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Domingo, 5 de diciembre de 2004

LA CIVILIZACIóN OCCIDENTAL Y CRISTIANA. 1966

El león y los cristianos

El martes pasado León Ferrari inauguró una monumental
retrospectiva que abarca 50 años de obra. Ahí están sus grafismos, sus dibujos, sus cuadros y sus esculturas de metal. Pero como era de esperar, toda la atención giró alrededor de sus intervenciones sobre la iconografía cristiana. En menos de una semana, la muestra casi fue prohibida, ha sido centro de manifestaciones de militantes católicos, cuenta con obras dañadas por fervorosos creyentes, ve pender sobre ella juicios y querellas y ha enfrentado al Gobierno de la Ciudad con la Iglesia. Radar estuvo ahí y habló con León Ferrari del Cielo, la Tierra, el Papa y el Infierno. Y sobre la muestra.

 Por María Moreno

¿Qué ofende más? ¿Las vírgenes con cucarachas y escorpiones? ¿Los santos a la sartén? ¿El tablero de ajedrez con Exú, inodoros y sagrados corazones? Seguramente el Juicio Final de Miguel Angel cagado por tres canarios desde sus jaulas de piso enrejado. Poco antes de inaugurar su muestra retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta, León Ferrari recibió toda clase de cartas de amenaza de católicos ofendidos, incluida una foto de Hitler. Pero fueron muchas más las de adhesión de la inteligencia internacional, casi siempre atea y con la firma fácil para la protesta de solicitada o el apoyo a la corrección política. La muestra incluye las heliografías, los alfabetos vacantes y las esculturas musicales de alambre, pero las protestas eclesiásticas han dirigido la atención a las blasfemias visuales que critican la retórica infernal de los Evangelios.
–Pusieron vallas.
¿En la Iglesia del Pilar?
–No. Nosotros en el Centro Cultural.
León Ferrari parece disfrutar ante cada señal de que en la muestra habrá quilombo. Por supuesto, abjura de toda violencia pero, como siempre está tentado de incluir en sus exposiciones los gestos y las cartas de sus detractores, casi que espera que el enemigo se presente y colabore con su arte. León Ferrari es un mito viviente que convoca una aprobación unánime. En el arte es un Papa, por más que la caracterización lo ofenda. Tiene un hijo desaparecido cuya foto está en la tapa del catálogo que hizo Página/12, diario del que León es uno de los principales querellantes de contratapa. Su padre pintaba iglesias y tomaba sus modelos de fotografías donde posaba él mismo junto a sus amigos, haciendo de apóstoles o de santos.
¿No te estás convirtiendo en algo demasiado sagrado para ser tan profano?
–No creas. Por lo general no me invitan a muestras oficiales. Hace poco hubo una exposición internacional en Inglaterra que organizó una curadora bastante conocida. Mandé una serie de collages bíblicos, algunos eróticos. A los quince días de que inauguró la muestra, después de un año de cartas, me anunciaron que no los había incluido.
León Ferrari llegó a la inauguración en el Recoleta por una puerta lateral que conecta con el Buenos Aires Design. En el operativo intervinieron varias personas y todo tenía un aire guerrillero sólo que en los ‘70 no había celulares.
Durante la conferencia de prensa, el secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Gustavo López, pasa los deditos por el poema “Unión Libre”, grabado en braille sobre la fotografía de una mujer desnuda.
–¿Con quién estás? ¿Con ellos o con nosotros? –ataja en broma.
No sé. Primero hablemos.
–Para mí hay que bajar el tono de la polémica. Esta es la gran retrospectiva de un gran artista y está expuesta toda su obra. Y el 70% de las que se exhiben son abstractas. Obviamente él tiene una posición política que expresa a través de su arte. Ningún artista está o deja de estar por sus opiniones políticas sino por sus valores artísticos. Porque esto se trata exclusivamente de arte. No expresa mi opinión ni del gobierno. Nosotros no nos expresamos a través de los artistas. Este fin de semana pusimos Eva Perón de Copi en dos versiones. Te digo la verdad: cuando la vi por primera vez me costó pero la gente que no vivió intensamente esa parte de la historia la apreció como una obra de teatro. De hecho no pasó nada y hace treinta años hubieran quemado la sala...
¿Y si hay un artista que, con “valores artísticos”, expone una obra que rinde homenaje a Hitler?
–El límite es la ley. Cuando yo estaba en el Confer, Crónica TV transmitió un acto de Biondini en directo con simbología nazi. Yo inicié un sumario y la Asociación Periodistas protestó diciendo que no correspondía porquehabía que ser tolerante con todos aunque no nos gustara. Yo se lo envié al Inadi cuando estaba Zaffaroni para que dictaminara. Y me contestaron que no violaba ninguna ley.

