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Domingo, 3 de diciembre de 2006

OFICIOS > LA VIDA DE LAS MUJERES CULTURISTAS

Las chicas supermusculosas

El fisicoculturismo gana cada vez más adeptos, y no sólo hombres. Por eso, Radar entrevistó a Cristina Musumeci, la presidenta de la Federación Argentina de Musculación, y a dos de sus discípulas dilectas. La conversación fue imperdible: el sexo, los sacrificios, la ilusión de mostrar lo que no se tiene, la de tener lo que se quiere, los prejuicios que están cayendo, las fantasías que despiertan (y las que concretan), entre otras tantas cosas.

 Por DIEGO OSCAR RAMOS

“Hay 25 millones de mujeres en el mundo familiarizadas con las pesas, de las cuales unas 3 millones lo practican en alto rendimiento, 250 mil suben a un escenario y 250 son las top del mundo; ésas son las cifras de las mujeres que fabrican músculos, y van en aumento”, cuenta Cristina Musumeci, presidenta de la Federación Argentina de Musculación, entidad que nuclea a hombres y a mujeres que llevan sus músculos como arte. Con palabras justas, cuidadas, siempre con un ritmo e ideas precisos, esta mujer de 48 años, con más de 24 dedicados al entrenamiento de su cuerpo, también se ha licenciado en Teología y actualmente realiza estudios de Salud Sexual. Desde 1983 hasta el 2002 hizo exhibiciones y fue varias veces campeona argentina, sudamericana e iberoamericana, además de obtener un cuarto puesto a nivel mundial en categoría individual y tercero en pareja. Actualmente no quiere mezclar su actividad dirigente, y como referencia nacional es jueza de jueces, examina fallos que pueden ser polémicos, cuando algunos atletas aún en actividad juzgan a colegas que pueden ser sus propios competidores. También entrena a competidoras para ocupar el lugar de jueces. Y hay mucho que mirar como juez en los torneos, ya que “a veces no gana el mejor sino el que sabe engañar a los jueces, porque somos ilusionistas del cuerpo; todos tenemos defectos y podés taparlos: si visto de frente sos cuadrado, hay formas de perfilarte o de hundir el estómago para que desde los siete metros donde está el juez se te vea con cintura chica y hombros amplios, mostrando una figura triangular que no tenés”. Seductora, con su cuerpo trabajadísimo y realmente triangular, Cristina confiesa que como jueza les explica a las chicas cómo tienen que actuar, pero como entrenadora les enseña “el ilusionismo de tapar el defecto y marcar la virtud”. Claro que, en la vida, lo que le parece sano es entregarse afectivamente para poder mostrar los defectos, actitud que sabiamente debe dejar de lado en su actividad de dirigencia. “Soy una mujer que represento una Federación donde la mayoría son hombres, machistas latinoamericanos; así que tenés que poner en juego y sobresaltar tu poderío y ocultar debilidades.”

“Los países que van adelante son Estados Unidos, Europa del Este, los alemanes, nórdicos, España e Italia; en Asia menos, en Japón y Singapur hay, ahora también Sudáfrica. Latinoamérica también tiene un buen número de mujeres musculadas, pero no se lanza al mundo por un tema de costos. A todos nos cuesta mucho viajar”

CRISTINA MUSUMECI

FUERZA SEXY Una de las chicas que entrena Cristina y a quien ahora también forma como futura jueza es Soledad Fernández, campeona argentina de Culturismo a los 24 años, además de ganadora de numerosos torneos chicos que la fueron formando en la seguridad con que se para en los escenarios y muestra a quien quiera verlas la verdad de sus virtudes. Tan vistosa en su musculación como coqueta en los detalles de maquillaje y ropas que elige, Soledad empezó a los 16 años a trabajar su cuerpo, luego de años de patinaje artístico. “Entré un día al gimnasio. Como toda chica, quería levantar un poco la cola y terminé levantando todo, hasta la copa”, se ríe con ganas y con orgullo de una vida que comenzó a perfilarse cuando la dueña del gimnasio, culturista, le dijo que ella también podía quedar como las mujeres que veía en las revistas especializadas que matizan la espera o el entrenamiento inicial, cuando la cabeza necesita distraerse mientras el cuerpo trabaja. Ahora que compite profesionalmente y que disfruta de esta vida, nunca pierde la concentración, ni en el gimnasio ni cada día, donde cuida en cada detalle una dieta estrictísima en la que, por suerte, también la acompaña su novio, hombre de músculos desarrollados, pero sin historia ni deseos de competir ni ser culturista. “Ahora vivimos juntos, pero vamos al gimnasio en diferentes horarios, hacemos distintos entrenamientos, yo necesito más concentración, porque esto va en serio, te lleva siete meses entrenarte bien para un gran torneo y no me puedo descuidar”, cuenta Soledad y dice que se sabe amada y admirada por su pareja, que la tiene en un altar, como un trofeo personal. También se considera sensual y fuente de deseo masculino: “Hay hombres que te ven bárbara, porque aparte de ser una chica fuerte sos sexy. Pienso que al hombre le gusta la mujer que se cuida, que hace una dieta. Y si la que tienen en casa no hace nada, ahí la comparación salta a la vista”. Busca una imagen cotidiana y dice que apenas entra con su novio a un restaurante es foco obvio de todas las miradas: “Aunque esté vestida como cualquier chica menudita, siempre te sentís observada, porque la sociedad no está muy acostumbrada, hay pocas chicas que hacen esto”.

