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Domingo, 28 de julio de 2002

POLEMICAS

Sobre héroes y tumbas

El domingo pasado, Radar publicó una nota sobre Franciso Tufró, un alumno del Colegio Nacional de San Isidro que se opone, por motivos ideológicos, a desempeñarse como escolta de bandera. El caso debía dirimirse en un Consejo de Profesores, pero la intención manifiesta de la familia del alumno de llevar el caso a la Justicia y la respuesta de un profesor del Colegio reproducida a continuación, han encendido la polémica.

por Marcelo Adrián Cassinari

Acabo de leer con sorpresa e indignación la nota de Daniel Link titulada “Los Símbolos Patrios” (21/7/02). Desde hace once años soy profesor de Historia en el Colegio Nacional de San Isidro, y si bien no puedo opinar sobre el alumno Francisco Tufró, ya que pertenezco al turno tarde, sí puedo hablar con fundamento acerca del Colegio y de sus autoridades.
Conozco muy bien a Elvira Latrónico, a quien me une, además del vínculo profesional, la amistad personal, y no puedo tolerar ni permitir que se acuse de persecución ideológica, de autoritarismo o de conductas represivas a alguien que desde hace muchos años está comprometida con la causa de los derechos humanos. Ni siquiera que se lo haga con sutilezas del lenguaje, como procede el señor Link.
Entre otras cosas, el señor Daniel Link sugiere que existe un enfrentamiento entre el Rectorado y el Centro de Estudiantes, al que supuestamente se “somete a atropellos”, atropellos que el señor Link se cuida de mencionar, tal vez porque no tiene ni idea de cuáles son; salvo que considere como tales el no permitir que los alumnos tomen mate en clase o que se retiren del Colegio sin autorización de sus padres. ¿Con qué autoridad o miembro del Centro de Estudiantes habló el señor Link para afirmar semejante cosa? Conozco a muchos integrantes del Centro que son o han sido mis alumnos, y si bien los he escuchado quejarse de cuestiones puntuales respecto de la organización interna del Colegio, sé que jamás van a decir que se sienten atropellados o perseguidos.
¿Dónde estaban el señor Link y su cáustica pluma cuando el Colegio organizaba las jornadas de Derechos Humanos, con asistencia de Madres de Plaza de Mayo y organizaciones afines? ¿Sabe el señor Link que el compromiso institucional del Colegio con esa causa le valió ser tildado de nido de izquierdistas por la derecha cavernaria sanisidrense?
¿Dónde estaba el señor Link el año pasado, cuando el Colegio organizó once clases públicas en pleno centro de San Isidro sobre temas que iban desde la defensa de la educación pública hasta las consecuencias sociales del ajuste? ¿Sabe el señor Link que mientras él está releyendo cómodamente a Melville, el Colegio Nacional de San Isidro se ocupa de fomentar y de practicar día tras día, desde las aulas y fuera de ellas, el pensamiento crítico y la libertad de cátedra? Tal vez sepa todo esto, sólo que prefiere omitirlo para poder ensalzar el gesto de rebeldía de su joven héroe.
Porque, increíblemente, refiriéndose a Francisco Tufró (a quien, repito, no conozco como alumno), lo define sin despeinarse como un “héroe de nuestro tiempo”. Quiero creer que se trata de un sarcasmo calificar como tal a quien ha recibido una simple reconvención por inconducta durante un acto escolar, mientras otros, que no han leído a Naomi Klein ni a Toni Negri, ni practican la obstinada inacción de Bartebly, mueren baleados en la calle poniendo el cuerpo para luchar contra la injusticia y la exclusión social. Y digo esto sin menoscabo de las cualidades intelectuales y personales de Francisco Tufró.
Tengo entendido que el alumno se definió a sí mismo como “anarquista”, lo que en principio habla muy bien de él. Frente a esto, en las fantasías del señor Link, Elvira Latrónico vendría a ser una especie de coronel Falcón dispuesto a barrerlo del mapa por apátrida. Tal vez el señor Link no sepa que una de las personalidades que ha frecuentado el Colegio para hablar con los alumnos fue Osvaldo Bayer (socialista libertario de verdad, no anarquista de opereta), a quien en ningún momento se le ocurrió objetar la presencia de la bandera argentina cuando descubrió la placa en homenaje a los ex alumnos desaparecidos durante la dictadura, placa que –para horror del cantante de Squarepants– hoy luce en la base del mástil.
Y es que los “símbolos patrios” a los que alude irónicamente el señor Link en su infortunado artículo son, precisamente, símbolos que remiten a un significante olvidado y menospreciado: la identidad nacional. Y aquí, curiosamente (o no), el Sr. Link coincide con las “fantasías de derecha de la globalización”, una de las cuales es, precisamente, la disolución de las identidades nacionales.
Nadie discute ni ha discutido el derecho de Francisco Tufró a no identificarse con esos símbolos, y nadie discute tampoco el derecho del señor Link a defenderlo y a levantarle su pedestal de héroe. Pero quien dispone de un espacio importante en un medio no tiene derecho a informar sin haber corroborado previamente la información o, al menos, haber hablado con todos los actores del hecho. Y, hasta donde yo sé, el Sr. Link jamás tomó contacto con Elvira Latrónico, con las vicerrectoras del Colegio ni con los integrantes del Consejo de Profesores. Ni siquiera con el Centro de Estudiantes. Me resulta sorprendente que un periodista como Link haya soslayado esto, salvo que –y en ese caso debió haberlo aclarado– lo que haya escrito sea una ficción basada en el conocimiento fragmentario de ciertos hechos.
Por lo tanto, le exijo al señor Daniel Link (a quien no iniciaré acciones legales porque no las necesito para refutarlo públicamente) que se informe como es debido antes de cometer ese panfleto indigno de su firma. Y exijo también el espacio para la réplica, no sólo para la mía, sino para todos los miembros de la comunidad educativa del Colegio que en este momento sienten la misma indignación que yo al ver ensuciado gratuitamente un proyecto pedagógico que tanto nos ha costado construir.
Espero su respuesta, señor Link.

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