Grosería curial
Hasta el siglo XVI, la Iglesia oficial celebraba un ritual denominado risus paschalis, que la teóloga María Caterina Jacobelli considera el fundamento teológico del placer sexual. Para Pascua, en diversos países de Europa, el sacerdote solía dar misa incluyendo palabras obscenas, fingía fornicar con animales, contaba chistes verdes y hasta llegaba a mostrar los genitales. Le resurrección de la carne no podía más que ser festejada con alusiones a la carne misma. Y uno de los chistes favoritos que se solían contar desde el púlpito era: “Un monje, durante un adulterio, se vio sorprendido por la llegada del marido y tuvo que huir dejando tras de sí sus calzones. Pero la duda del marido desapareció cuando el abad, a quien había ido a ver con los calzones a modo de prueba, le dijo que eso que llevaba en la mano era una reliquia de San Francisco, con la que su mujer sanaría. Así pues, los calzones fueron devueltos al monasterio con una gran procesión de monjes y estandartes, y mostrados a los nazarenos, entre los cuales estaba también el marido cornudo, a quien se invitó a besar la reliquia sagrada”.
En las bodas de Canán, Cristo transforma el agua en vino, un vino mejor que el servido antes de la escasez y que ofrece al joven esposo. Para iniciar su vida pública no elige ni la sinagoga ni la cura de un sufrimiento, sino la primera noche que uniráel cuerpo de los amantes, y dará de beber algo que dispare los corazones y las lenguas, sugiriendo el origen sexual del milagro y el placer como artículo de primera necesidad.
En la capilla de San Fortunato en Todi, en las figuras de una columna, el pene de un monje llega, luego de varias volutas, a la vagina de una monja.
Ahora se dice que el pecado de Sodoma no era la sodomía sino la homosexualidad.
Pero a León toda esta cháchara sobre nuevas interpretaciones y erotismo en el interior de la Iglesia misma le importa un pito.
–Bueno, ellos son capaces de hacer con todo eso una Biblia que pocos leerán, pero hay en la Iglesia dos mil años de transmitir odio a los gays, a los judíos y a las mujeres. Porque hay que distinguir dos cosas. Una es la intolerancia escrita en un libro y otra lo que pasa con eso. Los efectos históricos y los actuales. Todavía se puede explicar que la Iglesia esté en contra de la despenalización del aborto –yo, por supuesto, estoy absolutamente a favor–, pero prohibir el uso de preservativo no tiene explicación salvo por la frase de Santo Tomás que dijo que eyacular sin propósitos reproductivos era pecado mortal. Pero en la Iglesia pueden decir de todo. Yo no entro ahí. Ni voy a decirles Ustedes no pueden decir esto. Yo no puedo decir nada ni hacer nada y ellos quieren venir y cerrar la muestra. En realidad, ellos siempre están afirmando que hay que castigar al diferente.
En el arte político se suele predicar a los ya convencidos.
–La mayor objeción es su inutilidad. Pero yo no pretendo voltear al Vaticano. Yo digo lo que pienso y en lugar de decirlo en el café lo digo con eso. ¿Por qué nadie dice que la mayoría del arte político apoyó a la Iglesia con un resultado fantástico? Giotto y Miguel Angel eran una publicidad maravillosa. Todas esas hermosas catedrales, incensarios, Juan Sebastián... La cantata es maravillosa pero forma parte de todo el colchón que la Iglesia ha tenido para crecer y para convencerte de que hay que castigar al otro. Si te mandan al infierno, a vos qué te importa, pero si te lo dicen en una iglesia con frescos de Miguel Angel y Juan Sebastián de fondo, te convencen.