“Cuando tenía diez años le veía las patas a Nora Vega, una patinadora marplatense, y quería tenerlas así; también me encantaban las piernas de los futbolistas, iba en colectivo y miraba los músculos de la gente”, relata con ternura y le viene un recuerdo que cuenta con una sonrisa enorme: “Volvía corriendo del colegio para ver El increíble Hulk y no sabés lo triste que me ponía cuando se volvía chiquitito”

ALEJANDRA ROSA

AMADO HULK Una de las que sí hacen esto es Alejandra Rosa, que –apenas pasados los cuarenta y con un hijo de 15 años que la admira y alienta– es campeona argentina en la categoría Body Fitness, donde el desarrollo muscular es menos marcado que en el culturismo. Es profesora de Educación Física, trabajó en Potencia, otra disciplina de musculación, tuvo una pareja culturista a quien acompañó en torneos, pero llegó a entrenarse con Cristina buscando un entrenamiento fuerte, a nivel competitivo, aunque sin pensar entonces que competiría. Sólo buscaba la vida disciplinada y metódica asociada a la alta competencia. “Vivía afuera, llegué a la Argentina y quise hacer algo muy fuerte para sobreponerme a un tema personal, quería hacer algo que implicara una continuidad, una conducta, ordenar mi dieta y entrenar duro.” Pero la causalidad hizo que una atleta peruana que se preparaba con Musumeci para un Mundial la convidara a practicar poses culturistas junto a ella y ahí el placer fue grande, sintió que algo dentro se le acomodaba, como si se juntara con una vieja amiga que había dejado hacía mucho. “Era algo que tenía dormido, que gracias a Dios se despertó, me hizo mucho bien y todo superó totalmente mis expectativas, porque antes que tapar un agujero emocional lo que pasó fue encontrarme.” En un entrenamiento meteórico, Alejandra consiguió ser campeona casi sin pasos previos en escenarios que le dieran experiencia para afrontar las miradas expertas. Salió y ganó, alentada por su hijo rugbier que gritaba como si se tratara de un partido de fútbol. Esa es la imagen que le viene, junto al apoyo de mucha gente que la acompañó en un sueño de musculación que venía desde niña. “Cuando tenía diez años le veía las patas a Nora Vega, una patinadora marplatense, y quería tenerlas así; también me encantaban las piernas de los futbolistas, iba en colectivo y miraba los músculos de la gente”, relata con ternura y le viene un recuerdo que cuenta con una sonrisa enorme: “Volvía corriendo del colegio para ver El increíble Hulk y no sabés lo triste que me ponía cuando se volvía chiquitito”. La risa es de todos ahora, que logramos compartir la sensación de la nena que adoraba a las personas musculosas, mucho antes de conocer la palabra culturismo, en una familia que no la estimuló nunca en el aspecto deportivo: eso fue algo que vino con ella, que siente que plasmó “de grande algo que soñaba de chica”. Ese reencuentro dice que le dio mucha paz cuando subió al torneo, segura del entrenamiento que había hecho y del equipo que la llevó al triunfo. “Este campeonato que gané, sentí que fue una caricia de Dios, porque venía de un problema y el culturismo me amplió la vida, potenció más algunas cosas, porque siempre fui voluntariosa y en este deporte tenés que probar mucho tu fuerza de voluntad, tu conducta, tu forma de vida.”

