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Domingo, 12 de enero de 2003

MUSICA

Trío, lío y cosa golda

Nacieron a mediados de los ochenta en Concepción, al sur de Santiago de Chile, tocando sólo clásicos del rock. Participaron de “La Negra Ester”, el fenómeno que revolucionó el teatro chileno. Fueron la primera banda chilena que grabó un Unplugged para MTV y la que le dio a la cueca categoría de ritmo rockero. Con el disco Fome (1997) conocieron la gloria musical y el rechazo del público. Una escandalosa biografía firmada por el argentino Enrique Symns les dio el golpe de gracia. Vida y obra de Los Tres, el grupo de rock chileno más importante de los años noventa.

POR MARTÍN PÉREZ
Sucedió hace algunos años en una esquina de Santiago de Chile. Los integrantes de Café Tacuba caminaban por la calle cuando escucharon una frase que no olvidarían jamás. “Café Tacuba vale callampa”, les gritó al pasar un taxista santiaguino, utilizando un chilenismo contundente para dejar bien claro que la banda mexicana, para él, era insignificante. A la hora de bautizar el disco con el que Café Tacuba inaugura el contrato millonario que los liga con el sello norteamericano MCA, el grupo no lo dudó: el EP con el que homenajean al grupo chileno Los Tres lleva por nombre aquel drástico giro santiaguino: “Vale callampa”.
El bautismo es más que oportuno. Tiñe de ironía la nueva etapa de un grupo que ya se ha ganado el respeto unánime de la industria discográfica y también se hace eco del título –otro chilenismo inapelable– que la banda homenajeada supo darle a su mejor disco: Fome, que en el argot chileno quiere decir “aburrido”.
“Es un título impresionante. No me puedo imaginar a nadie en Chile diciendo por la radio: ‘Ahora vamos a escuchar Vale callampa’”, declaró el líder de Los Tres, Alvaro Henríquez, que cuando tituló aquel álbum de su grupo había imaginado un ridículo radial muy parecido. “En un principio, la idea era grabar los temas y hacer un álbum extra para incluir en nuestro próximo disco, y sólo en Chile”, confesó Emmanuel Del Real, tecladista de Café Tacuba, al diario chileno El Mercurio. “Pero al final la idea subió de división y el disco fue publicado en la Argentina, Estados Unidos y España. Fue todo muy espontáneo. Y de los temas elegidos, ‘Olor a gas’ es el que quedó más fiel al original. Pero a ‘Amor violento’ la destrozamos.”
Con nueve discos editados en poco más de una década de existencia, así como Los Jaivas fueron sinónimo de los setenta y Los Prisioneros de los ochenta, Los Tres fueron el grupo más importante del rock chileno durante la década del noventa. Este inesperado homenaje de Café Tacuba –que en la última edición de los premios MTV interpretaron “Olor a gas” junto a Alvaro Henríquez y Erica García, entre otros– ayuda a terminar de ubicarlos con propiedad en la historia del rock latino, a la que recién lograron asomarse en la segunda mitad de los noventa y justamente gracias a MTV, primero a través del videoclip del tema “Déjate caer” y luego con su Unplugged. “Hay tanta música sonando, tanta música sin sustancia, que hacer un álbum con las canciones de Los Tres es como un acto de justicia”, explicó Del Real, integrante de un grupo que –como Fito Páez en la Argentina– nunca ocultó su admiración por la música de este cuarteto chileno que nació hace más de una década en la ciudad de Concepción, un puerto al sur de Santiago de Chile.