Beatriz Guido decía que la belleza es de derecha.
–Es una frase buenísima. Picasso pintó cosas horribles pero cuando pintó Guernica lo hizo para condenar el ataque. Pero Miguel Angel y el Giotto usan su arte para amenazarte con la tortura. En la Capilla Sixtina hay una representación del pecado original en la que se demoniza a la mujer, una del Juicio Final en la que unos muy parecidos a nosotros están cayéndose al infierno y una del Diluvio en la que una mujer agarra a sus hijos que se van a ahogar. Son tres delitos. Pintan delitos aplaudiéndolos.
El Papa dijo hace poco que el infierno era una metáfora...
–Con eso el Papa desmintió a Jesús y a San Pablo luego de 2000 años de cristianismo. Uno se muere y el alma es torturada. Eso no coincide con lo que dice el Catecismo, que se opone a la tortura. Uno de los representantes de la izquierda católica decía que no había ni infierno ni diablos ni la parrilla pero que la ausencia de Dios es tan desagradable que es como si todo eso existiera. El Papa dijo que no hay infierno, que se trata de un sufrimiento intelectual como el que uno sufre en la Tierra y entonces dice “Esto es un infierno”. Pero lo dijo después de que nosotros mandamos la carta. (Guiña un ojo, en alusión a las Cartas al Papa que se reproducen en los recuadros.)
Hay que admitir que las “ambientaciones” de la Iglesia también son bastante réprobas. A la entrada del Vaticano se venden enormes Pinochos de madera. Y Pinocho es el rey de la mentira. Yo tengo una bandeja con la cara de Jesús.
–Podés usarla para apagar el cigarrillo.
¿Existe alguna relación entre este ritual blasfemo donde parecés maldecir a Dios y la desaparición de tu hijo?
–No creo. En Las estaciones del Nunca Más puse la foto de Ariel en la tapa. Es una foto muy linda porque los dos estamos haciendo cerámica. Pero trato de no hacer ostentación. El árbol embarazado es una rescritura del Diluvio donde las mujeres se salvaron porque inflaron las tetas y la hice en los 60. Cuando estuve exilado en Brasil hice arte abstracto. Cuando Ariel desapareció no podía hacer nada. Y la parte religiosa la reinicié recién en los años 80.
Pero también en los grupos de izquierda de los años 70 existía el culto al sacrificio. Y muchos eran de origen cristiano.
–Yo, al margen de lo que me pasó, sé que la guerrilla hizo cosas muy feas pero se jugaban la vida para cambiar una sociedad que sigue más o menos igual. No hay comparación posible. Para mí los campos de concentración son una consecuencia directa del rencor de Jesús contra los judíos. El racismo de San Pablo es tremendo. Hay un librito para la liturgia donde están los versículos que se dicen en la misa todos los días del año y, para Semana Santa, hay un texto de San Pedro que dice que los judíos mataron a Jesús. Y eso se sigue repitiendo. Hice la denuncia ante Zaffaroni, ante Alicia Oliveira y hasta ante un rabino pero no me dieron ni bolilla. Porque todos están en un frente monoteísta. La intolerancia nace en los Evangelios pero ha sido fomentada, tolerada, promovida por San Agustín, Santo Tomás, toda esa gente. Ojalá esta muestra pueda continuar. Sobre todo por Nora Hochbaum (directora del Recoleta), que es una mujer muy valiente. El cura del Pilar le mandó decir cómo no le había avisado lo de la muestra. Y ella le contestó que él tampoco le había avisado cuando confesó a Massera.

