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Domingo, 7 de mayo de 2006

PERSONAJES > CLAUDIO GABIS, LA MEJOR GUITARRA DEL BLUES ARGENTINO

El maestro de blues

Fue uno de los fundadores de Manal, la banda que demostró cómo hacer blues en “argentino”. Como parte de la Pesada del Rock & Roll estuvo en el fatídico “Rompan todo” del Luna Park, tocó en el primer disco de Sui Géneris y grabó sus míticos álbumes solistas. Además, puso su guitarra al servicio de los Abuelos de la Nada antes de que apareciera Pappo en escena. Exiliado primero en Brasil y luego en España, donde es maestro de músicos, Claudio Gabis estuvo de regreso en Buenos Aires para presentar su primer libro sobre música en la Feria del Libro.

 Por Santiago Rial Ungaro

A su manera, Claudio Gabis siempre buscó estar en armonía. Claro que a través del tiempo esa búsqueda se ajustó a lo que le pasaba en los diferentes momentos de su vida. Si hacia 1967, cuando era un adolescente apasionado del blues que no sabía tocar la guitarra, viajó a Estados Unidos y se trajo 50 vinilos del género, esa sobredosis de información se armonizó en apenas 3 años. Ese fue el tiempo que le llevó a Gabis aprender a tocar la guitarra y armar (junto a Alejandro Medina y Javier Martínez) Manal, grupo que se convirtió en la piedra fundacional de la escena del blues local y que demostró que una banda podía cantar rock en castellano y ser, a la vez, sofisticada y barrial, pesada y lírica.

Más tarde, en 1973, a pesar de ser miembro de La Pesada (con los que grabó su primer disco) y de ser reconocido como una figura legendaria en la escena local, cuando se instaló en Buzios, Gabis volvía a buscar una armonía sutil, ciertamente incompatible con las vibraciones que se respiraban por entonces en el país: eran los años de otra pesada, esa que de artística no tenía nada. Por entonces, el rocker pesado y blusero descubría el glamour de un artista como Ney Matogrosso y encontraba que tocar el sitar, la mandolina y la guitarra con este artista andrógino era la excusa perfecta para profundizar el descubrimiento de la música y la sociedad brasileña. Claro que la armonía de un estilo musical o de una sociedad no es la de un individuo.

En 1976, Claudio Gabis, guitarrista "virtuoso" pero autodidacto, sintió que, después de años de tocar y hasta de enseñar, tenía que empezar a estudiar: "Sentí que si no estudiaba y no me ponía las pilas iba a terminar cambiando de profesión. Así que vendí un piano que tenía y con la venia de Sonia (en todas sus peripecias, Claudio supo mantener su relación con su mujer) me fui a estudiar a la Berklee College of Music".

Mucho después, de visita en el país durante la Semana Santa del 2000, la gente de Ricordi le propuso a Gabis la idea de hacer un libro de armonía con un enfoque contemporáneo. Tal vez por saber que a veces la armonía se encuentra aceptando un desafío, Gabis dijo que sí. Hoy, después de más de 6 años de trabajo y estudio, todas sus búsquedas se sintetizan en Armonía funcional, un manual de 270 páginas que plasma todo lo aprendido en tantos años, un libro ideal para todos los que quieran explorar ese universo generoso y vasto que es la música, en el que es tan fácil perderse y tan grato encontrarse. Y como Gabis siempre tocó, el libro tiene la calidez y la apertura mental de quien entiende el hecho de "que un sonido sea o no musical no depende de su naturaleza, sino del tratamiento creativo que reciba". Por eso, la abstracción indispensable para comprender, por ejemplo, las "cuatríadas disminuidas" convive con un esfuerzo consciente de hacer comprensible el enfoque general de cada capítulo, abriendo puntos de fuga a las distintas tradiciones musicales y aceptando la hipercomplejidad que tiene cada sonido individual. Práctico y actual (el disco tiene un CD con algunos ejercicios), el libro incluye un excelente capítulo sobre su primer amor: el blues, base de muchas de las músicas que escuchamos hoy en día. Es inevitable entonces preguntarle a Gabis por un viejo compañero de aventuras bluseras: "Pappo era un gran amigo mío. Aprendíamos el uno del otro. Pensá que en un momento éramos los únicos que estábamos". Claro que Gabis fue amigo del Pappo blusero más que del metalero: "Vamos a hablar claro: él estaba rodeado de una corte de mierda. Todos elegimos un personaje, y él, que era un tipo tierno e hipersensible, eligió una máscara de tipo violento, malo. Y no era así. Digamos que era un poco groserón. Pero se rodeó de gente muy gris, de parásitos, de gente de baja categoría". Los Manal tocaron con Pappo en un experimento que duró una semana. "No había espacio para dos guitarras."

