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Domingo, 4 de julio de 2010

PLáSTICA > FABIáN BURGOS EN DABBAH TORREJóN

Retrato de Transformer con origami de fondo

A fines del 2008, Fabián Burgos inauguró en la monumental fachada del Edificio del Plata sobre la 9 de Julio una obra llamada Velocidad que fue un baldazo de arte en una ciudad ahogada en publicidades e imágenes tóxicas. Ahora, expandió el universo de aquella obra explorando el universo que se la inspiró: las capas de pintura, el espacio intangible entre el fondo y la forma, el origami y hasta los Transformers. Su objetivo: un cuadro en el que se vea y se lea poesía.

 Por Santiago Rial Ungaro

“¡Eu, velocidad!”, le gritaban a Fabián Burgos los mecánicos de su taller, en La Paternal. Para una persona introvertida como Burgos, que se autodefine a sí mismo como un “obsesivo compulsivo”, la situación de haber hecho la muestra de plástica con más exposición de los últimos años debe haber sido una situación bastante vertiginosa: durante 6 meses, en la 9 de Julio, a la altura del Obelisco, la obra Velocidad se reflejó en los ojos de millones de espectadores que no suelen asistir ni a las galerías, ni a los cócteles ni siquiera a Arte BA. Expuesta inicialmente en 2005 en Dabbah Torrejón (donde también expone ahora), la obra original que inspiró esta gigantografía justificaba con creces el título. Pero no es común que un artista tenga la oportunidad de confirmar el carácter cinético de su imaginario con una sola obra, que además se vio replicada y multiplicada en los colectivos de doble piso que el Gobierno de la Ciudad usa para pasear a los turistas.

“La verdad es que los meses que duró la muestra me los pasé encerrado en mi casa. La verdad es que me gustaría ser popular, ir a comer a lo de Mirtha Legrand. Pero para hacerlo tenés que trabajar para eso. Fijate que los artistas plásticos más populares en general son los más grasas y los peores. Y la verdad es que no tengo tiempo para hacer eso. ¡No aproveché mi momento!”, bromea Fabián “Velocidad” Burgos, quien además de plástica practica boxeo para calmar la ansiedad de estos tiempos de aceleración creciente y permanente. Claro que, más allá de esta velocidad ambiente, Burgos sabe manejar muy bien las velocidades relativas. Desde hace tiempo que parece haber encontrado su ritmo de producción-exposición, haciendo apenas una muestra cada 5 años, ritmo que él mismo compara con los ritmos productivos de su admirado Ray Davies, líder de The Kinks. Con Abstracta, su nueva muestra, Burgos vuelve una vez más a sumergirse en los extraños y largos procesos que hacen que cada una de sus pinturas tengan algo especial. Y espacial, claro. “No podría decir del todo que haya terminado la serie de Velocidad, porque cuando hago una serie que me gusta siempre vuelvo a retomarla. Pero ocurrió que dibujando formas sueltas, sin buscar nada especial, apareció un espiral, y empecé a ver los espacios de entrecruzamiento entre las líneas. En mi obra siempre le di mucha importancia al espacio y al vacío... A veces tengo más interés en lo que no está que en lo que está. Y al rellenar estos huecos retomé esta idea de mostrar lo que no se ve.” Nuevamente, en esta muestra hay mucho que es perceptible pero no visible. Por ejemplo, en la paleta. “Si ves estas obras que son bicolores no sabés que abajo hay un color complementario. El color, en este caso el ocre, por ejemplo, tiene abajo una capa de pintura azul. Si no hubiera puesto azul, la imagen se hubiese aplanado. Además, en esta muestra, al configurarse la obra un poco como ‘fondo y figura’, me encontré con la necesidad de separar esos dos elementos, para ubicar al espectador, imaginaria y físicamente, entre uno y otro, como si fuera un nicho entre el fondo y la forma. Así me apareció la necesidad de mantener en suspensión la figura. Creo que lograr que la figura pueda ‘flotar’ en un espacio plano es la clave de esta muestra.” Parte del trabajo entonces está en lo que no se ve pero se percibe. “Para mí es más fácil hablar sobre lo del color, que ya vengo trabajando desde hace años, que sobre el dibujo, ya que eso es algo que todavía estoy aprendiendo. Son los primeros seis cuadros que estoy haciendo de esta nueva serie.”