Arte y esfínteres
Tanto lío por unas cagaditas. Si en la iglesia de Notre Dame palomas y mirlos depositan sus excrementos sobre las gárgolas. Y nadie protesta por ese arte sin artista que procede por capas superpuestas hasta intervenir la piedra.
–Es interesante esto de la jaula con gallinas o canarios porque con ellos el pincel elabora su propia pintura. Es como el óleo de Rembrandt. La tarea del artista se limita a dar agua y maíz que las aves procesarán.Encima la obra crece y cambia. Me hubiera gustado poder modificar el color de los excrementos. Con un poco de remolacha, por ejemplo.
Ahí te van a acusar de Mengele.
–Pero si estoy preocupado por los canarios. Por la refrigeración. Y también porque el macho no canta. En la veterinaria cantaba lindo. Yo no sé si el vendedor me habrá engañado.
Sin embargo, el canario había cantado durante toda la conferencia de prensa de la mañana. En cambio la gallina de La Justicia “contratada” para cagar una balanza fue reemplazada por una embalsamada. Entonces la obra pasó a llamarse Autocensura. Cuando la expuso por primera vez en el museo Sívori, León recibió una carta de la Sociedad Protectora de Animales. El la contestó con otra que también se expone hoy en Recoleta. Estos son algunos de sus argumentos: “La industria avícola cría animales en el menor espacio posible donde las ponedoras ocupan jaulas cinco veces menores que las del Sívori, engañadas con luz artificial para prolongar sus días y aumentar posturas. Permite la ley que centenares de gallinas vivan en esas condiciones toda su vida y no permiten que una gallina pase veinte días en un museo en una jaula cinco veces mayor. Como saben ustedes, el 99% de los pollos y gallinas viven presos engordando o poniendo huevos esperando ser ajusticiados para que ustedes, nosotros y los autores de las denuncias se alimenten. ¿Objetan ustedes las matanzas de las gallinas? Objetan la jaula con la gallina viva pero no la objetarían si la matara antes de enjaularla. O si la embalsamara o se pusiera su cuerpo al spiedo, en un olla cocinando un puchero con pedazos de chancho o de ternera”.
Un espectador ingenioso hizo una nueva interpretación de la presencia de la gallina y escribió un mensaje: “Matemos a la gallina. Hacete de Boca, puto”. Y un humanista: “Gallo, cagate en este arte deshumanizante”.
–En el Museo Ludwig de Alemania expuse Juicio Final. En ese caso elegí la copia de un cuadro de un autor que está en una iglesia cercana al Museo y frente a la Catedral. Pero caía tanta mierda que tapó el cuadro. No se veía nada. Igual el director quiso comprar la obra. Yo dije: 10.000 dólares. Pero al final se ve que pensó: “No vamos a gastar 10.000 dólares en un montón de mierda”.

