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Domingo, 12 de abril de 2009

CINE 2 > ENTRE LOS MUROS, LA NUEVA DE LAURENT CANTET

La guerra de las tizas

Laurent Cantet ya avanza a paso firme hacia el podio de los clásicos del nuevo cine social francés: su ojo quirúrgico, su textura que coquetea con la realidad y una recurrente inspiración en hechos reales lo convirtieron en un bienvenido radiógrafo de los males del capitalismo en Europa. Entre los muros, su nueva película, mete la cámara en las aulas de los barrios de inmigrantes para registrar, con una ductilidad nada didáctica, la arena de un conflicto silencioso pero capital: el del lenguaje.

 Por Mercedes Halfon

La última película de Laurent Cantet sucede, prácticamente en su totalidad, dentro de un aula escolar. El prácticamente alude a esos otros espacios que se ubican a pocos metros del aula, es decir, la sala de profesores, el patio, el despacho del director. Nunca nos alejamos del todo de este núcleo duro en el interior de un colegio, donde alumnos y profesor producen ese ping pong energético y verbal que constituye la práctica del aprendizaje. El emplazamiento fijo podría incitar una suerte de claustrofobia, o sugerir la fácil clasificación de estar viendo una película “teatral”. Pero no. No hay teatro, ni tiempo de sentirse incómodos con el espacio reducido. La cámara de Cantet no se queda quieta y filma de cerca a los protagonistas, hermosos planos cortos y movidos de una historia también cercana, de una proximidad inquietante que coquetea continuamente con lo real.

Es que, como en todos sus films, el director mixtura en Entre los muros un origen documental con una historia de ficción. Así como en El empleo del tiempo la historia estaba basada en el caso real de un empresario que, sin poder asumir su cesantía, mentía a su familia hasta la locura (hecha libro por Emmanuel Carrière en El adversario), aquí partió del libro de François Bégaudeau, un profesor de francés de un barrio marginal de París que novela su experiencia de un año lectivo. Cantet tomó para su película este marco documental, utilizó a los alumnos, padres y profesores del Instituto Dolto de París y construyó desde ahí personajes e historias ficcionales. Allí, en ese contexto multicultural, donde aparecen como en una caja de resonancia los conflictos de la Francia contemporánea –la exclusión social, racial y de clase–, sucede la historia. Cantet explica que durante un año hizo una suerte de “taller de teatro” con los alumnos de esta escuela, que de no-actores devinieron en actores, encarnando su propia cuestión. Lejos de la idea exitista de un “casting” donde los elegidos serían los más lindos y desenvueltos, los chicos del film son los que quisieron participar y fueron durante ese año a los talleres.

Entre los muros ganó la Palma de Oro en Cannes en el 2008, recibió muchísimos elogios, pero también críticas. Cantet sigue en este film su línea de Nuevo cine social, que trata de reflejar en historias muy didácticas, muy “de tesis”, los efectos del capitalismo en determinadas esferas. En sus primeros films se pensaba la cuestión del trabajo; en Bienvenidas al paraíso -–la anteúltima película—, las impensadas consecuencias del colonialismo vistas a través del turismo sexual que practicaban unas mujeres francesas en Haití. Entre los muros va a la escuela, un lugar que desde hace siglos es pensado como origen y causante de infinitos males, pero lo central, más allá de la escuela como tópico, es la discusión sobre el idioma. François es el profesor del idioma nacional para estos alumnos que no necesariamente lo viven como propio, o en todo caso, no viven ese idioma con pasividad. Wei, el alumno chino, padece su francés como una barrera para comunicarse. Los estudiantes de distintos lugares de Africa y del Caribe le cuestionan por qué tienen que aprender sofisticados tiempos verbales que ellos no usan en su habla cotidiana. Más que nunca, la palabra se transforma en la arena donde no sólo se juegan las luchas de clases, sino también las culturales.

Todo el tiempo se discute, se habla, hay enfrentamientos entre alumnos y profesor que llegan hasta un momento cúlmine en un conflicto con uno de los alumnos africanos que finalmente es expulsado, pero lo que no queda claro (porque tal vez no sea claro) es quién tiene razón. De hecho François Bégaudeau explicó: “Si sólo nos hubiéramos basado en la facilidad verbal habríamos hecho La sociedad de los poetas muertos de izquierdas con el valor añadido de la seriedad social estilo Cantet. Pero no nos hacía ninguna gracia”.

Por eso la película es diferente de otras con tópico escolar, tipo Mentes peligrosas o la mentada La sociedad de los poetas muertos. Logra zafar de esas generalidades y heroísmos, por la materia volátil y conflictiva con la que trabaja: la palabra. Ahí es donde las buenas intenciones naufragan, donde no está todo dicho, donde todavía hay peleas que dar. Por eso mismo Entre los muros es diferente y mejor que los anteriores film de Cantet. Es que a pesar de tratarse de una historia sobre una escuela, no es una película didáctica.

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