Esta nueva serie, Abstracta, está conformada por espirales con formas angulosas, espirales que hacen zigzag, avanzado y retrocediendo, pero siempre volviendo al punto inicial. Burgos es consciente de que “la forma de encerrar los espacios es en realidad algo muy elemental. A mí siempre me gustó trabajar con ideas muy elementales que yo después pueda densificar. Por ejemplo, cómo encarar obras hechas con un plano y con una línea para que tengan peso perceptual. La muestra se podría haber llamado Fondo y Figura, que de algún modo es lo opuesto a lo que venía haciendo”. De modo característico, Burgos, primero menciona al Fondo antes que la Figura. “Desde que empecé a pintar, mis fuentes de inspiración fueron la historia de la pintura y el diseño. Aunque no estudié diseño, no rigurosamente. Me interesa la imagen más en bruto. Y de la historia del arte siempre me fascinó lo inmaterial, la relación entre la forma y el contenido, eso que se habla siempre del ‘qué’ y el ‘cómo’. La verdad es que a mí siempre me interesó más el ‘cómo’. Para mí el ‘cómo’ contiene el ‘qué’, y creo que mi obra siempre se desarrolló a partir de esa situación.”

Burgos cuenta que en los ‘90 se empezó a interesar cada más en la ciencia. Más que con la ciencia, Burgos aclara que lo que lo atrajo por entonces y lo sigue atrayendo ahora es el resultado formal de los dibujos que representan leyes científicas. “Yo llegué a eso a raíz de algo totalmente fortuito. Aquél fue un momento de mucha avidez intelectual, todavía me estaba formando como artista. Por ese entonces en la Embajada de los Estados Unidos había una biblioteca muy completa, que era la Biblioteca Lincoln, y yo empecé a ir muy a menudo. Y cuando terminé de ver todos los stands de arte pasé a los de ciencia, que estaban al lado. La verdad es que no me interesa la ciencia en sí misma, pero sí me interesa plástica y formalmente. Y hasta me animaría a decir que me interesó espiritualmente, porque esas representaciones gráficas me empezaron a obsesionar. Los dibujantes de mitad de siglo XX representaban los fenómenos científicos como un pedido expreso de una editorial. Por ejemplo, representar la longitud de onda a través de una cadena de puntos. Y terminaba siendo algo artístico. Y a partir de eso me fui volcando hacia lo óptico. A la vez, la representación gráfica de la ciencia de la década del ‘50 respondía a mis intereses personales: la expansión, la acumulación. Encontré que esas variables repercutían psicológicamente en mí.”

Esta obsesión con el op art alcanzó su punto culminante en su muestra anterior (El amor probablemente, del 2005), una especie de “grandes éxitos” de artistas como Bridget Riley, Max Hill o Daniel Buren. “De alguna manera mi trabajo derivó en el op art, que también tuvo en sus comienzos fuentes científicas: Soto y los demás geométricos venezolanos han mezclado la historia del arte con la ciencia, lo mismo Riley. A mí siempre me atrajo mucho el tema de la copia. Es algo esencial en mi trabajo.” Claro que en la copia hay siempre algo más, pero en este caso la idea fue tomar otro camino.

“En un principio, la idea germinal es la de una espiral de ángulos rectos. Después de hecha la muestra, vi que también había algo del espíritu de diseño y el arte japonés. Y ahora hablando con vos encuentro también una similitud con los origamis. Si ves el cuadro azul y Espiral 1, ésa es la línea que de este grupo me gustaría seguir, el de esos dos cuadros. Y también tienen algo en común con los dibujitos de Transformers, que los vi con Amadeo, mi hijo. Creo que la desarticulación del muñeco para lograr su transformación de los Transformer, son similares a los movimientos del origami, y, por ende, son también similares en concepto el proceso del devenir en la práctica budista”, arriesga. Burgos comenta que, aunque su obra siempre escapó, deliberada o inconscientemente, a las influencias de la plástica argentina, “también me dijeron que hay algo del arte concreto de la Argentina de los ‘40 en algunas obras, y puede ser cierto. En estos momentos me interesa la idea de la línea que no tiene fin. No quiero hablar de mis problemas personales, pero los obsesivos compulsivos tienden a buscar lo circular. Y creo que acá, lo que yo quiero hacer son círculos. No sé si lo busco, pero la idea más primaria de esto es lo simbólico de la línea que no empieza ni termina, lo simbólico de la espiral. Para mí eso es poesía”.

Abstracta

Fabián Burgos

Galería Dabbah Torrejón (El Salvador 5176)

de martes a viernes de 15 a 20 y sábados de 11 a 15 hasta el 27 de julio.

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