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Domingo, 19 de noviembre de 2006

EVENTOS > MONTEVIDEO Y LA FIESTA DE LA X

Vamos las barras

Desde hace unos años, en Montevideo se organiza una monumental fiesta al aire libre que dura un día y una noche completos y reúne escenarios, bares, barras y cada vez más personas.

 Por Martín Pérez

Desde Montevideo

“Monumento del fútbol mundial”, reza el cartel al lado de la puerta principal del Estadio Centenario. Justo ahí era donde se formaban, el sábado pasado, las colas de los que esperaban para ir al baño en medio de la multitudinaria Fiesta de la X. Arrastrando desde su primera época el nombre de una radio de rock montevideana que hace tiempo ya no existe, se trata de un evento clave dentro del año musical uruguayo. ¿La receta? Convocar a un centenar de bandas a tocar en más de una decena de escenarios durante todo un día y una noche, en un ámbito público pero debidamente cercado para poder cobrar entrada, donde una treintena de barras venden comida y toda clase de bebidas, alcohólicas y de las otras. Resignificada como una celebración de la diversidad, ya que se convoca a público de todo tipo y nunca se han registrado incidentes, La Fiesta de la X es esa clase de multitudinario y alcoholizado evento que –en estos tiempos pos Cromañón– sería impensable de este lado del charco. Pero antes de la tragedia de Cromañón también lo era. Cuando en la tan privatizada Buenos Aires se hizo costumbre ver recitales gratuitos, en la tan pública Montevideo a alguien se le ocurrió juntar todos los eventos públicos al aire libre en uno solo, y cobrar por ello.

Como sucedió el año pasado, el sábado pasado la celebración se llevó a cabo en el Parque Batlle, junto al Centenario. La convocatoria de aquella primera vez en esa nueva geografía –porque las anteriores fueron quedando sucesivamente pequeñas ante la avalancha de público– fue de tal magnitud, que los baños no dieron abasto y la comida se acabó antes de la medianoche. Por eso es que la producción consiguió este año usar los baños del Centenario, así como incorporar la tribuna Amsterdam como un escenario más del evento. Eso sí: el acceso al campo de juego estuvo estrictamente vedado al público, y en los hechos también para los músicos.

En la Fiesta de la X hay de todo: murgas, disquería, cantautores, pistas dance, y este año hasta hubo un Bosque Encantado y una Casa del Misterio. Es como la Feria de Tristán Narvaja, pero con música en vivo en vez de discos usados. Y, claro, 70 mil personas que dan vueltas en un ámbito que, por más grande que sea, sigue siendo cerrado. Pero más allá de toda la diversidad que se celebre, la vedette de la fiesta sigue siendo el rock. Entre las propuestas locales, lo más destacado fue casi todo lo que desfiló por un escenario llamado Motel, donde se agruparon las nuevas tendencias: el rock decadente de Max Capote, la fiesta unisex de Dani Umpi, el demencial psychobilly de Los Supersónicos (que cantaron el que bien podría haber sido el tema de amor del evento: “Soy zombie por vos”) y el contundente set de la banda más injustamente ignorada de todas, los extraordinarios La Hermana Menor. De este lado del charco se enviaron representantes que dejaron bien altas las banderas del rock argentino: los muy convocantes Bersuit, El Otro Yo y Babasónicos, que tocaron en los escenarios más importantes. Pero la mayor sorpresa fue ver una repleta tribuna Amsterdam del histórico Centenario celebrando cada ocurrencia de Alejandro Dolina, que hizo su programa en vivo desde allí, como si su Flores fuese un barrio más de Montevideo.

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