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Domingo, 24 de junio de 2007

PLáSTICA > LOS PAJARITOS EN LA CABEZA DE RENATA SCHUSSHEIM

Hará nido en tu pelo

Después de la muestra antológica con la que el año pasado deslumbró en el Museo Nacional de Bellas Artes, Renata Schussheim decidió ampliar una idea que se insinuaba en dos cuadros de esa exposición: las complejas relaciones que las damas de antes mantenían con sus sombreros de pájaros embalsamados. Entre el catálogo de costumbres, el catálogo de mujeres y la psicología de la moda, Pajaritos en la cabeza deja ver, sugerentemente, mucho de lo que se esconde bajo el sombrero.

 Por Cecilia Sosa

Pájaros en la cabeza. La expresión siempre le causó risa a Renata Schussheim. “Es una frase muy femenina pero también inquietante. Puede tener que ver con muchas cosas: con la imaginación pero también con la locura. No sólo es algo frívolo, también habla de una posibilidad de volar. Los pájaros no son un adorno, hay algo mucho más íntimo”, dice la pintora, escultora y diseñadora de vestuarios que deslumbra escenarios con creaciones que no se asustan de ninguna vanguardia.

La muestra Pajaritos en la cabeza de Renata Schussheim puede visitarse hasta el 18 de julio en la galería Lila Mitre, Guido 1568, de lunes a viernes, de 12 a 20. Gratis

Pero también estaban aquellos sombreros que, inspiradas en alguna revista parisina, las damas de fin de siglo XIX sacaban a pasear por las calles porteñas. Sombreros con aves, pequeños pajaritos embalsamados, en el borde de sus copas que asomaban sus picos afilados desde lo alto. Entonces Renata se sentó a dibujar y en un delirante catálogo de sociología de la moda nunca escrita, imaginó damas con sombreros y pájaros. Las primeras exponentes fueron La metzo y La soprano, dos mujeres que revolotearon por Epifanía, la fabulosa retrospectiva de su obra que se realizó el año pasado en el Museo Nacional de Bellas Artes. Pero Renata se quedó con ganas de más. De más pájaros y universos alados. Y ahora en Pajaritos en la cabeza muestra lo que siempre quiso: casi un historial avícola de modelos femeninos, que no modelan pero que viven aferradas a sus pájaros, a sus caprichos, a sus deseos.

En total son 16 retratos que van perfecto en la blanca galería Lila Mitre. Todas mujeres, todas con pájaros, realizados todos en unos pocos meses del año, en “un bache de producciones teatrales”, justo después de que su último trabajo como vestuarista para la opereta El cantor de México, estrenada en el Théâtre du Châtelet de París, fuera señalado como “maravilloso” por el diario Le Monde y comparado con los míticos espectáculos parisinos de la década del ’80.

Renata no aclara mucho. Prefiere recordar, burlona, esa moda “finísima” de Buenos Aires, cuando “había mujeres que llevaban pájaros enteros embalsamados en la cabeza. Se usaba muchísimo. Yo tenía uno que se fue desarmando con el tiempo. Me acuerdo de que mi tía tenía un prendedor con un colibrí y un pico de oro”, cuenta. “La frase me divertía mucho y también poner los títulos a las obras: son muy Puig”, sonríe pícara. Y sí: Cabeza de chorlito, Pelusa, Mabel, por allí parecen navegar los personajes del autor de Boquitas pintadas y La traición de Rita Hayworth con el que Schussheim compartió amistad y trabajo. “Me encantó titular a esas mujeres que salieron de mi imaginación pero que bien podrían existir en algún barrio.” ¿Prototipos de mujer?, ¿ángeles de la guarda?, ¿alter egos plumíferos?, ¿fantasmas de sueños imposibles?

Algunas tan atemporales y misteriosas como La pelada, que salvo algún arranque al estilo Britney Spears, no parece seguir moda alguna y es la única que no tiene un pájaro en la cabeza sino que lo aprieta entre sus manos cual tenaza. Otras vienen envueltas y casi abrazadas a una nube del tiempo: Blanca, muy de los años ’20 con sus garzas inmaculadas de picos inquietantemente ensangrentados, vestido (¿o son vendas?, ¿o es mortaja?). O Mabel, escotadísima y sin sombrero, con sus cuatro pájaros en la cabeza, de colores brillantes, que anidan sobre sus bucles acolchonados tal como mandaba la moda de los ’40.

Algunas parecen hablar de una comunión perfecta con los fantasmas. Rubí, sombrero y vestido rojo, la colas de las aves tímidas como ella y el cabello que se enlazan en un rojo apenas menos intenso que el del vestido de su dueña. O Cabeza de chorlito, que lleva sus pájaros anaranjados como un accesorio más de su figura ingrávida, suavemente extasiada y en total compossé con su abrigo de chocolate. Pero también hay otras que parecen estar en llamas: Dorita, que parece querer callarlo todo, salvo lo que se le escapa a gritos al ave negra que lleva en lo alto. O La rubita, apenas una niña de rouge corrido (¿viene de besar?) y su pájaro que se despide, rasguñando el aire con las garras apretadas. ¿Qué terribles secretos compartirán los pájaros de la Madame, tan negros como el vestido y la mirada de su dueña contra el cielo estallado? ¿Qué ocultará el silencio de Terciopelo, tan oscura, señorial y altiva como sus pájaros? ¿Qué promesas lejanas habrán sellado las aves que cruzan sus picos sobre la cabeza de Olga, la rusa?

Algunas como La ciega (casi una efigie blanca, de perfil alado, con sombrero y vestido blanco) no ven. En cambio, se deja auscultar por la noche negra y los pájaros. La distraída casi no se dio cuenta de que lleva un nido en su pelo... ¿o acaso disimula? ¿Y quién no habrá oído cantara los pájaros de su cabeza mientras el vestido se desliza hacia abajo como el de la hermosa Señora Nido?

¿Hubo una investigación previa de las modas, de las épocas, de los accesorios?

–Nooooo, todo eso me lo conozco de memoria.

El que sí investigó un poco más fue Alejandro Urdapilleta. O al menos consultó la enciclopedia de pájaros. Fue cuando Renata lo llamó por teléfono para contarle de la muestra y él, sin más, se puso a escribir el texto que ahora forma parte del catálogo (ver aparte). “El poema me encanta. Me lo imagino a él recitándolo, pronunciando fuerte las erres. Estoy harrrrrrrta”, se ríe Schussheim.

Hay quienes dicen que algunos de los retratos recuerdan a su autora. “No, no me dibujé a mí, y si lo hago me dibujo bien –aclara ella–. No soy ninguna de esas mujeres o a lo mejor todas juntas. Cada uno ve una película, cada uno ve sus propios pájaros”, dice Schussheim.

De regalo, hay dos dibujos más: En la playa I y II. Con los pájaros enterrados en la arena y unos minúsculos, pequeñísimos cuerpos de mujer han sido disparados al cielo. Nadan en un cielo limpio, cielo de estrellas. Una, por suerte, lleva traje de baño.

Esta vez las que vuelan son las mujeres.

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