“Imaginate lo que fue para mi novio encontrar una mujer que hace fierros a la par de él, que incluso lo superó. Las culturistas somos mujeres distintas: no le pido a él que me compre una pollerita o una caja de bombones, mejor que me traiga pollo, que necesitamos comer siempre, con eso me comprás”

SOLEDAD FERNANDEZ

COQUETERIAS En la preparación voluntariosa para las competencias, Soledad siempre está atentísima a su estética: “No me subo así nomás. Llego al torneo con una maquilladora; si invierto mucho durante el año, cómo no voy a hacerlo en el mejor momento, si ahí ponés todo; porque el tren pasa una sola vez y después chau”. El entrenamiento es fuerte y pide entrega. “Tenemos que desconectarnos de muchas cosas para llegar, la dieta es muy dura, pasamos hambre, hay que dejar de salir, no vemos tanto a nuestras amistades, dejás a tu novio”, detalla la mujer que dice sentirse tan madura en algunos aspectos como niña en otros, pero siempre metódica, dedicada a lo que quiere lograr, segura de sí misma y de su sexualidad: “Arriba del escenario pongo todo, pero a pesar del lomo que puedo llegar a tener, no me olvido de que nací mujer, quiero ser fuerte pero sexy; no hace falta ser lesbiana para ser culturista, porque además una lesbiana no tiende a arreglarse tanto y eso es un detalle importante; porque así como querés tener un cuerpo maravilloso para mostrarlo al mundo, tenés que cuidar la belleza, porque la mujer culturista no es un macho, los que dicen eso habrán tenido la mala suerte de ver una culturista medio machona y se quedaron con esa imagen”.

Cristina cuenta que alrededor de los veinte años, o un poco más, entrenaba en un gimnasio cuando vio entrar a dos adolescentes que comenzaron a observarla, hablando de ella como si ella no los escuchara: “Uno le decía al otro: ‘Mirá esa mina... qué asco’. Y el otro le decía: ‘Mirá cuánto músculo’. Iban observando lo que me pasaba con el ejercicio y de golpe dicen: ‘Che, pero no es tan fea’. ‘Bueno, es verdad, mirándola bien es linda.’ ‘Y la verdad, ¿vos no le darías?’ ‘Y sí, qué fuerte que está...’ La charla duró lo que el ejercicio, por lo que en unos minutos, donde lo primero que vieron les impactó, pero pronto se dieron cuenta de que ese aspecto masculino puesto en una mujer no era tan desagradable; vieron que mi feminidad no quedaba de lado”.

“Siempre fui una persona que le importó poco el qué dirán y desafiaba esas miradas, y cuando sos desafiante pero con cariño la persona va cambiando la opinión”, asegura Musumeci, y Alejandra Rosa comenta con afecto que tanto a su hijo adolescente como a sus amigos les fascina su desarrollo corporal: “Le dicen a mi hijo que les gustaría tener mis brazos, y eso que son bastante finos. Es que ven cómo trabajo, hago dietas, ven lo sano que hay”.

Propensa a la salud que hay en la unión de los opuestos, Cristina comenta los cambios que percibe en los géneros en esta época. “Antes la mujer no podía tener rasgos masculinos, ni el hombre femeninos, llámese afecto o fuerza; pero hoy nos damos cuenta de que ambos tenemos los dos aspectos y debemos desarrollarlos, si bien nos inclinamos más hacia el lado donde nos lleva nuestra genética y como nací mujer desarrollo más mis aspectos femeninos, bien feliz de hacerlo, aunque sé que pinceladas de lo masculino quedan y te hacen bien, te da más seguridad”, precisa la entrenadora y completa la descripción: “Cuando el hombre muy masculino, fuerte, logra desarrollar aspectos femeninos relacionados con la contención, con lo afectivo, con poder largar un lagrimón sin ningún tapujo, eso le hace bien y no deja de ser hombre; lo mismo que una mujer, que no deja de ser mujer porque levanta peso”.

