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Domingo, 15 de junio de 2003

PLáSTICA

Un pez en el agua

Nadadora eximia, profesora de natación y devota de Jacques Cousteau, Fabiana Imola usa ploteados, patrones
de diseño y hexagramas del I Ching para recrear la lógica leve de las profundidades marinas en las paredes de la galería del Rojas.
El resultado es Chia Jên, una instalación que hipnotiza.

Por Santiago Rial Ungaro

El origen de la vida está en el agua. De la vida individual (lo que nos lleva al útero materno), pero también de la vida del planeta. Y también, aunque el agua, en ese caso, sólo sea una sugestión plástica, a Chia Jên, la instalación de la artista rosarina Fabiana Imola que se podrá ver hasta el 25 de junio en la Galería del Centro Cultural Rojas. Si bien no hay agua en el espacio, las líneas rojas que se expanden por las paredes de la galería tienen una ondulación que remite a la fauna y flora marinas, y a los misteriosos seres de las profundidades. Sean bichos, imágenes de laboratorio, siluetas de mujer, animales o trayectorias, las figuras siempre parecen estar nadando o, a lo sumo, navegando. Imola asiente: ha pasado una gran parte de su vida en el agua, y sabe muy bien qué la diferencia del aire: “Yo, en mi infancia, era nadadora, entrenaba, y ahora doy clases de natación. Tengo una relación con el agua muy fuerte, a tal punto que me siento fascinada e influenciada por gente como Jacques Cousteau”.
También es cierto que Imola se siente en el Rojas como pez en el agua. Fue Gumier Maier, curador de la muestra, el que se interesó por sus dibujos. “Me acuerdo de que cuando lo conocí, en el año 1999, yo estaba haciendo unas obras encastradas, con piezas de piña recortadas. Eso fue lo que le mostré a Gumier, aunque también tenía una carpeta con unos dibujitos que tenía pensado guardarme porque me daba vergüenza. Y él me dijo: ‘Quiero que me muestres eso que te da vergüenza’.” Si el origen de la vida está en el agua, hay un único dibujo que origina Chia Jên, un término chino, más precisamente el título de un hexagrama del I Ching que significa “el clan, la familia”. Para Imola, esta idea funciona como una clave de acceso a sus últimas obras. Aquí aparece la idea del dibujo como puente: el tránsito del dibujo analógico al dibujo digital. Imola comenta que en sus obras anteriores, cuando trabajaba sus dibujos en forma manual, las formas eran más fluidas. En éstas, el pattern design (diseño de patrones) arroja un resultado visual más frío y distante, más contenido.
“Me interesa rescatar esto”, anuncia la artista: “Hace dos años que escaneé un dibujo en la máquina, uno solo, y desde entonces trabajo únicamente con ese dibujo, utilizándolo a modo de patrón y de módulo. Aparece mucho la idea de gestación de nuevas formas desde un único módulo madre que va generando nuevas figuras y variantes. Desde esta evolución propia de la naturaleza (de lo más simple a lo más complejo) llega Imola a formar una familia de obras. “El mural (en el que hay una sola figuramadre) está trabajado con una figura que yo llamo ‘El Bicho’, que es la madre de todos y va rotando y cambiando de recorrido. Al ploteado en rojo que está frente al mural yo lo llamo ‘los hijitos que están por venir’.”
Ése es el módulo base que se reproduce en 5 o 6 genes hechos en diferentes tamaños, y al lado de esta familia de hijos hay una figura de mujer, una mujer muy histérica. Aquí hay que destacar la estrategia de apropiación del espacio que tiene Imola, que concibe cada proyecto para un espacio puntual y específico. De ahí que la venta de sus creaciones resulte a veces imposible, como en el caso de la serie de arabescos coloridos, fantasiosos y perfumados que exhibió en Belleza y Felicidad. Lo primero que hace Imola es fotografiar los lugares donde instalará sus seres; luego los trabaja desde su PC. Así, la puesta en escena de cada una de esas criaturas (la artista no habla de dibujos abstractos sino de seres animados) es fruto de una decisión muy meditada. “La puesta en escena es clave en mi manera de trabajar: tomo imágenes de la PC, del espacio digital, e instalo mis diseños dentro de ese espacio. La puesta intenta mostrar cómo esos seres se mueven en esa caja blanca.”
Para que estas leves formas cobren vida en el espacio de las paredes, el ploteado es fundamental. Imola: “El hecho de adherir mis líneas ploteadas en vinilo rojo a la superficie bidimensional del muro tiene su contrapartida en la tensión espacial que desata otra serie de obras,instaladas sobre las paredes en delgados fragmentos metálicos, también de carácter curvilíneo. Así es como la forma está adherida al muro: la caja blanca del espacio es el lugar donde habita la forma. Y el ploteado también está pensado como algo que alivia toda la electricidad que tienen las figuras de chapa, que son más nerviosas. La chapa aparece adherida al muro, casi parasitando el espacio, lamiéndolo. Y tiene otra vibración, más relacionada con el hecho de ser una materia prima del diseño industrial, un objeto cultural. A la vez, al desprenderse y generar sombra, genera otra tensión, como si estuviese saliendo del muro. Yo venía trabajando el ploteado desde el uso del negro, como un modo de marcar lo gráfico del dibujo”.
Ahora todas las figuras han reemplazado en negro por el rojo, trabajado “en diferentes variedades: un rojo más anaranjado, otro más Coca-Cola, y todos pintados con pintura de pared. Vengo usando ese color por una cuestión de enamoramiento”, confiesa Imola, mientras agarra una carterita roja con una mano y un vaso de vino tinto con la otra. “También me interesa que haya una marca más autoral: el rojo Imola sería una mezcla de rojo Coca-Cola, rojo-naranja y rojo bermellón.” Por lo recargado de sus decorados, el trabajo de Imola se ha asociado a menudo con el barroco. Chia Jên, sin embargo, está instalada de una manera minimalista.
Además de enseñar a nadar, Imola coordina los talleres de arte de la Colonia Psiquiátrica. “De esa experiencia –dice–, puedo afirmar que la creatividad es como una aspirina. A mí me interesa enseñar desde la relación con los materiales, que es lo que me pasa a mí.” Ducha en el arte de mantenerse a flote, Imola también se atreve a bucear en sus propias profundidades, y en esta muestra ya insinúa una punta del ovillo que vendrá: “Estas figuras se leen distinto según la escala que tengan, y al transportarlas a un tamaño mucho más grande aparece enseguida una cuestión monstruosa. Creo que eso es lo que voy a investigar en mis nuevas producciones: la monstruosidad de estas imágenes”.

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