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Domingo, 23 de octubre de 2016

ARTE > 200 AñOS DE ARTE ARGENTINO

ESTO QUE SOMOS

El pasado mes de julio, en Tucumán y como parte de los festejos por el Bicentenario de la Independencia, se dio el puntapié inicial a la muestra 200 años de arte argentino, exposición colectiva con obras del Museo Nacional de Bellas Artes en diálogo con artistas locales. Ahora la muestra viajera está en el Museo Castagnino+Macro de Rosario: Cándido López, Prilidiano Pueyrredón comparten espacio con Sara Facio y Luis Felipe Noé hasta llegar a artistas jóvenes como Leticia Obeid o el chaqueño Diego Figueroa: todos juntos para pensar estos dos siglos y también la relación entre Buenos Aires y el país, para poner en cuestión, en esta conversación de clásicos y contemporáneos, el adn del arte argentino.

 Por Leopoldo Estol

Desde Rosario

La colección sale de paseo. Sale de la madriguera. Casi una centena de enormes cajas que cuidarán tan acérrimamente de las obras que las cajas en sí se vuelven noticia. El Museo Nacional de Bellas Artes se mueve. Vistosos rebordes rebasan cada caja convirtiéndose en una suerte de paragolpes que minimiza el impacto ante posibles colisiones. La apertura de las cajas es lenta y progresiva, sobre todo tratándose de obras antiguas como la pintura de Pueyrredón que tiene 157 años. Van surgiendo así, algo adormilados los fantásticos seres mientras un niño pícaro pregunta por qué en aquel retrato Prilidiano se disfrazó de mujer. Jorge Gutiérrez –que oficia como uno de los curadores– sonríe. En efecto, las obras surgen de trucos inefables.

La recorrida comenzó en julio por Tucumán donde las pinturas, los collages, las fotos, videos y esculturas se presentaron en el Museo Timoteo Navarro mientras tenían lugar una serie de talleres y laboratorios. Los curadores, Jorge Gutiérrez por Tucumán más Andrés Duprat, quien dirige el Museo Nacional desde diciembre, acompañaron la llegada de una nueva estación no solo por el reverdecer primaveral que felizmente enciende el Boulevard Oroño sino porque ahora las obras pueden verse en el Museo Castagnino de Rosario.

Barricadas en forma de pozo pero también muchas ramas y centenares de soldados con rifles. ¿Cuántos conflictos armados se vislumbran a través de la luneta de la nación argentina? A la distancia el cuadro de Cándido Lopez que retrata la guerra de la Triple Alianza se ha vuelto pintoresco, familiar y sobre todo muy simpático: habría que agregarle una anacrónica y fantasmal fábrica Siam venida a menos con los cielorrasos pintarrajeados con aerosol y las paredes quebradas. Después de todo en aquella guerra que retratara Lopez el grupo que más tarde se reconocería como la base del Mercosur (Argentina, Uruguay y Brasil) destruyó por egoísmo y quizá por un guiño de ultramar, el temprano poderío industrial del hermano Paraguay.

Aparecen las lágrimas, la tristeza de un vecino el día que se corre la noticia de que Perón ha muerto en el clic de la cámara de Sara Facio y la mano de Leticia Obeid avanza veloz dándole forma, rubricando su bitácora. Escribe dibujado mientras desde las ventanillas del tren Mitre se va desarmando de a poco la ciudad en campo y la riqueza de los countrys en carencia y tolderíos. En su video se mezclan así: las generaciones, la ilusión y los sinsabores de una historia que como dicen los curadores “se proyecta sobre el presente” porque en el recorte que Gutiérrez y Duprat gestaron, estupendas piezas de la colección del Museo Nacional se complementan en la mirada de decenas de artistas actuales, que como Leticia, cuestionan dibujando o intercambiando puntos de vista mientras construyen otros lugares desde donde mirar esto que somos: doscientos años.

EL DAVID RECICLADO

sin título, Rodrigo Etem, 2012.

Algunos colores pastel acompañan la deriva espacial que supone el avance por el museo, Gustavo Vásquez Ocampo orquestó el color de algunas paredes con la precisión del baldecito del Paint. Los tintes son sutiles pero no por ello menos importantes. Aglutinan y ayudan a darle ritmo a la recorrida. De pronto, la paleta se satura de fluos radiactivos cuando En la maraña, la pintura de Yuyo Noé hace mella en el museo pero no hay que dejarse seducir por esa lagartija que se escapa del colorido lienzo porque huye veloz a zonas más abstractas de su selva. Se va abriendo así la muestra a un diálogo afín entre clásicos y contemporáneos. La escultura del chaqueño Diego Figueroa que retrata a un David nativo se abre paso a través de las holgadas salas vestido apenas con un short. Su actitud rememora asados, cordones de vereda, asambleas barriales de la cerveza. De hechura económica, su materialidad (cinta de embalar, unas zapatillas manchadas de barro y su pelo que en la medida en la que nos acercamos se revela no más que una oscura bolsa de plástico acomodada con esmero) vuelve la atención sobre la periferia y esa inteligencia que se desarrolla ante la falta de algo mejor. En palabras de su creador: “El David es un pibe que vive en las afueras de Resistencia, viene de sacar naranjas de un árbol y quedó detenido justo en esa posición que coincide con la pose del David de Miguel Angel”. Ese aquelarre de ancestros entre tanos, gallegos y abuelos originarios se revuelve en el adn argentino con el sonido del lavarropas, de los fusiles Remington y de los trenes sacudiendo los fierros del paso a nivel.

