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Domingo, 7 de agosto de 2011

ARTE 2 > SANTIAGO VILLANUEVA Y COMO REESCRIBIR LA HISTORIA DEL ARTE Y SUS INFLUENCIAS

Breve cronología del tiempo

Cómo hacer para reescribir la Historia del Arte volviendo a una muestra que se presentó en Buenos Aires en 1930.

 Por Claudio Iglesias

Es sabido que los títulos con años remiten a proyecciones futurológicas: 1984 es un ejemplo a la mano. 2015, la conferencia sobre el destino del financiamiento público del arte editada por Frieze en 2005, es menos conocida pero igualmente inquietante. 1930, en este sentido, nos pone en la dirección contraria: un viaje al pasado, un pasado en el cual el futuro del arte resultaba todavía un objeto a imaginar. El título de la muestra de Santiago Villanueva (Azul, 1990) en La Ene hace referencia a la muestra Novecento Italiano que en septiembre de aquel año se presentó en Buenos Aires, dice el artista, para cambiar el rumbo del arte argentino. El mismo concepto de Novecento, en aquel momento, no era más que un esfuerzo numerológico por parangonar a la joven escuela romana con los grandes “siglos” (quattrocento, cinquecento, etc.) del arte italiano. La exposicion incluía piezas de Carlo Carrá, Giorgio de Chirico y Giorgio Morandi, entre otros, y funcionó como un catalizador a destiempo del proceso en el que estaba envuelta la avanzada artística local, en cuanto los artistas representados en aquella muestra constituían un “retorno al orden” y no precisamente la vanguardia que los porteños del ’30 esperaban ver.

Villanueva emprende una reconstrucción novelada de tales procesos de lectura: además del catálogo adquirido en MercadoLibre, y para solaz de su ahínco cronológico, exhibe otras fechas que remiten a las muestras iniciales de las vanguardias locales en dos libros gigantes titulados 1921-1924 y 1933. Notamos entonces una pintura colgada en la pared del museo: una obra de Susana Vilardebó, una artista de Azul, de los años ’60. La inspiración cubista de la pieza redunda en otro juego de cronologías: así como Pettoruti conoció el cubismo ya entrados los ’20, Vilardebó inició en los años ’60 el cubismo azuleño. Para darle más seriedad a la hipótesis, Villanueva se encargó personalmente de pedir la obra en comodato al Museo López Claro de esa localidad bonaerense, dirigiéndole una carta al mismísimo intendente. En un texto escrito para la exhibición, profundiza en el carácter retórico de su maniobra: “Este cubismo que Vilardebó hace en los ’60 implica un desfasaje temporal, igual que el de Pettoruti y sus contemporáneos. ¿Qué tiene de vanguardia un cubismo en los años ’20? ¿Qué tiene de vanguardia un cubismo en los años ’60?”

A Villanueva no le interesa sin embargo impugnar al autor de tantos arlequines como marcar la centralidad de las influencias en el arte, el carácter artificial de la historia y la posibilidad de reencontrar tras las líneas del pasado algunas claves útiles hoy en día. Todo lo cual prefigura una agenda no sólo fuertemente nacional e institucional, sino incluso virulentamente anticontemporánea. El ritorno al mestiere (“retorno al oficio”) proclamado por de Chirico en 1922 parece reencarnar hoy en un artista que quiere, él también, recuperar las tradiciones, y lo hace buscándose un precedente en una figura inopinada: nada menos que Marcelo Pombo. Poniendo en práctica con toda literalidad algunas de sus ideas, resaltando otras veces algunas facetas inexploradas de su obra, Villanueva nos devuelve a un Pombo en el que no concursa ninguno de los lugares comunes asociados con el llamado “arte argentino de los ’90” (referidos a los artesanal, lo bello, lo kitsch, etc.) y en el que, en cambio, resaltan características propias de un conceptualista contemporáneo (a la manera de Mario García Torres o Alejandro Cesarco), pero con unos quince años de anticipación. En este punto, el sentido infeliz de las apropiaciones periféricas se invierte, y el futuro parece no estar ya en Amsterdam o en Nueva York, sino en los secretos y entretelones de la historia local. Porque el tema central en la obra de Villanueva es la historia artística como un relato abierto, lleno de vetas que miran al futuro. Una muestra con material de archivo concluye así con una sensación visionaria: como dice la radio en una escena de Children of Men, anunciando un tema de The Kills, tal vez en 2011 todavía no sabíamos que el futuro estaba a la vuelta de la esquina.

1930
Nuevo Museo Energía de Arte Contemporáneo
Av. Santa Fe 2729 local 24 (1er. piso)
Martes, miércoles y jueves de 15 a 19

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