorus. Cuando entra la batería junto con el bajo, basta un compás y ya aparece la voz de un Kurt casi optimista. Básicamente diciéndote que ya fue, que no importa nada. Que vengas como sos, como sea que seas. Wau. Nunca nadie te aceptó tanto de una, o al menos no cuando sos un adolescente oscuro y acomplejado que siente que no encaja en ningún lado. Entonces llega Nirvana para decirte que sí, que ahí encajás, con ellos, con un montón de otros pibes y pibas del mundo que hace más de 20 años siguen encontrando su lugar en un universo paralelo creado por la música y la poesía de estos tres tipos de un pueblo maderero.

Nirvana me acompañó y me sigue acompañando. Ahora ya no los escucho todo los días pero sigue siendo igual de emocionante cuando entro a algún lado y está sonando una de sus canciones, como el primer día.

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