La armonia no es solo brasileña

Caminando por la calle sin hablar, por la Avenida Rivadavia, en un coqueto bar en la esquina con Medrano, a Claudio Gabis se lo ve fresco y alegre. Son las 10 de la mañana, y lo que menos parece es un rockero fisurado y trasnochado. Quizá sea por el hecho de haber terminado el libro, pero lo cierto es que Gabis está de buen humor, tranquilo aunque crítico hacia el trabajo que acaba de presentar en la Feria del Libro junto a León Gieco y Claudio Kleinman (que escribieron sendos prólogos del libro). "Hace mucho que había pensado en hacer este libro, pero la verdad es que escribir es un trabajo tortuoso y cansador, no algo divertido. El poder de la palabra escrita es muy grande: tuve que aprender mucho en el camino, sobre todo cosas que yo, como buen autodidacto, daba por sentadas y no tenía argumentos para explicarlas." Quizá sea eso lo fascinante del libro: de tanto buscar la armonía, Gabis por lo menos tiene claro que la música señala un camino (o muchos) para llegar a alcanzarla. "Hay un error en la interpretación que hace la gente de la palabra autodidacto. En general se piensa que el autodidacto es alguien que no estudió. Y en realidad el autodidacto es alguien que se ha educado a sí mismo." Además de haber aprendido a tocar rock y blues con su colección de discos y zapando con sus amigos de la adolescencia (que dio la casualidad que fueron gente como Miguel Abuelo, Pomo, Pappo, los Manal y demás pesos pesados), Gabis sabe que su experiencia en Brasil fue esencial. "La armonía es una parte de la teoría musical que exige una cierta capacidad de abstracción. Es cierto que hay gente que tiene un oído armónico increíble y que no necesita estudiar nada. Pero si estudia después se alegra muchísimo de poder darle un nombre a todo y de que se le simplifiquen las cosas. Si hay un pueblo que tiene un oído armónico extraordinario es el brasileño. Y los tipos ni leen a Schöenberg, ni van a Berklee ni leen el libro de Claudio Gabis. Pero se crían escuchando eso, no es algo que viene del agua que toman."

Gabis recuerda que cuando viajó por primera vez a Brasil, el clima acá se estaba poniendo muy denso: "Las malas vibraciones se sentían, no por estar directamente perseguidos, porque los músicos éramos considerados inocuos, los que eran perseguidos eran los activistas, los estudiantes, los periodistas. Además, en esa época Buzios era un lugar espectacular. Y la verdad que me cambió el concepto de todo: el rock allá tenía una presencia, pero no era tan marcada. El gusto por la riqueza de la armonía me marcó para siempre". Poco antes, el 20 de octubre de 1972, Claudio Gabis había sido testigo del famoso desastre que hubo en el Luna Park en la fecha de Billy Bond y la Pesada. "Eso fue en un festival en el que estaban todos, pero nadie quería salir a tocar por el clima denso que había; ni Pappo quiso tocar ese día. Nosotros fuimos los únicos que salimos a tocar, y como la gente quería pasar a las plateas, que estaban vacías, y empezaron a romper cosas, les mandaron a la gente de seguridad, que estaba esperando la oportunidad para golpear a los chicos." Hasta aquí, su versión no difiere mucho de la oficial, pero el recuerdo de Gabis del famoso "Rompan todo" aporta una sutil diferencia. "Al principio Billy trató de calmar a la gente y buscó que no se armara la que se terminó armando, pero cuando vio que la gente seguía cada vez más, dijo algo así como ‘ma sí, rompan todo, si son tan tontos y quieren hacer eso háganlo’." Así que una de las frases más famosas del rock nacional parece que en realidad fue totalmente tergiversada. De cualquier forma, más allá de aquella triste jornada en la que se rompieron equipos, narices, instrumentos y el Luna Park, sus recuerdos de esa época son muy buenos. "Para mí fue un grupo extraordinario, de apariencia caótica y desorganizada, por la imagen y la fama que nosotros mismos alimentábamos, pero nos llevábamos muy bien entre nosotros, trabajábamos mucho y estaba todo muy bien organizado. Y sí, había algo de comunidad, pero no en un sentido hippie, sino una alianza que cobijó a mucha gente muy talentosa que si no se hubiera juntado habría quedado muy desamparada, como Pinchevsky o Kubero Díaz. Para mí fue un gran momento personal, gané guita, grabé mis temas, grabé en el disco de Sui Géneris con Charly, pero aunque no había una amenaza directa te empezabas a enterar, por algún amigo de un amigo que desaparecía, que ya se estaba poniendo todo cada vez más denso."

