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Domingo, 12 de septiembre de 2010

PERSONAJES >LINDSAY LOHAN, ENTRE LOS PAPARAZZI Y LOS TRIBUNALES

Infama

 Por Natali Schejtman

La imagen de la celebrity descarriada es un lugar común en nuestra retina. En general, la elegida para este tipo de reality sin contrato es una mujer, joven y vital. La estrella titilante del momento es Lindsay Lohan, que fue sentenciada a mitad de año a 90 días en la cárcel por no haber cumplido con la rehabilitación, además de haber manejado bajo la influencia de cocaína y de alcohol y mentir sobre eso. Cárcel y otra rehabilitación para la chica de 24 que cada semana agrega otra perlita para el regodeo de los paparazzi y de su público (o sea, todos): la última indica que habría atropellado a una mujer con un cochecito de bebé y luego huido de la escena (afortunadamente no hubo secuelas y la información es un poco imprecisa al respecto). En fin, un drama. Pero un drama no como el de Britney, otra estrella castigada por el show business y ella misma, a quien veíamos padecer mes a mes, violenta y de-rapada. La historia de Lindsay se sigue como una historia llena de frivolidad, desidia y soberbia. Con Britney, se mostraba frívolamente y con mucha saña un derrotero bastante trágico. En este caso pareciera que todos, ella y sus vidrieras, tiran para el mismo lado, subordinando cualquier acontecimiento objetivamente “duro” a su lógica despreocupada e hipermediática. Entre llantos, durante la sentencia, se tapó la cara con las manos, moqueando y de paso evidenciando la frase “Fuck U” en la uña correspondiente, aunque ella dice que no estaba dirigido a la jueza. Es más, a Lindsay también se la obligó a usar una tobillera Scram que controla su consumo de alcohol. ¿Qué hizo ella? Preguntó por Twitter si Chanel no se lo podía diseñar. Todo es una imagen posible, y en ese sentido, no hay tanta diferencia entre la “ficción” y la “realidad”.

Tanto es así que antes de entrar a la cárcel, después de un juicio tan publicitado, la actriz le dio una entrevista a Vanity Fair en la que hablaba de todo: su adicción a las drogas, la gente equivocada con la que se había juntado y su malísimo padre, causante de buena parte de sus problemas. La revista la tiene, bonita y producida, en la tapa este mes, en el que a todo lo que le pasó, casualmente, se le suma el estreno de Machete, la película de Robert Rodríguez en la que actúa. Se sabe: es todo parte de lo mismo (incluso hay fotógrafos paparazzi que afirman que ella colabora con ellos por un monto de dinero). En términos de lo rendidora que puede ser una tapa, ir a la cárcel, en definitiva, también es un estreno.

Cuando la farándula se cruza con la Justicia pasa algo raro. En general, este cruce apela a darle cierta seriedad o entidad dramática a una trifulca y al final las palabras juicios, denuncias o abogados se despilfarran. De hecho, la frase “carta documento” aparece tantas veces en la televisión que podríamos pensar que es una PNT de algún Correo. Pero una cosa es cuando los protagonistas de algún hecho mediático piden que intervenga la Justicia (como sucede todos los días en nuestra televisión) y otra cuando la Justicia entra de sopetón a la vida de alguien, sin que este alguien lo llame a los gritos (como, digamos, Carmen Barbieri), aunque lo haga con hechos. Lindsay Lohan, se supone, “se pasó”. Ya no es la confesión de bulimia o una pelea con su padre, cosas que pueden dirimirse en un programa de televisión, con jurados de mentirita. Ahora el jurado es de verdad. Y sin embargo, la Ley y el Orden entran cómodos al escenario hollywoodense y la misma sentencia que la tiene a ella, llorona, de protagonista, tiene alguito de talk show.

Lindsay Lohan está muy bien cotizada pero no es Madonna ni Britney Spears. Sin embargo, ya tuvo su castigo mediático, judicial y ahora hasta es votada como la segunda “peor celebridad”, después de Paris Hilton, cómo no. Finalmente cumplió 13 días de cárcel y 23 de los 90 de rehabilitación.

Algunos opinan que ella no es creíble en su victimización (los videos de sus alegatos están disponibles); otros creen que ésta es una embestida exagerada y con ribetes misóginos (como sucede con buena parte de las celebridades castigadas). En lo que seguramente todos coinciden –y sobre todo ella, que está estrenando nueva película, ya fuera de la cárcel– es que el show debe continuar.

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