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Domingo, 6 de julio de 2003

PLáSTICA

El coleccionista

Fabián Burgos se tomó un descanso de la pintura abstracta y montó en el Centro Recoleta MC5: Misceláneas, un rompecabezas de imágenes ready made que tienen la voracidad, la nostalgia y el eclecticismo desesperado de la adolescencia.

Por Santiago Rial Ungaro

A A los 9 años, Fabián Burgos recortó una foto de Guillermo Vilas y la pegó en la pared de su habitación. Después llegó el turno de la foto de Jimmy Page, debajo de la cual escribió “Robert Plant”. Pasaron algunos años y Burgos ya distingue al cantante del guitarrista de Led Zeppelin, pero sigue con la costumbre de pegar fotos en las paredes. La diferencia es que ahora el niño Burgos se da el lujo de instalar su cuarto en una sala del Centro Cultural Recoleta. Mediante esta caprichosa y fascinante intervención, Burgos reivindica la acción adolescente de recortar y pegar y propone una estructura geométrica en la que su reconocida capacidad como artista abstracto integra una nueva dimensión conceptual y narrativa.
Imágenes extraídas de El Gráfico, de viejas revistas Life de la década del 50, de la revista española Rock de Luxe, de Esculpiendo Milagros, de algunas pinturas al óleo del propio Burgos, más tres dibujos de Manuel Ruy Moreno (hijo de María Moreno), algunas pinturas de Juliana Fernández y una fotografía del operativo policial del 20 de diciembre del 2001 tomada por Magdalena Jitrik: todos esos materiales heteróclitos conviven con muchos otros –entre todos suman más de quinientas imágenes– en este paisaje hipnótico, suerte de mnemoteca privada que se vuelve pública. Más allá del juego de reconocer (o no) a Audrey Hepburn, Los Angeles de Charly, Julian Cope, la Ferrari de Nikki Lauda, Nastasja Kinsky, las pirámides, Lola Mora, Michael Jordan, Galileo Galilei, Johnny Rotten, Lauryn Hill; más allá de detectar la mano de Rubens, Fernand Léger, Leonardo Da Vinci, Dierick Bouts, Roaul de Keyser o Gauguin, cuyas reproducciones integran la muestra; más allá de paladear las imágenes de autos, explosiones, ovnis, esculturas, retratos, animales y demás que Burgos ha ensamblado cuidadosamente, este enorme collage es una nueva obra abstracta made in Fabián Burgos. Hasta ahora, el artista siempre se había mantenido en los rigurosos límites de la pintura no figurativa, y trabajando con ilusiones ópticas sutiles, minuciosas, que alteraban la “realidad” del espectador sumiéndola en un estado de ambigüedad perturbador. Esa perturbación sigue presente aquí, en MC5: Misceláneas, pero el trabajo de Burgos evidencia un quiebre sorprendente que lo aleja de su producción anterior.
“Yo me considero pintor de cuadros”, dice el artista. “Disfruto mucho de pintar y hasta incluso me jacto de serlo, porque creo que la plástica todavía puede ser vanguardista.” En ese sentido, MC5 es una muestra atípica y un nuevo capítulo en el trabajo de Burgos. “Como pintor abstracto y geométrico me perturbaba el tema de la narración en la pintura. Me incomoda saber qué puedo hacer yo por la pintura en una situación así. Es un desafío. Pero sigo insistiendo con terquedad en que lo narrativo puede estar dado también por un color o una textura.” Dicho y hecho: aquí las diferencias de textura de las fotografías, las huellas del paso del tiempo en cada foto y los medios tonos del color terminan dando forma a un singular juego de rompecabezas. Primero se eligieron las piezas; luego vino la composición. “Hacía tiempo que anotaba ideas que nunca tenía la necesidad ni oportunidad de llevar a cabo. Cuando me ofrecieron este espacio en Recoleta, vi que no tenía tiempo de pintar (a mí cada obra me lleva varios meses); entonces me cerró la idea de usar todas las imágenes que tenía guardadas para explorar lo narrativo.”
Si una imagen vale más que mil palabras, cada una de las quinientas que compaginó Burgos encierra un mundo, un mundo que aprovecha el oxígeno de información común y se interconecta con el mundo de cada espectador. Agrega Burgos: “Más allá de la elección de cada foto, estudié mucho la estructura de la composición. Estuve bastante tiempo eligiendo qué foto iba en cada lugar; así encontré la posibilidad de literalizar más la elección de la imagen. Pero no quise perder en ningún momento una cuestión más plástica, ese resplandor de lo invisible del que hablaba Olga Orozco. Para mí, en el caso de esta muestra, lo más sustancial no viene de lonarrativo, sino de eso medio inexplicable que resplandece en algún lugar y no se puede asir. El nivel de composición de MC5 tiene algo bastante musical, como de sonido que lleva a otro. La imagen que originó toda la muestra es la de King Kong en las Twin Towers. Me sirvió como un disparador para saber qué quería hacer y qué es lo que no quería ser. Fue como un rompecabezas. Que también me rompió la cabeza, porque para mí esto es como el inicio de algo. Sé que no voy a descuidar la pintura. Sé que quiero que cualquier cosa que haga con el arte tenga cierta elevación espiritual. Y eso lo logro con la pintura”.
A Burgos le interesa el vacío, que en esta muestra aparece de distintas maneras: “La idea de vacío aparece para los espectadores como carencia. Por ejemplo: aparece Paul McCartney pero no hay una sola imagen de Diego Maradona. Tenía una foto de Diego hermosa, pero me resistí a ponerla: hubo un vacío maradonístico, y alguna gente me lo reprochó. Alguien me dijo que la muestra era un friso de la conciencia colectiva argentina. No fue mi intención, pero si se ve así, bienvenido sea”. El vacío aparece también en el nombre de la muestra: MC5 es un grupo de Detroit, de fines de la década del 70, que supo fusionar el rock de garage psicodélico más salvaje y la música free de los ‘60 con consignas políticas bastante radicales. Con sólo tres discos, la banda anticipó muchas tendencias (el heavy metal, el punk, el grunge y el nuevo revival rockero actual) y hoy sigue siendo una de la más originales, influyentes y a la vez desconocidas de la historia del rock. “El título es un equívoco: creo que sos el primero que lo capta y me habla de MC5, que para mí es uno de los mejores grupos de la historia. Cuando lo nombraba, mis amigos me preguntaban si era un satélite o un grupo terrorista. Y la banda tenía algo de eso.”
Más radical fue el visitante que dejó anotada la frase: “Tanto espacio para unas fotos de mierda”. Burgos ni se mosqueó; al contrario: “Me encantó el comentario, porque también trabajé la cuestión del vacío en el espacio. Y esa persona lo vio: habiendo tantas imágenes, me parece muy interesante que alguien piense que la sala está vacía”.

MC5: Misceláneas de Fabián Burgos. En el C.C. Recoleta (Junín 1930) hasta el 9 de julio.

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