Censura y quilombo
“Me gustaría hacer a Johnson, el señor presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. A Johnson sentado en una mesa en los Estados Unidos de Norteamérica firmando los papeles como Dios cuando mandó a sus arcángeles marines a pelear contra los diablos; hacerlo exactamente igual a Dios montado en un altar y en el instante mismo de firmar sus mandamientos; hacerlo igual, cuidadosamente igual, calcado al acecho estático hasta llegado el preciso momento en que todo ese confuso accionar de manos y plumas, ese incomprensible conjunto de cosas borrosas, las bocamangas y corbata alcanzan a pasar todas juntas por las coordenadas de la verdad.” León suele escribir sus planes en un cuaderno. Nótese que repite Johnson, Estados Unidos de Norteamérica y Dios como si los masticara o como un mantra con el que parece darse manija. A veces, por carta, se los comunicó a Rafael Alberti, quien le contestó: “Mi querido León: me gustan mucho tus proyectos pop artísticos ante Johnson. Avisame cuando te lleven a Martín García para iniciar una gran campaña internacional por tu liberación”.
Censura y chiflidos son la companía habitual de las vanguardias. Cuando en la década del ‘20 Diaghilev decidió poner un ballet inglés –Romeo y Julieta de Constant Lambert–, los escenarios de Miró y de Ernst, quienes pertenecían a las huestes surrealistas, incitaron a que sus camaradas ingresaran a la sala. Breton y Aragon, entonces comunistas, acusaron a la obra de procapitalista. Años más tarde, a Diaghilev le colgarían un san benito contrario: cuando estrenó La danza de acero de Prokofiev, quemostraba las glorias industriales de la URSS, rusos blancos y millonarios de París lo acusaron de bolchevique. Cuando se estrenó Preludio para la siesta de un fauno acusaron a Nijinsky de haber interpretado literalmente los versos de Mallarmé: “Un fauno dormita/ unas ninfas lo embaucan/ un chal olvidado satisface su ensoñación/ el telón desciende para que el poema dé comienzo en la memoria de todos...” Nijinsky logró gritos y abucheos utilizando el chal como si estuvieran filmando una película erótica. Debussy abandonó la sala diciendo: “Ha interpretado groseramente la palabra satisfacer”. August Rodin mandó una encendida defensa a los periódicos: Nijinsky era un genio; Diaghilev, otro; el Preludio, arte; y el que no estuviera de acuerdo un retrógrado.
Los ataques a la muestra de León empezaron tímidamente. Junto a su serie de botellas intervenidas con preservativos y vírgenes encerradas se exponen sus Ideas para botellas: “Una botella común con alambres y manos. Otra con un sacacorchos y una mano que trata de sacar el corcho desde adentro. Otra con un barquito plástico de guerra, que son copia fiel de los verdaderos. A una damajuana hacerle un agujero, sacar una mano desde adentro que agarre el cuello de la damajuana como para servir vino”. Un hombre que la multitud identificó como “un abogado facho” decidió llevar a cabo su propia idea: “Botella con preservativos arrojada al suelo”. ¡Milagro! La botella no se rompió. Para entonces los ánimos estaban lo suficientemente caldeados, a la espera de la intervención reaccionaria que completaría la obra. Los patovicas culturales lo sacaron a la rastra mientras un notorio miembro de Página/12 lo filmaba. Una pequeña orquesta de tamboriles llamada Nunca Más acababa de tocar lo que parecía un llamado de guerra. Un joven con un megáfono recitó unos versos de rima fácil: “Iglesia basura/ apoyó la dictadura”. Alguien dijo que al agresor de la botella de Ferrari se le habían pegado “un par de piñas”. Es fácil imaginar que si se las hubieran propinado a León el hecho hubiera sido descripto por la prensa partidaria como un intento de asesinato. En un salón lateral de la Iglesia del Pilar, un grupo de alumnos asistía a una conferencia sobre San Francisco con las ventanas abiertas. Ni los empleados de Recoleta ni los tarotistas presentaron sus protestas ese día, como había amenazado el cura. Los segundos, incluso, aprovechaban la afluencia de público para prolongar sus ofertas hasta entrada la noche. Al día siguiente, Bergoglio redoblaría las apuestas. Un grupo de niñas rezaría bajo el Cristo crucificado a un avión y un joven lloraría largamente, aunque quizás por razones ajenas a la fe ofendida.
–Cuando expuse algunas de estas obras en el ICI, un grupo de católicos llevó una Virgen y la colocó sobre una mesa adornada como un altar. Había estandartes, monjas con cruces rezando el rosario y golpeando a la gente que quería entrar. Laura Buccelato se cayó. A Juan José Cambre le pegaron. Llegaron a tirar una granada de gases lacrimógenos. ¡La instalación de afuera era casi mejor que la de adentro! –dice León y larga esa carcajada franca y fresca de cura de pueblo.
¿Seguro que no creés en Dios? ¿Por lo menos cuando las papas queman?
–Gracias a Dios que pude inaugurar la muestra.

