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Domingo, 19 de noviembre de 2006

CINE > UN DOCUMENTAL SOBRE EL CINE BAJO LA DICTADURA

Qué se puede hacer salvo ver películas

Durante la última dictadura militar se estrenaron 195 películas, y sus imágenes encierran de manera voluntaria e involuntaria la ideología del gobierno. Por eso, Marcos Martínez y Hernán Lucas decidieron montar Cámara fría, un documental hecho exclusivamente de fragmentos de aquellas películas que conforma un retrato tan trágico como hilarante de aquellos años.

 Por Cecilia Sosa

El baile de rodillas de Carlitos Balá, los arrumacos de Su Giménez y Calabró, la eterna cantinela de Palito Ortega, Olmedo y Porcel hasta en la sopa, y hasta unos falsos Parchís argentinos. Entre 1976 y 1983 se estrenaron en el país 195 películas. Cámara fría, un ensayo documental de Marcos Martínez y Hernán Lucas, recupera fragmentos de todo aquel material para mostrar un clima de época. Sin voces en off, efectos especiales, ni cierres contundentes. Apenas una enumeración de imágenes que trabaja por insistencia y termina pintando un cuadro estremecedor: el extrañísimo y narcotizante mundo ideal que operaba como telón de fondo de un país en dictadura.

Martínez y Lucas tienen 32 años y una larga experiencia en acumular registros extraños de la vida cotidiana. Juntos realizaron MM: la última noche del siglo (2000), un ensayo cámara en mano de los distintos modos de festejos del 31 de diciembre de 1999; Social (2001), una compilación de imágenes de fiestas de 15, bautismos y casamientos; y Edificio (2003), un documental íntegramente filmado con cámaras de seguridad de edificios.

El mismo recurso documental fue el que extremaron en Cámara fría. De ahí, el título de la película: sólo el material fílmico de bajísima calidad rastreado durante años en videoclubes, entre coleccionistas de rarezas y siguiendo día a día la grilla de Volver, la única señal de cable que cuenta con los derechos de reproducción del cine de la época. Llegaron a reunir días enteros de archivo, un material descomunal que seleccionaron en maratónico trabajo de montaje y edición durante meses de encierro en una isla de edición. Todo quedó compactado en 40 vertiginosos minutos apenas divididos por temas: ciudad, moda, trabajo, familia, ídolos y sexo. “No quisimos mostrar la censura ni escrachar directores o actores. Preferimos simplemente mostrar un clima, qué se filmó y qué se veía en las salas de cines de la época”, dice Martínez.

En Cámara fría parece estar todo: desde la representación idiotizada de la comedia familiar de Palito Ortega y su mega exitosa productora Chango al falso destape de la comedia picaresca de Hugo Sofovich, protagonizada por Olmedo y Porcel y su troupe de divas. Aquí y allá, en medio del canon de risas bobas, cuerpos mercantilizados, sexo con ropa, familias reunidas en torno de la mesa dominical y mensajes “argentinos y cristianos”, se cuelan pasajes sorprendentes. Un temible secuestro (con rifles, encapuchados y vendas) para “sorprender” a un Calabró resignado a pasar solo el fin de año y llevarlo maniatado ¡a pasar el fin de año en familia! (en Gran valor en la Facultad de Medicina, 1981). Epifánicos títulos de A los cirujanos se les va la mano (1980) donde se advierte: “Cualquier semejanza con personas o instituciones vivas o desaparecidas debe atribuirse a mera coincidencia”; y hasta un institucional casi completo de la flamante Comisión Nacional de Energía Atómica infiltrado en una película para chicos (Patolandia nuclear, 1978). Un modernísimo clip de Carlitos Balá entonando un canto ecológico en pos del cuidado animal o un simple barrido por el cementerio de la Recoleta.

Por el film también desfilan maestras que sólo despiertan para exaltar las delicias de la soberanía nacional; rankings de “agradecimientos”, donde el Ejército Argentino, Aeronáutica Militar y la Policía de la Provincia de Buenos Aires compiten con los zapatos Pepe Cantero. Y sorprende la reiteración de ATC como locación nacionalista y el sinfín de aviones de Aerolíneas Argentinas que despegan en el cine del período y que se gana una sección propia.

Cámara fría es un ensayo sobrio y conceptual. Un viaje en el tiempo, plagado de sutilezas, citas y guiños, imposibles de desentrañar para el espectador extranjero. Tal vez, uno de los grandes hallazgos del film sea la irónica escena de Vivir con alegría (1979) donde Palito Ortega, el gran musicalizador de la dictadura, reclama su lugar en una disco de los ochenta: “¡Acá el discjockey soy yo!”.

A modo de guiño final los realizadores se reservan una enigmática sección: “Cine y frases”. Una misma escena que se repite una y otra vez: una casi irreconocible Cecilia Roth llorando frente a la pantalla de un cine en penumbras.

Cámara fría se estrena el sábado 25 de noviembre, a las 17, en el auditorio de la Biblioteca Nacional, Agüero 2502. Gratis

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