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Domingo, 26 de febrero de 2012

HALLAZGOS > LA ILUMINADA AUTOBIOGRAFIA DE CHRISTIAN BOLTANSKI

La vida y nada más

Nacido en París durante la Segunda Guerra, de padres escondidos en un altillo, de infancia extraordinariamente peculiar, autodidacta y salvado por el arte de una vida más peligrosa aún, Christian Boltanski es uno de los artistas franceses más importantes de la segunda mitad del siglo XX, reconocido por sus instalaciones que cruzan con sutileza y contundencia el existencialismo, la experiencia religiosa y la Historia. Su vida, vuelta mito y contada mil veces por él mismo, ahora encuentra su mejor forma: la autobiografía. Acá, apenas algunas de sus perlas.

 Por Lucrecia Palacios

Representante del conceptualismo que floreció en Europa después del Mayo Francés, pionero de la instalación y abanderado del arte de archivo que se convirtió en moda en los años ’90, Christian Boltanski lleva más de cuatro décadas desarrollando en su trabajo los mismos temas: la gratuidad del mal, la fragilidad de la vida y la imposibilidad de la memoria. En Christian Boltanski: La vida posible de un artista, el libro de entrevistas recién traducido al castellano, el artista recorre su vida y sus obras y, a la vez que abona su mito de niño herido por la guerra y creador obsesivo y dedicado, desecha la liviandad e inefabilidad como valores en el arte y se propone como el último existencialista.

En Alemania, se les dice kellerkinder a quienes nacieron entre 1940 y 1945. Quiere decir “niños del sótano”, y la palabra es elocuente sobre infancias que transcurrieron escondidas y atrapadas, protegiéndose de la humareda, la persecución y el polvo que eran las ciudades de la guerra. Boltanski nació en París en 1944 y muchas de sus historias tienen como telón de fondo la Francia ocupada y colaboracionista. Hijo de un padre judío (que vivió durante dos años disimulado en el altillo de su casa para escapar de la mirada de los vecinos delatores) y de una madre católica (que hizo dormir a toda la familia en el mismo cuarto por décadas convencida de que separarse era peligroso), Boltanski salió solo a la calle por primera vez a los 18 años. Espíritu extraño dentro de una situación aún más extraordinaria, no fue a la escuela, aprendió a leer tarde (y mal) y jugó a los soldaditos hasta los 35 años.

Christian Boltanski: La vida posible de un artista Christian Boltanski y Catherine Grenier Ediciones de la Flor 224 páginas

Claro que muchos de estos datos son dudosos. No sólo porque el mismo artista se ha encargado de exponer la fragilidad de la memoria, sino (y sobre todo) porque todas las historias encajan tan perfectamente con su obra que, de tan parecidas, se hacen indistinguibles. Boltanski viene puliendo estas narraciones, repitiéndolas una y otra vez como cantilena desde hace décadas. Se pueden revisar en cualquier entrevista que haya dado a partir de los ’90, los años en que su obra prendió como pólvora en el escenario internacional. Aparecen también en el documental que filmó en 2010 Heinz Peter Schwerfel y las reiteró, casi con las mismas palabras, en la conferencia que dio en octubre del año pasado en el Centro Cultural Borges, invitado por la Universidad de Tres de Febrero, aquí, en Buenos Aires.

Pero en Christian Boltanski: La vida posible de un artista, que acaba de lanzar Ediciones De la Flor, este puñado de historias encuentra su forma justa: el libro de memorias. Guiado con cuidado por las preguntas de Catherine Grenier, Boltanski va destejiendo sus respuestas habituales y expandiendo las anécdotas. Es, por supuesto, un libro retrospectivo que revisa sus obras y su credo estético. Boltanski se muestra como un gran observador de su trabajo, y abrevando de dos fuentes tan diversas como la sociología del arte y el idealismo alemán, se esfuerza por construir una genealogía para su obra que la aleje de los conceptualismos y la acerque a la pintura expresionista. Como buena memoir, es también la historia de un hombre que sabe que ha perdido la juventud y dirige una mirada piadosa al niño que fue, a sus ilusiones juveniles y al mundo que desapareció. Como en las mejores obras de Boltanski, sobre la historia chiquita de su vida se proyectan la historia grande de la Europa de posguerra y la historia mítica de las neovanguardias.

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“Tengo un recuerdo preciso: estaba en el auto con mis padres y comprendí, primero, que mi infancia había terminado, y segundo, todo lo que debía realizar como arte durante mi vida.”
 
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