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Domingo, 4 de octubre de 2009

FETICHES > EL IRRESISTIBLE ENCANTO DE LAS SURICATAS EN CINE Y TV

Siempre listas

 Por Mariano Kairuz

No se sabe si las suricatas creen en Dios. Pero en caso de ser creyentes –y algo de eso debe haber, tanto tiempo pasan mirando hacia el cielo–, seguro que consideran al suyo un dios muy cruel. Lanzadas a su propia supervivencia en el inclemente desierto de Kalahari, sus vidas son una carrera sin respiro: cuando no es el sol rajante que les impide seguir camino o salir en busca de alimento durante el día, deben pasar largas temporadas desprovistas de su modesto plato de comida (son básicamente insectívoras), forzadas a reservar energías para hacer frente o huir de los infinitos peligros con que las cerca su hábitat, y que llegan tanto desde el aire (águilas) como por tierra (leones, serpientes).

Ultimamente se ha convertido en una especie de animalito de moda, y las razones están a la vista: la principal es la belleza de su figura erguida y longilínea, en su pose de vigía, siempre alerta, siempre montando guardia, más eficiencia que elegancia, con los brazos (o, está bien, las patas delanteras) descansados sobre el vientre. Es fácil de imitar en peluche y no debería extrañar que se convirtiera en otro personaje de la próxima secuela de Madagascar (ya fue el secundario gracioso Timón en El Rey León de Disney, hace años), porque además de ternura inspira simpatía: hay algo en sus ojos y hasta en su boca, una expresión, una mueca casi, por la que uno juraría a veces que sonríen como personas. Y tienen una configuración casi de animal doméstico, ligeramente emparentada con los monos pero también con algo de eslabón perdido entre el perro y el gato.

El animalito de moda es, como corresponde, objeto de varias series documentales de la BBC, de ésas que suelen consiguen planos sorprendentes de sus animales, al punto que sus protagonistas parecieran actuar para las cámaras, respetando las marcaciones del enorme set (la sabana africana). Una de ellas es El reino del suricato (así, con o), que pudo verse en Animal Planet, y como estilan estas producciones, arma un relato a través del montaje y un narrador en off, que de este lado de la pantalla siempre sabremos que es falso o al menos inexacto. Sabemos que el registro de la naturaleza y el orden de sus acontecimientos ha sido manipulado, y sin embargo no podemos dejar de seguirlo y sufrirlo como una telenovela. En especial sufrirlo: estos programas saben explotar la belleza de sus protagonistas para chantajearnos emocionalmente; suelen deslumbrarnos con sus expresiones más antropomórficas, divertirnos con sus gracias y habilidades, encariñarnos con sus rutinas, y luego ofrecerlos en sacrificio al cuento duro pero veraz de la madre tierra. Cuando una suricata muere en cámara, quizás es hora de adoptar aunque más no sea por un momento el punto del vista del águila, que hasta hace un instante era el villano irredimible de la película, pero que, no lo olvidemos, también tiene que alimentar a su cría, por más que no sea tan linda ni de peluche.

Un material documental y dramático de la misma clase, registrado a lo largo de medio año y producido por la BBC en colaboración con esos leones de la jungla hollywoodense que son los hermanos Weinstein, dio lugar el año pasado a una película llamada La familia suricata. Historia de iniciación protagonizada por una joven suricata bautizada Kolo, nos guía a través de sus aventuras el guión escrito por el profesor y novelista escocés Alexander McCall Smith, y leído en su idioma original por Paul Newman (en el que aparece acreditado como su último trabajo) y por Pancho Ibáñez en la versión traducida que se estrenará acá esta semana. En uno u otro idioma, con o sin relato en off, la desarmante gracia de sus casi siempre erectus protagonistas, así como los soberbios primeros planos del águila planeando a toda velocidad, la cámara nocturna a través de la cual nos llega la adrenalina de ser perseguidos por una cobra por un estrecho corredizo subterráneo, y en todo momento las impresionantes acuarelas bien reales del fondo, se vuelven imponentes en una pantalla grande. Una prueba, plano a plano, de que –será un cliché, pero en todo caso es uno bien cierto– la naturaleza firma los diseños más impresionantes de este planeta. No hace falta inventarse ningún dios cuando se nos presentan comprobaciones así de religiosas.

La película La familia suricata llega a los cines argentinos el próximo jueves. Simultáneamente, podrán verse dos temporadas de la serie producida por la BBC: El reino suricato, el comienzo: Jueves 8 a las 23; viernes 9 a las 17. El reino del suricato. Temporada 4. Tener y no tener: Jueves 15 a las 23; viernes 16 a las 17; sábado 17 a las 19; domingo 18 a las 10; martes 20 a las 20; miércoles 21 a las 16, ambas por Animal Planet.

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