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Domingo, 28 de noviembre de 2010

PERSONAJES > ADIOS A INGRID PITT (1937-2010)

VAMPIRA Y PERONISTA

 Por Alfredo Garcia

Los fans de las películas de terror la recordarán siempre como la vampira más sexy de la historia del cine, aquella Carmilla decapitada por Peter Cushing en uno de los clásicos del terror inglés, The Vampire Lovers (Amores de vampiros, Roy Ward Baker, 1971) producida por la legendaria empresa especializada en horror gótico Hammer Films. El estudio la promocionaba como “The most beautiful ghoul in the world!”.

Pero la inmortal Ingrid Pitt (nacida como Ingoushka Petrov, por lo que no tiene ningún parentesco con Brad Pitt) es una mujer tan misteriosa como los personajes que interpretaba en la década del ‘70. No sólo sobrevivió a los campos de concentración nazis sino que la bella muerta viva de la Hammer también salió ilesa de la sangrienta Argentina en los tiempos de la Triple A y la dictadura de Videla.

Así es: entre los secretos más extraños de Ingrid Pitt está el de haber vivido durante casi tres años, entre 1975 y 1977, en las pampas argentinas. Ingrid Pitt estuvo de vuelta en Buenos Aires durante una semana de enero de 1998 para recordar esos tiempos en una producción especial de un programa de radio muy popular de la BBC de Londres: Sentimental Journey lleva todas las semanas a distintas personalidades de la cultura inglesa a lugares que tuvieron un significado clave en su vida. Ingrid Pitt eligió venir a la Argentina, país donde vino ni bien se casó con el productor y representante deportivo Tony Rudling. Luego de enviar esa emisión radial desde Buenos Aires, Ingrid volcó algunas de sus impresiones en su libro autobiográfico de 2006, Life’s a Scream. De regreso a Inglaterra, pasó los últimos años de su vida en Londres, donde murió el martes pasado a los 73 años.

Según la actriz de The House that Dripped Blood (Peter Duffell, 1971), ella ya se había interesado por estas tierras al conocer a Juan Domingo Perón y a su esposa Isabel Martínez en la España de mediados de los ‘60. “Estoy emocionada por haber podido estar parada en el balcón de Evita en la Casa Rosada. Logré recorrer toda la Casa de Gobierno y que abrieran salones especialmente para mí fue una gran experiencia”, exclamó esa tarde de 1998 en un buen castellano antes de salir al aire para la BBC. Para Pitt todo lo referente a Perón era muy importante ya que, en una faceta poco conocida, la mujer que combinó por primera vez el terror y el sexo también fue una historiadora que publicó en Inglaterra dos libros sobre el máximo líder político argentino y su primera dama, The Perons y The Mistery of Eva Perón. En aquella visita a fines de los ‘90, contó también que preparaba un libro sobre José López Rega, “un personaje muy oscuro que también conocí en España. Todavía no sé cómo se va a llamar este libro, puede ser The Sleeping Sorcerer of the Pampas” (algo que se podría traducir como “El Brujo Durmiente de las Pampas”), contó la vampira nacida en 1943 en Polonia, en un tren que se dirigía a un campo de concentración. Pero el libro nunca se concretó. Igual que en un proyecto que ella aseguraba que la iba a tener como actriz de Leonardo Favio, quien consultado al respecto apenas si recuerda una rubia gringa que aparecía en festicholas de la mano de su marido inglés.

No hay dudas de que Ingrid Pitt fue un personaje singular. Debutó en cine en la insólita película española de terror El sonido de la muerte (1964), que filmó en Grecia el prestigioso y por entonces un tanto decadente José Antonio Nieves Conde. Es una de las primeras producciones españolas dentro del género, diseñada para mantener razonablemente la tensión con un presupuesto mínimo, que aprovecha al máximo la delirante premisa de un monstruo invisible que emite unos sonidos letales. Ingrid interpreta a una de las primeras víctimas de ese ente, y no recuerda nada bien esa experiencia: “No sé cómo se acuerda de esa película horrible”, le dijo a este cronista en su momento.

Su carrera siguió con papeles imperceptibles en títulos importantes como la comedia de culto Something Funny Happened in the Way to the Forum (Algo gracioso sucedió camino al foro, Richard Lester, 1966), la shakespeareana Chimes at Midnight (Campanadas de medianoche, Orson Welles, 1966) y algunas intervenciones en films españoles como Los duendes de Andalucía (Ana Mariscal, 1965), en el que trabajó con Sancho Gracia, y el gran éxito de taquilla Un beso en el puerto (Ramón Torrado, 1965). Su primer papel de reparto más o menos importante en una película clase A fue en la superproducción bélica con Clint Eastwood Where Eagles Dare (Donde las águilas se atreven, Brian G. Hutton, 1969). “Yo hacía teatro, y estaba en España en una compañía cuando empecé a conseguir papeles en cine. Pero esas primeras películas eran realmente malas. Luego, el cine evolucionó de una manera un poco decadente hacia el sexo, casi pornográfico, o al terror; y cuando tuve que elegir, preferí el terror.”

Sin embargo, el tipo de terror que caracterizó a Ingrid Pitt está estrechamente vinculado con la sensualidad: su rol protagónico en The Vampire Lovers –adaptación de la primera novela de vampiros, Carmilla de Sheridan Le Fanu, que fue escrita mucho antes del Drácula de Bram Stoker– es un hito del cine fantástico por ser la primera producción de Hammer Films en incluir desnudos, además de contener claras referencias al lesbianismo de la vampira estelar. Hasta entonces la Hammer había logrado convertirse en la productora más redituable del cine inglés gracias a films de terror gótico con imágenes muy truculentas para la época, como la larga serie de Frankensteins y Dráculas protagonizados por Peter Cushing y Christopher Lee y dirigidas por gente como Terence Fisher y Freddie Francis. Y The Vampire Lovers demostró que la firma estaba dispuesta a avanzar en el erotismo de sus films sin perder la calidad de siempre.

“A mí me encanta esa película porque, a diferencia de todas las actrices del cine de terror, que siempre son víctimas, yo cambié las reglas del juego: yo era el monstruo y no una chica asustada. Mi aproximación al papel fue muy inocente, y creo que eso ayudó a la eficacia del film. Yo en esa época ni pensaba en que Mircalla (anagrama de Carmilla) pudiera ser lesbiana, y que en realidad ella perdonaba a su víctima Madeleine Smith porque la amaba. Y este desconocimiento de la naturaleza del personaje le dio una frescura especial a esta vampira. Creo que es lo que ha hecho que los fans del género siempre me sigan hablando de The Vampire Lovers más que de cualquier otra película, incluyendo obras maestras como The Wicker Man.”

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