LAS FIESTAS DE ENTONCES
“Cuando los conocí, tenían una onda medio punky, pero un punky que quería recuperar a Gene Vincent: eran más Stray Cats, pero a la vez tenían una onda punkienta”, recordó Jorge González, líder de Los Prisioneros, para La última canción, polémica biografía de Los Tres escrita por Enrique Symns, otrora editor, con su eterna colaboradora Vera Land, de la revista argentina Cerdos & Peces. “En vivo tocaban sólo clásicos, pero los interpretaban más country y eso los hacía más encantadores. Más que influenciarse por los propios Beatles, Los Tres tienen la influencia de la misma música que los influenció a ellos: Elvis Presley, Chuck Berry, Little Richard. Vienen de ahí.”
La leyenda de Los Tres comienza mucho antes de su primer disco. Podría arrancar en Concepción, en octubre de 1984, la noche en que se cruzaron por primera vez con la banda que haría historia antes que ellos en el rock chileno. Esa noche se llamaron Los Ilegales y, según cuenta el propio Henríquez, “nuestro repertorio estaba integrado por temas oscuros de nuestros ídolos, esos temas que la gente suele decir ‘me suena...’ pero nunca logra identificar”. Y agrega: “Recordemos que estamos hablando de comienzos de los ochenta. Por entonces todo estaba bien muerto en Chile”.
El grupo de Henríquez y sus compinches atravesó primero un largo período iniciático en su ciudad natal; luego se depuró, se convirtió en trío y se autobautizó como corresponde: Los Tres. Y después, claro está, pasaron a ser cuatro. Además de Alvaro, el trío inicial y sureño estaba integrado por Roberto “Titae” Lindl en bajo (que formó parte esa noche de Los Ilegales) y Pancho Molina en batería (que prestó su instrumento para aquel show inaugural del ‘84). Tres años más tarde, cuando los invitaron a tocar en una feria regional en Bío Bío, ya eran Los Tres, y nunca dejarían de serlo. Ni siquiera cuando el guitarrista Angel Parra –que a fines de los ochenta era todo un profesional– se incorporó al grupo, al que conoció cuando formaban parte del fenómeno teatral de La Negra Ester.
Habían arrancado en Concepción haciendo clásicos y no tan clásicos del rock más auténtico, pero cuando viajaron para probar suerte en Santiago, el primer trabajo que encontraron fue tocar temas de Velvet Underground en una polémica obra de teatro llamada Warhol, una experiencia de la que quedó alguna pista en el último tema de su tercer álbum, una versión de “All Tomorrow’s Parties”. A partir de ahí, el grupo en pleno pasa a formar parte, en el cambio de década, del fenómeno teatral de La Negra Ester, que revolucionó el teatro chileno y dio la vuelta al mundo de festival en festival. En 1991, Los Tres –convertidos en un cuarteto hecho y derecho– fueron directo a grabar un álbum debut que desde el primer tema deja en claro el estilo del grupo: “Somos tontos, no pesados”.

DE HACERSE SE VA A HACER
“Como buenos chilenos del sur que somos, nuestra música tiene un cierto concepto cazuela, que es muy simple: echas a la olla todo lo que ves”, dijo alguna vez Alvaro Henríquez. Si al escuchar nuevamente aquel lejano álbum debut –bautizado con el nombre del grupo y editado por el sello independiente Alerce, que editaba los discos de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez con Pinochet aún en La Moneda– se puede sentir cómo la cazuela ya estaba lista para conquistar Santiago, el gran salto llegó recién con el tercer disco, La espada y la pared, de 1995.
Co-producido por la Sony argentina junto a la filial chilena, es el disco que incluye el hit con el que el grupo hizo historia: “Déjate caer”. Un tema que mereció comparaciones con Spinetta cuando se lo escuchó por primera vez en las radios argentinas, y que hizo que Fito Páez los invitase a participar de su concierto en River, a fines de 1995. Pero cuando en una de sus primeras visitas porteñas debió hablar del rock argentino –un tema que ciertamente no es el preferido de los grupos de rock chilenos, de Los Prisioneros en adelante–, Henríquez eligió mencionar a Charly García. “Siempre me gustó su música. Cuando en los fogones todos tocaban temas de Silvio Rodríguez y cosas así, yo pedía la guitarra para tocar ‘Viernes 3 AM’. Me gusta pensar que la voz de ‘Déjate caer’ tiene mucho de su onda.”
El paso siguiente para la canonización de Los Tres llegó con el Unplugged de MTV. Fue el primero realizado por un grupo chileno, y no sólo eso: también fue el primer disco de un grupo de rock chileno post– dictadura que incluyó sin ningún tipo de prejuicios una cueca como “Quién es la que viene allí”. “Es una versión no invasiva que sonó sin parar en las radios chilenas”, recordó el periodista Iván Valenzuela para la biografía póstuma del grupo. “A Chile le falta su música; y si la tiene, está escondida. Hay pocos grupos de rock que han logrado hacer una cuestión completamente chilena, y Los Tres y Los Jaivas son los dos mejores ejemplos. Los Tres recuperaron las cuecas. No es que les sacaron la tierra de encima; se las apropiaron, y las convirtieron en algo importante para una nueva generación.” Dentro de la discografía de LosTres, el mejor disco ligado a las cuecas de los Parra es el entrañable Peineta, una especie de Buena Vista Social Club propio editado en 1998.
En el punto más alto del éxito, Los Tres decidieron explotar hasta el fondo su vertiente popular y, después de las cuecas del Unplugged, armar su propia fonda. Fondas se llaman en Chile las grandes carpas que se arman durante las fiestas populares, donde la gente se reúne a beber y a zapatear cuecas durante un largo fin de semana. La fonda de Los Tres se llamó La Yein Fonda –al año siguiente hicieron La Piter Fonda–; allí se dieron el lujo de tocar todas las cuecas habidas y por haber, acontecimiento que quedó debidamente registrado en un disco.
El siguiente proyecto discográfico fue una salida de emergencia para una asfixiante popularidad. Musicalmente, Fome (1997) quizá sea el punto más alto de su carrera, pero es también el comienzo de la etapa final de la banda. Pese a que en el tema “Toco fondo” cantaban: “Creo en sordos/ soy del sur”.