“Al principio Billy Bond trató de calmar a la gente en el Luna Park y buscó que no se armara la que se terminó armando, pero cuando vio que la gente seguía cada vez más, dijo algo así como ‘ma sí, rompan todo, si son tan tontos y quieren hacer eso háganlo’.”

Vibraciones ochentosas

"Ya que todo lo que percibimos es de naturaleza vibratoria, se puede decir que las personas ‘vibran’ de determinada manera. Cada individuo genera una onda única y característica, por medio de la cual transmite la suma de datos que percibimos como su personalidad. Por diversas razones esas ondas resultan compatibles o incompatibles entre sí. Cuando son compatibles, generan el sentimiento de afinidad que llamamos simpatía. Cuando no lo son, el de rechazo que llamamos antipatía. Esa música, esa tendencia de afinidad o rechazo se llaman consonancia y disonancia." Así comienza Gabis el capítulo 5 de su libro, pero la cita, extensa, explica tanto su exilio como su frustrado regreso al país en los ’80. Entre 1981 y 1983, Claudio Gabis fue parte de un regreso de Manal que no estuvo a la altura de sus antecedentes: "Fue como si te juntaras con una ex novia de hace 10 años y en vez de limitarte a pasar un buen rato, pretendés volver a convivir". Lo que inicialmente fue una intención de reunión se convirtió en un delirio, en algo anacrónico. Lo cierto es que a mediados de los ’80, Gabis quiso volver a instalarse en el país, pero se sintió un extranjero. Los ’80 fueron para él una época de antipatía y disonancia: "Yo quería hacer algo más sofisticado, más cerca de la música de fusión, con algo de jazz y algo de música brasileña. Y me fue mal, yo no me pude asimilar a la escena ni tampoco sentí que importara lo mío. Así que me tuve que ir, con una mano adelante y otra atrás. Me fui con 200 dólares y las guitarras". Con su incorporación como Jefe a la Escuela de Música Creativa (una suerte de Berklee española con más de 1000 alumnos), Gabis inició una nueva etapa, buscando, otra vez, la armonía. De visita en Buenos Aires para arreglar cuestiones familiares, Claudio Gabis comenta que no está demasiado en contacto con los músicos de su generación: "No me veo mucho con ellos; veo a los que están bien. Ayer lo vi a Black Amaya, por ejemplo, y lo vi muy bien, me alegro de verlo mejor. El era un tipo de perfil bajo, y ahora lo veo haciendo cosas, feliz. Veo que el tipo evolucionó. Y hay otros que perdieron el tren. Y eso es algo que convierte a la gente en huraña, negativa. La gente tiene que aprender a envejecer. El rock se comprometió mucho con un look muy adolescente, y querer hacerte el adolescente con 60 años...". Imposible, en esta nueva etapa de su vida, que Gabis no tenga que dar algún seminario. Pero aunque siga haciendo música y haya estudiado con maestros como Paul Schmelling o Mike Gibbs (arreglador de McLaughlin, Peter Gabriel, entre otros) ahí está Claudio Gabis, con su amigo Ricardo Ozán, dando cátedra a unos veinte pibes y pibas sobre el viejo y querido blues, con el entusiasmo intacto. Ya sabe que haga lo que haga siempre le van a preguntar por Manal, o lo van a ver como el legendario guitarrista de la que fue su primera banda. Y es lógico: "La verdad es que los tres éramos muy auténticos: no éramos truchos. Y el segundo disco no tanto, pero el primer disco de Manal lo escucho de principio a fin y me deja una sensación muy placentera. Por el disco en sí, y además hay un flashback de todo lo que pasaba. Pero aunque me encante, todo eso es parte de mi pasado. La música es como un viejo termómetro de mercurio: nunca miente".

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