LOS GOBERNADORES

En la Villa Miseria, Sara Facio, 1974.

“Lo que a mi me impresionó cuando vi su obra –habla la artista tucumana Rosalba Mirabella sobre los 25 retratos de gobernadores que confeccionó Lola Mora para el primer centenario– primeramente fue el detallismo, que cada tipo tiene un moño y un botón específicamente distinto del otro. Esta cosa del trajecito especial para cada uno, como cada moño tiene su vuelta y su cosa particular. Me pareció que debía llevarlo al extremo”. Rosalba Mirabella homenajea una serie peculiar de Lola Mora porque no se trata de esculturas sino de dibujos en carbonilla que la célebre escultora tucumana realizara de los gobernadores de su provincia y que actualmente residen en el Museo Histórico provincial, lamentablemente –según pudo testimoniar el infatigable docente e investigador Pablo Montini– no en el mejor estado de conservación. Los retratos de Mirabella que se pueden ver en Rosario encuentran en la obra de Lola Mora la chispa para crear collages. Obras nuevas, elegantes, que surgen del delicado contraste entre cartulinas de distintas tonalidades. En su versión, Mirabella se ha apoyado en los parecidos y los políticos se han multiplicado: ahora son muchísimos más. Rosalba parece tomar las riendas en una historia con una absurda predominancia de popes masculinos y usar su parafernalia (bigotes, barbas y trajes) como un sinfín intercambiable para marcar aquella abrumadora desigualdad. Así, se puede volver a mirar a través de los ojos de Lola Mora y encontrar una mirada sugerente, juguetona y hasta crítica sin perder el buen humor.

MAS ALLA DE LA ESCUELA

La Urpila, Ramón Gómez Cornet, 1946.

¿Sirve pensar una Argentina sin clases sociales? No es sencillo, ¿no? Una niña pequeña con una mirada entre cansada y eclipsada en la síntesis despojada del pintor Ramón Gómez Cornet. Un santiagueño que conoció lo más pirado de la vanguardia europea pero volvió para pintar a sus humildes coterráneos. El cuadro de la niña es de 1946, La urpilla –nos cuenta Jorge Gutiérrez– es el nombre quechua que en el norte se le da a algunas aves pequeñas y funciona también como mote querendón. La niña aparece en un rancho fresco con piso de tierra. Está descalza. Luce abstraída, pendiente de algo que se nos escapa sin mas. ¿Espera tal vez que alguien venga a buscar esa bolsa de choclos que cuelga del picaporte? O espera a ese niño Spilimbergo que se asoma elegante aunque inseguro con un rictus propio de quien recién alcanza la adolescencia. Como si de una mudanza accidentada se tratara, las ficciones se mezclan y con ellas sus entrañables personajes. Las ropas dicen mucho de donde vienen: mientras la urpilla tiene una pollera bermellón de esas que disimulan el trajín, en la pared vecina el adolescente que pinta Spilimbergo luce un gamulán. Sus preocupaciones son las de alguien que tiene muchos amigos en el colegio, que ya sabe andar solo por su barrio y al que de vez en cuando le toca hacer algún mandado. La mirada de la niña, en cambio, habla de quien trabaja en una chacra. Alguien que no sabe de museos ni calesitas y que con el paso de las estaciones ha ido asumiendo cada vez más responsabilidades para aliviarle cargas a sus padres. Preferiría no hacer tantas cosas pero no le queda otra que ayudar.

PAMPA Y POP

El arado, Martín Malharro, 1901.

Disfrutar del pequeño arado que se espía en esa secreta pampa de Malharro, de los optimistas collages de Gustavo Groh que pintan una Ushuaia super desarrollada, de la sencilla y ondulante seducción en las formas abstractas de María Martorell o del tecno pop ensismismado del mendocino Etem, todos bellos hallazgos. Andrés Duprat, quien fue elegido para desempeñarse como director del Museo Nacional por un jurado (¡bien por la salud del Museo!), confiesa que es imposible dar cuenta de 200 años sin lamentar ausencias y que sea como fuese la muestra iba a ser una muestra incompleta. En la selección la curaduría garantiza diversidad y el ir y venir por el Museo Castagnino es un experimento que permite compartir saberes y dudas. Quizás lo incompleto se perciba en un plano más general pero no por ello menos importante. Duele que cueste tanto aún unir escenas. Iniciativas como el reciente Mercado de Arte en Córdoba o la Semana del Arte en Rosario forman parte de una agenda nacional interesantísima y no alcanza ni alcanzará con que el Ministerio de Cultura pague pasajes a unos pocos afortunados. Se comentaba por lo bajo en la inauguración una crítica que vale la pena dejar escrita: en ocasión del Bicentenario se promueve la inclusión de artistas de todas las provincias pero se observa claramente que quien no tribute con años su paciencia en Buenos Aires difícilmente pueda ser considerado en la historia del arte vernacular.

Congreso de Tucumán: 200 años de arte argentino se puede visitar hasta el 30 de noviembre en el Museo Castagnino, Av. Pellegrini 2202, Rosario. Todos los días, de 14 a 20 (excepto los martes), y los domingos también por la mañana, de 10 a 13. Las visitas guiadas para público general se realizan todos los días (excepto martes) a las 18.

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Figura o Retrato de Muchacho, Lino Enea Spilimbergo, 1942.
 
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