PROMESAS SOBRE EL BIDET
“Cuando estaba haciendo Fome, sentía que todo el mundo era mi enemigo, porque lo que estaba haciendo era algo nuevo”, declaró Henríquez para la biografía de Los Tres. “Para los Café Tacuba, Fome es el mejor disco del rock en español. Mi teoría es que el mal le ganó al bien; por eso los que están matando ahora, por sobre Café Tacuba o Julieta Venegas, son Shakira o Enrique Iglesias. La maleza sobre las flores.”
Así como la inclusión de la cueca “Quién es la que viene allí” al final del Unplugged de MTV los convirtió para algunos en el grupo oficial de la transición democrática chilena, el poderoso, iconoclasta y sorprendente repertorio de Fome terminaría echando prácticamente a Los Tres de Chile y llevándolos a probar suerte en México. “Hago lo mejor para no ser el que era/ a los veintinueve, ¿quién no es/ frágil, doliente, cínico y valiente?”, cantó Henríquez en “Feria verdadera”, uno de los mejores temas del siguiente álbum de estudio del grupo, La sangre en el cuerpo, de 1999. Fue el disco con el que Los Tres se jugaron definitivamente la suerte en el mercado mexicano. Y perdieron, tal como lo explica –sin anestesia– la biografía del grupo escrita por Enrique Symns, publicada el año pasado en Chile, un año después de la edición de Freno de mano, el álbum en vivo que oficializó la separación.
La idea del libro de Symns (y de Land) surgió del seno del grupo, pero algunos se arrepintieron de haberla sugerido apenas el contrato estuvo firmado. El escándalo suscitado por la publicación fue un ingrato último acto en la historia del grupo. Retrato de familia disfuncional que ilumina las historias siempre ensombrecidas por la estatura de un grupo de rock, La última canción nunca llega a hacerle justicia a la música de Los Tres. Muchas preguntas quedan picando luego de recorrer sus páginas. Pero la revelación de los entretelones de la relación de cinco años entre Alvaro Henríquez y Julieta Parra –hermana de Angel, vinculada en secreto también con los otros dos integrantes del grupo– explica mejor que ningún comentario musical la verdad que subyace a la separación de la banda. “Hacer el libro fue mi idea, y fue el error más grande que he cometido”, declaró un enfurecido Henríquez el año pasado, en ocasión de la salida del álbum debut de su nuevo grupo, Pettinellis, que incluye un tema dedicado a Symns titulado “No hables tanto”. “Mi error fue creer en un personaje así, o creer que iba a salir algo que hablase de música, que quedara en la historia. En vez de eso fue una despedida horrible.” “Realmente me da lo mismo lo que haya salido en ese libro”, declaró por su parte Julieta Parra. “Ahora: sí pienso que me deberían dar parte de los derechos, porque si yo no estuviera ahí, no habrían vendido ni un libro.”

EL AMOR DESPUES DEL AMOR
“Estas cuatro canciones combinan un fetichismo por la música disco a través del rock, unas armonías vocales que recuerdan a Los Plateros, sentimentalismo y algunos manierismos new wave. Pero no se preocupen por los detalles: las canciones son geniales.” Así define a Vale callampa el crítico Ben Ratliff en su lista de los mejores diez discos del 2002, publicada nada menos que en el New York Times. Una lista orientada hacia el jazz que encabeza Footprints Live!, del cuarteto de Wayne Shorter, y que cierra Casa, el álbum de Jacques y Paula Morelenbaum con Ryuichi Sakamoto. Antes aparece el EP de los Tacuba. Es imposible no jugar a imaginar la cara de alivio de Henríquez, si es que llegó a leer el comentario. Después de la “horrible despedida” del grupo, este orgulloso epílogo tal vez funcione como antiácido después de la indigestión.

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