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Domingo, 15 de julio de 2012

CINE > VALIENTE, LA FALLIDA PERO DESLUMBRANTE PELíCULA DE PIXAR

Pálido fuego

 Por Mariano Kairuz

En los diecisiete años que Pixar lleva siendo la vanguardia de la animación digital –es decir, desde el estreno de Toy Story en 1995–, surgieron numerosos competidores de peso, pero ninguno le gana en al menos una cosa: sus películas, incluso las menos logradas, son siempre las que mejor se ven, las que contienen (o mejor dicho, liberan) las imágenes más potentes, las que aspiran y casi invariablemente consiguen dar con alguna forma de sublime belleza. Alcanza con recordar esa escena climática de Toy Story 3 (una de las mejores) con sus protagonistas unidos en el terror ante el incinerador ardiente que amenaza con engullirlos para siempre. O los primeros silenciosos, épicos minutos de Wall-E, la algo sobrevalorada saga futurista que devenía hipócrita crítica de la sociedad de consumo, pero que contaba con el mejor prólogo del cine de animación contemporáneo, una secuencia que hacía de las ruinas de la Tierra y las rutinas del pequeño autómata que las recorre cotidianamente un pico de encantamiento y emoción. Las profundidades del océano fueron un espectáculo hipnótico –-por su composición y sus colores– en Buscando a Nemo; el mundo de los sueños devenido cadena de montaje alcanzó la altura de los más osados experimentos de los surrealistas sobre los tramos finales de Monsters Inc. Y ahora se estrena Valiente, Brave en el original, que tan bien se veía en los trailers y en las fotos promocionales pero que está destinada a decepcionar, al menos al público más o menos adulto. Un argumento que se queda corto y se deshilacha en previsibilidades termina frustrando un proyecto más que prometedor. Brave era, tal como se anunció, el primer cuento de hadas en un sentido más o menos tradicional de Pixar (ambientado en la Escocia medieval); además de la primera película de la compañía protagonizada por una chica (Merida, joven hija de reyes, maestra en el manejo del arco y la flecha); la primera dirigida principalmente a un público femenino (con su retrato de la intrincadísima dinámica entre una madre y su hija adolescente), y también debió ser el primer largo de Pixar dirigido por una mujer. Debió serlo, pero no: su autora y directora original, Brenda Chapman, fue separada de la producción a mitad de camino en virtud de “diferencias creativas” con la compañía, y en el film terminado comparte crédito de realización con su reemplazante Mark Andrews. Difícil confirmarlo, pero el dato de este traspié de producción es al menos sugestivo, o al menos parece haber tenido que ver con sus desniveles narrativos.

El asunto es que el quiera ver “la” película de animación de este invierno tiene que arrojarse de cabeza, sin dudarlo, a Madagascar 3, un delirio absoluto, un film psicótico, alienado y alucinado que trasciende la suma de sus (muchos y muy graciosos) chistes, convirtiéndose en el dibujito más lisérgico de los últimos tiempos y en el heredero más inspirado de los cada vez más lejanos Looney Tunes. Pero el que esté a la caza del último, más afinado estímulo visual, debe buscarlo en otro lado: a pesar de sus contradicciones, con Valiente Pixar lo hizo de nuevo, y todos los defectos que puedan endilgársele a un guión que se queda corto, quedan compensados por la afiladísima nitidez de sus imágenes. Primer gran aporte de Pixar a la redituable colección de “princesas” de Disney, Merida –la chica que, contra los planes y designios de su madre, no se quiere casar– es un prodigio del diseño visual de un personaje. Su salvaje, desafiante, fulgurante cabello naranja, hecho como de fuego, interactúa con los impresionantes fondos elegidos como ambientación de su relato –la profundidad verde, azul, oscura del bosque y las montañas escocesas– creando algunos de los planos más impresionantes del cine reciente. Pasaron diez años y medio desde que Pixar contó los pelitos de Sulley, su adorable monstruo de las pesadillas en Monsters inc.: eran dos millones y cada uno de ellos parecía cobrar vida en pantalla de manera independiente. Con Merida, Pixar vuelve a desafiar las expectativas, a subir la barra, es una vez más el robotito domando la naturaleza. Ese cabello de fuego es una pequeña revolución que va mucho más allá del prodigio técnico, ya que sigue abriendo su universo de posibilidades expresivas y narrativas. Para el estudio que sigue detentando la vanguardia, ha tomado el centro de la escena una tensión permanente que se viene manifestando en cada una de sus creaciones –ahora que se le animan no sólo a los juguetes, los autos y los animales sino a los seres humanos–: cómo seguir siendo los más sofisticados sin dejar de ser también, los más humanos y sensibles.

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