Primera carta al Papa
Buenos Aires, 24 de diciembre de 1997
Juan Pablo II
Ciudad del Vaticano



De nuestra consideración:
Se acerca el fin del milenio. Se acercan, posiblemente, el Apocalipsis y el Juicio Final. Si es cierto que son pocos los que se salvan, como advierte el Evangelio, se acerca para la mayor parte de la humanidad el comienzo de un infierno inacabable. Para evitarlo basta volver a la justicia que Dios Padre dictó en el Génesis. Si Él castigó la desobediencia de Eva suprimiendo nuestra inmortalidad, no es justo que el Hijo nos la haya restituido, tantos siglos después, prolongando padecimientos. Si una parte de la Trinidad dicta una sentencia cuya pena termina y se completa con la muerte, no puede otra parte abrir cada causa, agregar otra sentencia, resucitar el cadáver y aplicar un castigo adicional que repite infinitas veces el castigo ya cumplido por el pecador una vez muerto. La justicia del Hijo contradice y viola la del Padre. La existencia del Paraíso no justifica la del Infierno: la bondad de los pocos salvados no les permitirá ser felices sabiendo eternamente que novias o hermanas o madres o amigos y también desconocidos y enemigos (prójimo que Jesús nos ordena amar y perdonar) sufren en tierras de Satanás. Le solicitamos, entonces, volver al Pentateuco y tramitar la anulación del Juicio Final y de la inmortalidad.
Lo saludamos atentamente,

CIHABAPAI, Club de impíos herejes apóstatas blasfemos ateos paganos agnósticos e infieles.


Segunda carta al Papa
Diciembre de 2000, reiterada en 2001
Juan Pablo II
El Vaticano
Asunto: Por un milenio sin infiernos


De nuestra consideración:
En su artículo 5, la “Declaración Universal de Derechos Humanos” (1948) dice: ...nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
El artículo I de la “Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes” (1984) califica como tortura todo acto por el cual se inflija intencionalmente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero, información, o una confesión, o de castigarla por un acto que haya cometido..., y agrega: todo Estado castigará esos delitos con penas adecuadas.
La última ¿última? edición del Catecismo de la Iglesia Católica (1998) comparte la condena: La tortura, que usa de violencia física o moral, para arrancar confesiones, para castigar a los culpables, intimidar a los que se oponen, satisfacer el odio, es contraria al respeto y a la dignidad humana (n. 2297).
El mismo Catecismo admite los suplicios: La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, “el fuego eterno” (n. 1035).Al sufrimiento de las almas el Catecismo suma el de los cuerpos. La resurrección de todos los muertos, “de los justos y de los pecadores” (Hch. 25,15), precederá al Juicio Final. Esta “será la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y los que hayan hecho bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación” (Jn. 5,28-29) “...e irán éstos a un castigo eterno y los justos a una vida eterna” (Mt. 25, 31,32,46) (n. 1038).
Se materialice o no el sufrimiento anunciado por Jesús, corresponda o no juzgarlo con nuestras leyes, el miedo de los creyentes al futuro suplicio es ya un suplicio: un sufrimiento mental actual que nuestras leyes y el Catecismo prohíben.
Frente a estas convicciones de la Iglesia, que rechaza la tortura en vida y la admite en almas de muertos y cuerpos de resucitados, y alarmados por la declaración vaticana de que el Infierno existe, es eterno y está lleno de malvados, le solicitamos: a) que extienda al más allá el repudio a la tortura proclamado en el Catecismo, b) que gestione se respeten los derechos humanos de la multitud de almas que están sufriendo, algunas desde el Gólgota, en tierras de Satanás.
Terminar con padecimientos de millones, desalojar y demoler el infierno, tranquilizar a los creyentes puede hacer realidad su esperanza de que la Iglesia pasará a la historia como la defensora del hombre.
Lo saludamos muy atentamente,

CIHABAPAI, Club de impíos herejes apóstatas blasfemos
ateos paganos agnósticos e infieles.
[email protected]

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1)Licuadora, 2000. De la serie Ideas para Infiernos.
 
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