OBRA DE ARTE Un culturista busca una perfección corporal que se establece según tres parámetros que deben ser armónicos en su proporción. La línea (la forma de reloj de arena, con la cintura chica, los hombros amplios y las piernas con buenos vasos), el volumen muscular (músculos bien desarrollados en relación armónica entre sí) y la marcación (que se den las divisiones musculares sin perder la forma general) son los detalles que llevan no sólo a ganar torneos sino que son el norte para todo culturista que considere que su cuerpo es su arte y su trabajo una disciplina artística. “Lo bueno y lo peligroso es que llevás la obra de arte a todas partes, mientras otros artistas la dejan en su estudio”, dice Musumeci, y confiesa que muchas veces usan ropas amplias para salir, para no andar mostrando “la obra” todo el tiempo: “No tengo ganas de exponerme continuamente, porque no tenés la obra siempre igual, a veces no está el cuerpo marcado como uno quiere y otras tenés que restaurarlo, porque es un templo que guarda tu alma”. El culturismo, para ella, le ha servido para conocerse más en totalidad, estando atenta a la corporalidad de una manera extrema: “No es que agarrás una pesa, bombeás un poco el músculo y ya te sale. Tenés que hacer ensayo y error continuamente. Me llevó 24 años locos, entrenando hasta los domingos, con paciencia, disciplina y saber cuándo tenía que descansar, porque no es sólo meter para adelante el acelerador, tenés que hacer esto con los tiempos de tu cuerpo, que son únicos, en una actividad inmanente, que nos pasa por adentro, se infla el músculo, la cabeza, el cerebro y todo tu ser, porque aprendés a hablar con tu cuerpo, que no es cosa fácil. Si hasta mucha gente se enferma por no haber podido hablar con su cuerpo”. Dice que el culturismo ayuda a poner la lupa sobre temas esenciales del hombre, como el darse cuenta realmente de nuestra corporalidad: “Una vez hablando con una persona budista me decía que teníamos cuerpo, y yo le contestaba que somos el cuerpo, por eso es que a través del culturismo estoy creciendo; y recreando mi cuerpo, recreo el espíritu”. Alejandra, hipnotizada por las palabras de su maestra, dice concisa que ser culturista la llena de felicidad, palabra que resuena en los oídos de Soledad, que simplemente define su disciplina: “Es felicidad, fuerza, unidad. Si tenés algún problema, vas al gimnasio y se corta”.

EROTISMO TRANSFORMADOR “Yo siento que la belleza forma parte del erotismo, y promover un cuerpo trabajado, saludable, corresponde a lo bello. Además tenés un abdomen fuerte, lo que desde el punto de vista de la salud sexual es un aporte del culturismo”, detalla Alejandra Rosa con minuciosidad científica que contrasta con la gracia natural de Soledad contando historias de pareja entrenada: “Imaginate lo que fue para mi novio encontrar una mujer que hace fierros a la par de él, que incluso lo superó. Las culturistas somos mujeres distintas; no le pido que me compre una pollerita o una caja de bombones, mejor que me traiga pollo, que necesitamos comer siempre, con eso me comprás”. Entre risas y regresos a la ciencia, Cristina aporta su saber: “El erotismo de la mujer culturista está cambiando un montón de aspectos; es más fuerte, menos prejuiciosa, con menos tabúes, si ya se atreve a levantar tantos kilos; además vuelan mil fantasías, porque si bien el hombre siempre domina en la relación sexual, de golpe y porrazo tiene la suerte y la bendición de sentirse dominado, porque da muchas más posibilidades de juego que tener un solo rol, eso nos enriquece”. En esa ampliación, para la dirigente y teóloga se están dando cambios fundamentales en los roles masculinos y femeninos. “Creo que la mujer culturista es un signo de los tiempos, indica que la mujer está desarrollando la fuerza, indica una mujer autónoma, que puede estar sola sin necesidad de ser dependiente del hombre; todos cambios que se plasman de una manera simbólica en la mujer musculada, un ser femenino que exacerba rasgos que siempre se consideraron masculinos, pero que en realidad no tienen por qué serlo”, dice segura de que el culturismo llegó para poner fisuras en la cultura: “Es un desafío que se hace sin querer. No considero que la musculatura, e incluso la exagerada, sea patrimonio del varón; si sos mujer y te gusta, adelante, poner esos límites es como decir que si sos un hombre que levanta fierros no puede ser delicado, suave, respetuoso y hasta vulnerable emocionalmente; qué tiene que ver si después se mete en una barra y levanta 200 kilos”. Piensa un poco y sin detener su entusiasmo dice: “Estamos jugando por primera vez con el aspecto claroscuro que es el ser humano, con el yin y el yang, con el anima y el animus, nombrándolos según la filosofía que quieras tomar para decir que nos estamos dejando de embromar con estas cuestiones, hay que ser más flexibles y darse cuenta de que está surgiendo un nuevo ser humano que va a mejorar el mundo, que tuvo hasta ahora una estructura muy verticalista que no nos dio resultados. De hecho, las dos grandes verticales, las Torres Gemelas, fueron a parar a los caños; ahora queremos más horizontalidad y estamos mezclando lo femenino y lo masculino, lo que mueve muchas estanterías”.

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