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Domingo, 24 de abril de 2016

OPERA > LA FLAUTA MáGICA

LA MÚSICA DE LAS ESFERAS

Con régie de María Jaunarena, que ya había asombrado con sus puestas de Medea de Cherubini y de Otra vuelta de tuerca de Britten, Juventus Lyrica presenta su primera adaptación infantil: una versión condensada, en castellano y a precios más que accesibles de La Flauta Mágica de Mozart, ideal para la iniciación de neófitos de toda edad. El compositor se hace presente en esta puesta que subraya los principios humanitarios del texto original, su relación con la mitología, la alquimia y el hermetismo, sin desatender el humor, la aventura y especialmente el cuento de hadas.

 Por Guadalupe Treibel

Suele decirse que no hay mejor modo de iniciarse en la ópera que con La Flauta Mágica, ese singspiel en dos actos que Wolfgang Amadeus Mozart estrenó en 1791, dos meses antes de su muerte y que, desde entonces, ha sido largamente representado. En esta oportunidad, nada mejor que hacerlo de la mano de María Jaunarena, la joven y consagrada régisseuse que no cesa de deslumbrar puesta tras puesta (Otra vuelta de tuerca, de Britten, Medea, de Cherubini, Las bodas de Fígaro, de WAM), tomando decisiones sumamente creativas que rinden en cada ocasión. El último reto: adaptar La Flauta… al español en una versión condensada para niños, con narrador, que vibre al son de las gloriosas melodías. Reto del que esta directora escénica de Juventus Lyrica –formada en teatro, danza, música, artes visuales, que comenzó como gestora, fue asistente y hace las veces de notable vestuarista–, sale invicta, potenciando el misterio, la gracia, la belleza y el humanismo de la pieza.

“La Flauta Mágica tiene todos los condimentos de los grandes cuentos de infancia que forman parte de nuestra historia cultural: el príncipe está perdido, lo persigue una serpiente-dragón; alguien raptó a la princesa y la encerró en su castillo; hay una reina todopoderosa...”, enumera Jaunarena sobre una obra que, además de ser una historia de iniciación, es –en uno de sus niveles– un cuento de hadas. Los protagonistas Tamino y Pamina pasan por una serie de pruebas con la ayuda de un elemento mágico (la flauta, la música), que les permitirá alcanzar la virtud, el amor y la sabiduría. Acompañados por el simpático tarambana Papageno (más preocupado por encontrar novia que por lograr la iluminación), sortearán los obstáculos que ponga una empeñada malvada de la Noche, es decir de la Oscuridad, y en el ínterin aprenderán el valor del esfuerzo, del conocimiento, de la fraternidad, entre otros nobles ideales.

Ya en 2013, Juventus había presentado la pieza en su temporada oficial, con dirección escénica, actoral y vestuario de Jaunarena, y escenografía e iluminación de Gonzalo Córdova; puesta que, por cierto, les valió un premio ACE. Con renovada intención y en el marco del ciclo Vamos a la música de Fundación Konex, la dupla vuelve al ruedo, con las modificaciones pertinentes y algunos cambios en el elenco. “Conservamos la estética de la puesta original, sumando, entre otras cosas, proyecciones, subiendo un poco los colores. La propuesta varió mucho en saturación, pero no en forma”, ofrece la régisseuse sobre esta adaptación de una ópera que, tras su aparente ligereza, abre puertas en cantidad de direcciones, tan rica es en matices e interpretaciones.

Una lectura posible, copiosamente referenciada, está vinculada a la masonería, logia a la que, es sabido, Mozart perteneció, y que Jaunarena incorpora a través de significativos detalles (símbolos rosicrucianos, triángulos en la frente de los iniciados). Gesto que permite que chicos y grandes intuitivamente ingresen en el conocimiento de la mentada orden. “Estos sabios e intelectuales del siglo XVIII eran también alquimistas. Cada secta masónica tenía su propio laboratorio, estudiaban química, física, astronomía. Permanentemente hacían pruebas para dar con la famosa piedra filosofal. De allí que la obra sea también una alegoría alquímica: Tamino representa al azufre, Papageno al mercurio, Pamina a la sal”.

“Tamino es también un Orfeo, que con su flauta encanta a las fieras; y en la partitura original dice: ‘Gracias al poder de la música transitamos la oscura noche de la muerte’. La construcción de Pamina es un homenaje a la Eurídice de Gluck, autor de la ópera Orfeo y Eurídice”, detalla Jaunarena en clave mitológica: “Papageno tiene mucho de Hermes, siempre con sandalias aladas, descripto por Homero como un pájaro. Y la Reina, mucho de Hécate, a menudo representada con tres cabezas o rodeada de tres gracias; en este caso, las damas de compañía”.

Párrafo aparte ameritan la Reina y sus acólitas, que en la puesta lucen sugerentes cejas arqueadas que empatan en intención a las propias de la Reina Malvada del film Blancanieves de 1937, de Disney (otro masón, dicho sea de paso). Además de salirse de la vaina con sus trajecitos, cuyas faldas se convierten en inquietantes alas de murciélago. “La Reina de la Noche es una femme fatale total; un personaje muy ambivalente, basado también en el mundo de la luna, tan cambiante. En tanto no es precisamente humana, busqué el aspecto sobrehumano a través de criaturas nocturnas. Ese fue el puntapié inicial que devino vestuario pájaro-murcielaguezco”.

En general, las versiones para niños de La Flauta Mágica suelen prescindir de las tres secuaces. En ese sentido, es destacable que María haya decidido conservar la tríada, muy celebrada por los chicuelos. “A menudo las vuelan porque suelen no hacerse los números más grandes, los quintetos. Sin embargo, esos son los momentos donde más acción dramática hay, y ese fue el criterio que me guió al decidir qué iba y qué no. También quedaron las arias de la Reina de la Noche porque hay mucha acción, y por los famosos sobreagudos que encantan a todo el mundo. Que falten los sobreagudos es casi no haber hecho la obra”, subraya Jaunarena, que -en calidad de directora ejecutiva de Juventus- ya se prepara para el inicio de temporada (en mayo, La viuda alegre, Ana D’Anna; luego, Orfeo y Eurídice, Jaunarena, y más tarde Madama Butterfly, D’Anna) en el teatro Avenida.

Por otra parte, es realmente ingenioso el modo encontrado para incluir parte de los temas musicales: “Lo pusimos de fondo, durante las situaciones de diálogo. Por lo menos, los chicos se llevan un pincelazo de la obertura, de la marcha de los sacerdotes, de la aparición de los niños”. La orquesta, por supuesto, en formato reducido (“entera hubiese ocupado todo el escenario”): quinteto de cuerdas, flauta, piano y percusión; ésta última, a cargo de los efectos sonoros. Todos ejecutados estupendamente bajo la batuta de Hernán Sánchez Arteaga, a cargo de la adaptación y dirección musical.

“Esta música te recorre todos los átomos”, sonríe María. La directora reivindica con pasión la experiencia viva de la ópera, en especial para los más pequeños: “En este siglo bombardeado por tecnología, donde todo está mediatizado por la pantalla, algo ‘analógico’, artesanal, casi ancestral, suma. Lo que más lamento de los prejuicios que rodean a la actividad, el famoso ‘¿Me aburriré?’. Es que pueda haber gente que se la pierda por esa causa”.

La Flauta Mágica se presenta los sábados a las 15 en Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131).

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